Luis Muñoz Fernández

Al observar la grave escasez de agua en el estado de Nuevo León, a uno le viene a la mente aquel refrán que reza “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Lo que está pasando allí es una advertencia para todo el país, especialmentepara aquellos estados de la República en los que el agua escasea desde hace ya varias décadas. Aguascalientes es uno de ellos.

Me recuerda también el prólogo del libro Y vimos cambiar las estaciones. Cómo afrontar el cambio climático en seis escenas (2017), escrito por el filósofo de la ciencia Philip Kitcher, catedrático de la Universidad de Columbia, y la física y profesora de Historia y Filosofía de la Ciencia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts Evelyn Fox Keller:

“Las sequías se suceden, cada vez con más frecuencia, por todo el mundo. La desesperación ha llevado a desviar los antiguos cauces. Pero, cuando los vecinos luchan por proteger su acceso al agua, estallan violentos conflictos. Nuevas privaciones que intensifican viejas hostilidades. Y el cambio de las temperaturas ha generado también alteraciones en la conducta de los animales. Los patógenos están mutando. Algunos de ellos consiguen abrirse paso hasta las poblaciones humanas. Rebrotan viejas enfermedades. Surgen otras nuevas”.

Un poco más adelante y dentro de un hipotético discurso durante el Día del Clima del año 2159, los autores describen lo siguiente:

“Después de que se incumplieron los objetivos, del todo insuficientes, que habían acordado de manera temporal las naciones del mundo, las Guerras del Agua de las décadas de 2060 y 2070 estallaron casi simultáneamente en distintas regiones. Surgieron en una zona antes conocida como Oriente Próximo, en lo que se llamaba México y, para sorpresa de todos, en ese continente antes pacífico que seguimos llamando Australia. Conforme se secaban los ríos y lagos, los grupos vecinos competían por las pocas fuentes de agua que quedaban y acababan enfrentándose por ellas. Las facciones en contienda estaban unidas por vínculos de alianza o amistad a pueblos de muchos otros países. El conflicto no tardó en extenderse al resto del planeta y, en 2072, la guerra ya se había propagado a todos los continentes”.

El título del libro hace alusión a Sueño de una noche de verano de William Shakespeare:

“Y vimos cambiar las estaciones…

La primavera, el verano, el fértil otoño, el airado invierno

cambian sus libreas habituales, y el mundo, atónito ante su

multiplicación, no sabe ya cuál es cuál. Y esta misma serie

males nace de nuestras disputas, de nuestra disensión.

Nosotros somos sus padres y causantes”.

Lo que ahora mismo está sucediendo en el norte del país es un leve anticipo de lo que muy probablemente nos espera a todos: a los que hoy estamos vivos y a quienes les heredaremos la Tierra.

Comentarios a: cartujo81@gmail.com

 

 

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