Luego de las elecciones del 2 de junio y ya con los resultados de la jornada electoral de todo el país en los que se señalaban una derrota contundente de la coalición “Fuerza y Corazón por México”, integrada por el PRI, PAN y PRD, a manos de Morena, se pensaba que los presidentes del PAN, Marko Cortés, y del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, en un acto de honradez y vergüenza política, renunciarían a sus cargos luego de la contundente derrota. Del PRD ni hablar, pues luego de la raquítica cantidad de votos obtenidos perdieron el registro y, en consecuencia, Jesús Zambrano, quien era el presidente del partido, ya no tuvo ni a qué renunciar pues el otrora poderoso partido político que tenía sentados sus reales en sus inicios en el Distrito Federal –ahora Ciudad de México–, donde eran una fuerza política muy poderosa habiendo llevado a la jefatura de gobierno a Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, etc. Pero a partir de la salida de López Obrador de dicho partido y del llamado Movimiento Progresista, conformado por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, el 9 de septiembre de 2012, López Obrador creó su movimiento político Morena y con ello diezmó terriblemente al PRD y posteriormente al PRI, pues muchos de los liderazgos de ambas organizaciones emigraron a la naciente organización obradorista, donde López Obrador se convirtió en un flautista de Hamelín pues los diferentes actores políticos de esos partidos siguieron como por embrujo al que sería el nuevo mesías tropical. Y no se equivocaron, pues luego de 6 años, en 2018, obtuvieron la presidencia de la república y ahora en 2024 refrendaron su hegemonía obteniendo un triunfo avasallador en la elección presidencial contra un PRI y un PAN totalmente endebles, que fueron humillados por la enorme diferencia de votos entre sus candidatos.

Por ello se esperaba que tanto Alejandro Moreno como Marko Cortés renunciaran a sus cargos y se fueran a ocupar los escaños en la cámara de senadores ya que ambos líderes partidistas ya habían previsto el hundimiento de sus partidos políticos y se habían asegurado su participación en el senado otorgándose candidaturas de tipo plurinominal y, para ello, se apuntaron en los primeros lugares de las listas de sus respectivos partidos políticos.

Pasaron algunas semanas y ninguno de los dos renunció a sus cargos partidistas. Al contrario, Alito Moreno, sin mostrar una pizca de vergüenza, se movió al interior del PRI para convocar a la vigésima cuarta asamblea el pasado domingo 6 de julio, comandada por Alejandro Moreno. Convenció a todos los que están de su parte, que son la mayoría del consejo, para que modifiquen los estatutos del artículo 178 y permitan la reelección por dos periodos consecutivos más a Alejandro Moreno Cárdenas como presidente nacional de este partido político.

El PRI avala pues todas las circunstancias para que se permita la reelección de Alito, lo cual fue aprobado en la asamblea que se llevó a cabo no sin sobresaltos el domingo pasado en el Pepsi Center en la colonia Nápoles. En esa asamblea, Alito amenazó con expulsar a Dulce María Sauri Riancho, que fue presidenta del PRI; a Francisco Labastida Ochoa, excandidato presidencial; al exgobernador de Quintana Roo Pedro Joaquín Codwell, que también fue presidente del PRI, y también expulsará a Manlio Fabio Beltrones.

Alejandro Moreno Cárdenas será posiblemente, ya con la aprobación de la asamblea el domingo pasado, presidente del PRI hasta 2032 si, como se menciona líneas arriba, se confirma todo lo que el domingo quedó fundamentado en la asamblea. Por lo tanto, hay que estar pendientes de lo que va a suceder con la probable expulsión de los priístas mencionados, quienes se van a alzar en un documento de protesta que están elaborando para presentarlo como una irregularidad crucial, ejecutada por Alejandro Moreno, y la presentarán ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para echar para atrás la validez de la asamblea número 24 llevada a cabo el domingo pasado, en donde se modificaron los estatutos que permitirán a Alejandro Moreno Cárdenas y a la Secretaria General de este partido reelegirse hasta por dos periodos continuos, hasta 2032, y poder manejar algo así como 12 mil millones de pesos de prerrogativas que le corresponderán a este partido político en todo ese largo periodo, sin contar los ochocientos millones que recibirá el PRI en los procesos electorales venideros: las intermedias de 2027, la presidencial federal de 2030 y lo que venga después.

Sin duda estamos viendo la debacle del PRI, el otrora partido hegemónico, el non plus ultra que está en sus últimos estertores. Tuvo que ser alguien de sus mismas filas el que lo aniquilara: Andrés Manuel López Obrador. Algunos dirán que el PRI no se acabó, sino que sólo cambió de nombre. Y tendrán algo de razón, pues la casi totalidad de los cuadros más importantes de Morena son ex priístas. Ex priístas que, junto con López Obrador, están aplicando las mismas mañas en Morena. Es la misma gata nomás que revolcada, con estrategias más sofisticadas para robar, para ejercer el nepotismo en un altísimo grado y para colocar a los más allegados en cargos de control político nacional, como las gubernaturas, con militantes tremendamente corruptos. Ahí tiene usted, por ejemplo, a Rocío Nahle en Veracruz, ya como gobernadora electa. O qué decir de los hijos del presidente y los amigos de ellos, que están terminando el sexenio ¡súper billonarios! En fin.

Del PAN sólo podemos decir que van por las mismas de los priístas, con un Marko Cortés que se aferra a dejar el poder y que para ello está maniobrando para dejar a su delfín: el diputado federal Jorge Romero. ¿Lo logrará?