Itzel Vargas Rodríguez

Recientemente platicaba con un amigo catalán sobre el interés de Cataluña por independizarse y entre temas políticos que iban surgiendo, de repente él me preguntó sobre Ayotzinapa. No es el primer extranjero que me pregunta del tema y es curioso cómo todos reaccionan con mucha sorpresa e indignación ante la aparente vinculación entre algunos sectores del gobierno y el narcotráfico, pero en esta última charla él dijo algo bastante importante “siguen pasando este tipo de cosas porque vosotros lo estáis permitiendo”… me dio un poco de pena ese comentario porque lo sentí como un “golpe con guante blanco”, pero cuánta razón tiene.

Hay una frase que dice que “la vida es de colores, no a blanco y negro”, haciendo referencia a que no sólo hay una cara buena o mala de las cosas, sino que en realidad hay muchas, depende del contexto, las personas y las mismas circunstancias.

Me ha llamado mucho la atención la evolución del tema de Ayotzinapa en nuestro país, por la delicadeza del asunto, no se puede pasar por alto y es muy interesante, cuestionadora y reflexiva la forma en la que la gente en nuestro país está reaccionando al respecto.

Por un lado, el profundo sentimiento de impotencia y enojo que indiscutiblemente y con justificación invadió las mentes y corazones de una gran mayoría de la población, entre los que se encontraban muchos jóvenes estudiantes universitarios.

Por otro lado, el enorme acto de solidaridad que se ha manifestado en las calles entre muchísima gente a nivel nacional e internacional de forma continua, organizada y mayoritariamente pacífica y que aboga principalmente por la defensa de los derechos humanos, porque evidentemente un acto como tal nos hace sentir a todos vulnerables cuando la seguridad debiera ser un derecho irrompible.

En otro aspecto, también hay que hacer mención de cómo la prensa extranjera ha cambiado paulatina, pero consistentemente la percepción de nuestro país, y ésta se extraña mucho por las irregularidades e inconsistencias que el tema arroja.

También, no hay que dejar a un lado las posturas políticas al respecto, de quienes practican ya todo tipo de intolerancia hacia el quehacer político que sería bien justificado si éste fuera acompañado de una parte propositiva, no sólo de la crítica. Y también, como contraparte, aquellos que en sus posturas hacia el tema de Ayotzinapa respaldan toda acción del gobierno dejando la parte de la autocrítica completamente suprimida e invadiéndose de un engaño sobre la realidad. Cuando se trata de bienestar social entre lo que se encuentra el respeto a los derechos humanos, lo más ético es ser objetivo y estar del lado de quien ha sido víctima, porque finalmente todos somos ciudadanía y todos como mexicanos, compartimos el mismo espacio geográfico de convivencia y cuanto ésta se ve amenazada, todos somos vulnerables.

Y en redes sociales, lugares donde también ocurren cosas peculiares como que la crítica se vuelva muy aguda pero también propositiva, impera también el ego y muchas superficialidades personales, y es fácil encontrarse a quien convoque a olvidarse del tema de Ayotzinapa y simplemente “ser felices”, o incluso dar entender que es mucho escándalo social luchar por sólo 43 vidas… pareciera surrealista pero estos comentarios sólo muestran el vacío de corresponsabilidad social que hay.

Justo esta variedad de posturas nos deben llevar a reflexionar qué es lo que estamos haciendo como mexicanos para colaborar en nuestro entorno. No sólo basta con marchar, hay que marchar con propuesta, no sólo basta con exigir, también hay que dejar a un lado esas pequeñas acciones de corrupción, de gandallismo o de irresponsabilidad que todos y cada uno realizamos en nuestras acciones diarias en automático, desde quien le da mordida al policía, quien no respeta las luces del semáforo y por ende la vida de los peatones, quien no regresa objetos ajenos, o de quien sigue pensando cómodamente que todas las culpas sociales se deben al gobierno.

Sí, definitivamente México necesita un cambio radical, pero en este proceso, nosotros los mexicanos tenemos mucha tarea por realizar y aunque esto suene lógico, es crucial para este momento de coyuntura histórico-social. Ojalá que no cesen nunca nuestras ganas de cambio y nuestra visión de un mejor México, y que este compromiso social sea nuestra misión comunitaria.

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