Ricardo Vargas

Dentro de la teoría económica, el modelo o la corriente de pensamiento neoclásico nos habla de un escenario en el que se llega a un estado de bienestar general mediante la búsqueda racional de los diferentes bienestares de cada uno de los individuos que interactúan dentro de dicha economía, y asume con fuerza que todos los agentes participantes actúan de una forma racional. Como lo he comentado antes en este espacio, nos hemos dado cuenta a todas luces que esta suposición de la racionalidad del ser humano es más que equivocada y que el comportamiento de la economía está sujeto a la irracionalidad de los individuos. A partir de aquí es en donde surgen las fallas del mercado, en donde más allá de que no se logren los beneficios individuales (y por consecuencia el beneficio general), se consiguen pérdidas en los niveles de utilidad de grupos de individuos o sectores de la economía.

Producto de una falla de mercado son las externalidades, que son entendidas como los efectos (o costos en términos monetarios) que no considera (absorbe) el agente que los provocó. Un ejemplo sencillo es el de aquella empresa que en su proceso productivo contaminó el medio ambiente, sin que se haga responsable por reparar el daño. Es decir, la empresa no considera dentro de sus funciones de costos el daño hecho al medio ambiente, y por tanto no se hace responsable del mismo. Esto es una externalidad, para este caso negativa.

De manera similar y quizá algo intuitiva, podemos observar un sinfín de externalidades (positivas y negativas) en el día a día de cualquier sociedad o economía. Mi comentario de esta semana lo quiero aterrizar, a manera de analogía, a la estrategia que el Gobierno Federal ha decidido implementar para enfrentar la epidemia del COVID-19 que sigue sin disminuir en nuestro país.

Luego de que finalizara la “Jornada de Sana Distancia”el último día de mayo, el Gobierno Federal anunció en un primer momento que no impondrían ellos más restricciones a las actividades que realizaran los ciudadanos, y que ahora la responsabilidad era de las autoridades estatales. Cuestión que fue criticada pues es una decisión que se tomó en el momento en el que se tenían los mayores números de contagios y de fallecidos en el país. Luego de esto, el discurso de nuestro presidente y de su gabinete se pintó de cierta forma utópico, y apuntó a decir que habíamos superado ya la epidemia y la habíamos controlado, cuando evidentemente es todo lo contrario. El mensaje ahora es que salgamos, que compremos, que consumamos, que trabajemos y que reactivemos la economía.

No estoy diciendo que el mensaje no sea el apropiado, pues creo firmemente que México no es un país que pueda darse el lujo de mantener a su población en cuarentena por más de 30 días por el simple hecho de que la mitad de ella es pobre (sin capacidad de ahorro) y no tiene acceso al Seguro Social, por lo que creo que es necesaria y urgente una reactivación económica pero con las debidas precauciones y cuidados. Aquí es donde creo que radica el problema fundamental. El Gobierno no ha entendido o aparenta no entender, que nunca vamos a “cuidarnos todos entre todos”. Y es justamente este sentido el que ha tomado su discurso a partir de esta semana, diciéndonos que no es realmente responsabilidad de las autoridades, pues la mejor forma de enfrentar esta epidemia es es “no enfermarse” y que así saldremos adelante.

Volvemos entonces a las fallas dentro del mercado y a la generación de externalidades negativas. Como cualquier empresa o agente económico que tiene un poder de mercado sustancial, es muy probable que en la búsqueda del bienestar propio, tome decisiones o actúe de forma tal que pueda generar daños o costos negativos al entorno. En el caso del cubrebocas, sabemos perfectamente bien que el hecho de usarlo no garantiza que no vayamos a contagiarnos a nosotros mismos, sino que sirve para que en caso de que estemos contagiados no propaguemos el virus. ¿Pero qué pasa si todos usamos cubrebocas? Bueno, entonces de manera colectiva se evitarían contagios y propagación del virus. Pero por alguna extraña razón a nivel federal las autoridades siguen diciendo que no sirve usarlo, y que no tiene ningún beneficio. Y entonces generamos ya una externalidad negativa, pues en la búsqueda de nuestro bienestar (regresar a trabajar, generar ingresos) no estamos haciéndonos responsables de nuestra misma propagación del virus.

¿Cómo se puede resolver esta externalidad de “propagación” del COVID causada por una reactivación económica? Con sanciones y restricciones impuestas por las autoridades. Es un error pensar que cada quien se va a preocupar por los demás individuos del entorno. Nunca ha sido así.

El Gobierno necesita imponer medidas para que colectivamente mantengamos las medidas preventivas, mientras buscamos mejorar nuestra situación económica individual.

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas