En la marcha obrera que tiene lugar el uno de mayo se presentan grandes y pequeñas pancartas, en su mayoría para expresar su repudio a las condiciones económicas y en demanda de mejores salarios y servicio médico, lo que no pasa de ser una burla de los líderes sindicales, puesto que saben que mientras ellos estén en los cargos todos seguirá igual.

Más que ser un día para recordar a quienes dieron su vida por defender los derechos de los trabajadores, se convierte en un festín de frases, a cual más de ocurrentes y entre más punzantes mejor, por lo que la masa pensante de cada organización se encarga de idear aquellas que sean agudas y al mismo tiempo que no ofendan “demasiado” al supremo gobierno.

Además, la asistencia al desfile no es a criterio personal, sino una participación forzosa al haber pase de lista y una vigilancia estrecha para que cumplan todo el recorrido, en función que el propósito es demostrar “músculo” a nivel sindical y empresarial, por lo cual la mayoría lo hace con el uniforme de trabajo par dejar constancia de lo que representan.

En múltiples ocasiones se ha señalado que no existe conciencia de clase entre los asalariados, por lo que difícilmente puede haber un cambio en su vida laboral y económica, lo que en gran medida se debe a que los cabecillas de cada agrupación no les conviene que conozcan sus derechos, por ello ningún sindicato organiza seminarios de capacitación sindical o cursos sobre la Ley Federal del Trabajo y menos podría haber un conocimiento y análisis del contrato colectivo, que por regla general es un tema vedado.

Eso sí, antes, durante y después de la parada cívica los secretarios generales declaran que están “hartos” de que sus compañeros no reciban el ingreso que merecen y que el Seguro Social y el ISSSTE no ofrezca la atención que corresponde a sus necesidades. Con su léxico de lujo amenazan que esto cambia o habrá toma de calles y oficinas, lo que lógicamente no pasa de ser una más de sus fanfarronadas.

Si de verdad tuvieran interés en hacer una defensa efectiva reclamarían una contrarreforma fiscal y no seguir imitando al avestruz. Se debe tener presente que a partir del año pasado las empresas enfrentan el tope de 53% que impuso la miscelánea hacendaria a la deducibilidad fiscal de las prestaciones que reciben los trabajadores, por consiguiente los patrones pagaron hasta el 52% más en impuestos, lo que amenaza que algunos traten de eliminar estos beneficios.

Con la citada reforma se redujo de un 100 a sólo un 53% la viabilidad de realizar deducciones de impuestos por parte de las empresas sobre los beneficios que recibe el trabajador, lo que al ser apoyos convenidos podrían reducirse o desaparecer algunos de ellos. Entre las prestaciones que entregan las compañías están los bonos de despensa, ayuda para transporte, seguro de gastos médicos mayores y apoyos educativos, lo que como se menciona se deducían al 100% y ahora es en 53, que lógicamente reduce utilidades a la empresa.

Los especialistas coinciden que al dejar de ser deducible el 47% de las prestaciones, afecta directamente la carga impositiva de las empresas, que a su vez podrían reducir algunas y ya no pactar otras, lo que de ocurrir impactaría en el ingreso de la fuerza del trabajo.

Por otra parte, seis senadoras del Partido Revolucionario Institucional (PRI) impulsan una reforma en materia de antecedentes penales, con el propósito de evitar que se solicite a cualquier persona la carta de antecedentes no penales como requisito para obtener un empleo, con lo cual se podrá lograr la reinserción social de alguien que cometió un delito y ya cumplió la pena impuesta por la autoridad jurisdiccional.

En la iniciativa señalan que uno de los mayores obstáculos que enfrentan las personas que han cometido algún acto tipificado por la ley penal como delito es la exigencia de muchos empleadores de contar con una “carta de no antecedentes penales”, que para ellas “es discriminatorio y viola los objetivos de la reforma penal aprobada en 2008”. Lo único que podría aceptarse es cuando se trate de delitos graves y en los casos establecidos por la ley, que sería el caso de reincidencia.

De lo descrito, con la reducción a la deducibilidad y el planteamiento de las senadoras, son algunos de los tantos asuntos a los que deberían de dirigir sus esfuerzos los líderes y no lo hacen porque perjudica sus comodidades y ventajas, consecuentemente todo lo que presenten el viernes próximo no pasará de ser una broma de pésimo gusto.

Por cierto que hablar de lágrimas de cocodrilo es parte de una creencia muy antigua de que lloran cuando devoran a su presa, cuando la verdad s que tienen glándulas lagrimales y producen lágrimas para lubricar sus ojos, como lo hacen los humanos. El arzobispo de York y Canterbury, Edmund Grindal, en 1563, fue el primero que utilizó ese aspecto como analogía de alguien que falta a la sinceridad.

SIMETRÍA OBLIGADA

A 63 años que la mujer mexicana conquistó el derecho a votar se mantiene como una acción incompleta, porque no basta que sufrague o aspire a un cargo de elección popular, sino que se cumpla a plenitud lo que dispone la ley electoral y los propios estatutos de los partidos, de que las candidaturas sean por igual entre hombres y mujeres.

El mejor ejemplo se vive aquí, en donde los institutos políticos con mayores posibilidades de ganar el próximo 7 de junio tienen en campaña el 66.66% de las candidaturas para varones y el 33.33% a las damas, lo que podría decirse que no había otra opción puesto que son tres distritos, por lo tanto alguno de los sexos tendría supremacía, pero lo que nadie puede rebatir es que en el 01 y 03 no han tenido a una mujer en la diputación federal y menos en las dos senadurías, aún cuando en una de ellas hubo una en la pasada legislatura porque era suplente y al solicitar licencia el propietario pasó a ocupar la titularidad.

Hay varios diques que impiden un avance efectivo, el principal radica en la frustración que viven las mujeres que se han preparado para ocupar un puesto de elección, ya que para llegar a la meta tienen que pasar por varios despachos y desprecios y si resisten todavía falta que de las oficinas centrales lo autoricen, o que si lo logra las envíen a un lugar donde sus posibilidades de triunfos son mínimas, pero esto les da la oportunidad a los partidos de señalar que cumplieron la tan llevada y traída paridad.

A nivel nacional han tenido pocas opciones, como lo demuestra el hecho de que sólo seis mujeres han sido gobernadoras (Griselda Álvarez, en Colima; Beatriz Paredes, en Tlaxcala; Dulce María Sauri, en Yucatán; Ivonne Ortega, en Yucatán, Rosario Robles, en el DF – en sustitución de Cuauhtemoc Cárdenas- y Amalia García, en Zacatecas). En el proceso 2015 hay 11 candidatas, lo que haría pensar que se dan pasos acelerados, sin embargo varios analistas coinciden que dos o tres son las únicas que tienen posibilidades, por lo que seguirá presente la indecencia política.

Hay partidos que se ufanan dar a la mujer una gran presencia, lo que de ninguna manera se traduce en triunfos ni en puestos públicos, más bien las utilizan para cubrir los requisitos que les exigen seguir recibiendo los beneficios económicos que tan generosamente entregan los organismos electorales.

Lo sarcástico de todo esto es que la mujer significa el 52% del padrón electoral, por lo que en esa misma proporción debería estar representada en los comicios, pero no es así porque todo comienza en los partidos políticos, donde al menos aquí, el liderazgo es de predominio masculino.