Moshé Leher

Supongo que sólo un pueblo como el nuestro, de cursis de atar (aunque entre nosotros los haya sanguinarios, pero siempre cursis), pudo engendrar la tontería esa de ‘Las mañanitas’, que es la representación máxima de la descortesía con la que decimos festejar a los que cumplen años.
Basta reparar en la letra (la melodía es abominable), para ver que allí no se sostiene nada en pie: ¿Qué cantaba el Rey David? Veamos: ¿El rey David de la Biblia? ¿Qué diablos andaba cantando ridiculeces el que fue el segundo rey de los judíos, famoso por la célebre pedrada al gigante Goliat? ¿No andaba este monarca en cosas turbias por aquello de la guapérrima Betsabé y la traición a Urías? Luego está lo de que el día que nació uno nacieron todas las flores (yo soy viejo, pero no tanto) y lo de los ruiseñores. Los ruiseñores que ni siquiera existen en México (tal vez en algún apiario), pues son aves que tienen como habitat la Europa meridional y una parte del Asia Menor.
A mí, hasta que dejé bastante claro que me resultaba una majadería, todos los días de mi cumpleaños me llamaba una tía y me cantaba la dichosa canción; de eso deduje que mi parienta me aborrecía.
No sé en otros países de Iberoamérica, pero me consta que en España se canta, a los presuntamente agasajados, una traducción -bastante malita- del ‘Happy birthday’, que tampoco es una maravilla, pero no llega a ser incluso una moderna forma de la tortura psicológica: ya los pajarillos cantan, la luna ya se metió…
Aquí es donde digo que, salvo para asuntos de efemérides, lo mismo da haber nacido en mayo 2, que en octubre, o noviembre; a menos que consideremos asuntos climáticos y entendamos por qué los que nacimos en meses fríos solemos ser friolentos para toda la vida; o a menos, también, que creamos en las tonterías esas del Zodiaco, donde salgo mal parado: según esa cosa nací bajo el signo de Escorpión, y los nacidos en ese signo somos: iracundos, volubles, taimados, neurasténicos, traicioneros, vengativos…
Miren, yo el par de tipos más malos y desagradables que conozco, lo que no es poca cosa, son creo que Leo, uno y Sagitario, o Capricornio (me enredo con estos asuntos), el otro.
Para más inri, con perdón, resulta que para mí hoy no es 11 de noviembre del 2022, fecha en que según el calendario Gregoriano cumplo los años que cumplo (que es un asunto más bien privado), sino el día 17 del mes de Jeshvan y ¡del año 5783!
Pero dando por hecho que estamos en un 11 de noviembre, que es el mes 11, del 2022 de lo que los judíos llamamos ‘la Era Común’, hago constar que a los que me dicen que por ser nativo del día 11 del mes 11 me hace un tipo afortunado, les puedo rebatir que no es así y que si quieren les cambio su fortuna por la mía (aunque mejor no: siempre hay gente más gafe que uno).
Dicho lo anterior (un poco iracundo si ando hoy: será que soy escorpión), debo decir que si lo de los mañanitas ya era soez, la payasada esa del ‘retorno solar’, es ya una ofensa supina, pues uno nace el 7 de agosto o el 14 de marzo, de la misma manera azarosa que se puede nacer en Bélgica o en Namibia, en cuna de oro o en casa de jornaleros, etcétera.
Por lo demás si alguno quiere tener un gesto conmigo, comenzando por nada de ‘Mañanitas’ y menos de la bobada esa del ‘retorno solar’, puede eso sí portarse generoso con un buen vino de Rioja, un relojazo de esos que traen los líderes sindicales mexicanos, o de perdida unas buenas gafas de sol, o alguna cosa de buen gusto.
Bromistas, por favor abstenerse.
¡Mazel Tov!

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