RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La derrota de MORENA en nueve de las 16 alcaldías de la CDMX en las pasadas elecciones de junio, alertó y preocupó al presidente López Obrador en lo referente al relevo dentro de tres años en la presidencia de la República y saliéndose del script de cómo había venido manejándose la política en México desde siempre, de empezar a placear a los posibles candidatos a la presidencia un año antes, López Obrador dio el inicio dijéramos formal, de la sucesión presidencial y para sorpresa de todos en una mañanera manifestó a quiénes él ve como los posibles candidatos de su partido. Y habló de varios con posibilidades, aunque, a reserva de desacertar, creo que él ya se decidió por Claudia Sheinbaum como su candidata.

Hay una lógica de los ex presidentes que normalmente ponen al hijo político y en este caso la hija política es Claudia Sheinbaum y se ve muy difícil que cambie su determinación, pues sabemos que una vez que él opta por una decisión ahí se mantiene, sin embargo, en una mañanera le dijo a Marcelo Ebrard que se “destapara”. Y ya sabemos que en política no hay casualidades. Le dijo a Marcelo que ratificara públicamente su interés de competir por la presidencia de la República. Posteriormente a una comida que le organizaron en Toluca una serie de actores políticos importantes, hubo una presencia importante de dirigentes del Partido Verde. Personalmente creo que definitivamente Marcelo Ebrard va a estar en la boleta electoral por la presidencia, aunque existe la duda de qué partido lo postulará. Y es que por cuestiones de la edad Marcelo sabe que no podrá esperarse otro sexenio si al final de cuentas el presidente se decanta por Claudia Sheinbaum; ahí es en donde puede ser que Ebrard se salga de MORENA para formar alguna coalición con otros partidos y de esa forma sea el candidato por esa coalición.

Y como se lo menciono líneas arriba a dos años del “destape” se percibe que López Obrador ya se decidió por Claudia Sheinbaum, pues es su hija política. El que sigue insistiendo por aparecer en el escenario presidencial es el zacatecano Ricardo Monreal, pero el presidente no lo ha tomado en cuenta, al contrario, cuando nombran a Martí Batres secretario general de Gobierno de la CDMX no solamente es el tema que tiene que ver con el amarre corporativo de la Ciudad de México sino también para ponerle un “estate quieto” a Monreal, porque hay que recordar el pleito que tuvo Martí con Monreal cuando Martí quiso dirigir la Cámara de Senadores. Lo que está haciendo el presidente es que todos los que se sientan agraviados por él se van a poner en la fila para apoyar a Ricardo Monreal.

López Obrador sabe bien lo que está haciendo. Conoce bien el sistema político mexicano y si se habla de una Cuarta Transformación en realidad lo que está haciendo es regresar al viejo sistema político mexicano en su estilo del “dedazo”. Lo que no va a cumplir en el sistema político mexicano cuando se designe el candidato es que él no va a desaparecer del escenario, por el contrario, va a estar muy presente. No creamos que va a ser como cuando López Obrador ganó las elecciones presidenciales en el 2018 que el presidente Peña Nieto desapareció de todos los reflectores, cediéndole todo el espacio a AMLO aún sin tomar posesión. No, López Obrador va a estar al final y todavía en el siguiente sexenio. Al presidente le encantan estos juegos electorales; tienen espíritu electorero y el país se puede estar cayendo a pedazos, pero él sigue estos juegos.

Lo que sería interesante saber es por qué adelantó tanto el proceso por la sucesión. Si vemos la historia del país la sucesión empieza en el quinto año del presidente en funciones. ¿Qué es lo que pasa cuando comienza el procedimiento sucesorio ya con los nombres encartados por el propio presidente? Pues que parte de los reflectores se le quitan al presidente y empiezan a iluminar a los posibles candidatos. Y en el caso de López Obrador, que es un hombre que le apasiona el poder y que quiere ejercerlo y quiere ser el centro del juego político, creo que esto que acaba de hacer es antinatural en su estilo de hacer política. La verdad es que no necesitaba el presidente abrir el juego con tanta anticipación a no ser que tuviera que darle una señal a alguien de que él no va a reelegirse, no va a cambiar la constitución para cambiar las reglas y que el juego sucesorio ya está abierto, inaugurado por él, y él es el gran destapador y ahí están ya las corcholatas.

Se ve que el presidente está contento con su campaña y los jugadores de su tablero político, que al final es lo que le gusta, es lo que sabe, es lo que ha hecho en muchos años en donde ha estado en campaña eterna y sigue hoy gobernando el país con una campaña en la cual ya está buscando quién lo va a suceder. Interesante para el país y al mismo tiempo nos deja cierta tranquilidad en muchos temas, pero por otro lado nos deja algunas dudas en donde él está buscando el que, sea quién sea el próximo presidente, seguir participando y seguir jugando.