RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

El pasado 12 de julio, el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó una visita oficial a Estados Unidos de América con el presidente Biden. Y de la primera lectura de esto podríamos decir que qué bueno que hubo una reunión entre los presidentes porque eso siempre será positivo para la relación de los dos países. La reunión, por lo que se vio en la televisión y lo que se informó, fue amable, y eso siempre será positivo. Sin embargo, creo que la mejor manera de describir la visita de López Obrador a Washington es que fue irrelevante porque la reunión no tuvo más allá de un saludo, de compartir una hora con medios de comunicación que escucharon un discurso muy largo – y aburrido– de López Obrador y un mensaje protocolario de Joe Biden. Pero si buscamos cual fue la sustancia de la reunión nos daremos cuenta de que no hubo sustancia. El presidente de México propuso cinco temas que básicamente eran buenos deseos, ofertas, algunos totalmente sin ton ni son para el gobierno de Estados Unidos. De parte del gobierno de Estados Unidos no hubo ninguna firma, ninguna suscripción, ninguna meta, ningún proyecto concreto. Se trató de dos discursos diferentes. Fuera de lo anterior, no hubo nada más. Hubo una reunión al día siguiente de López Obrador con empresarios en el Instituto Cultural de México en Washington y la nota fue que hubo oferta de 40 mil millones de inversión de empresarios, pero la verdad es que ya sabemos que esas ofertas de que van a invertir son simplemente números en el aire que si no están traducidos en proyectos concretos y aprobados es simplemente humo. En los últimos tres o cuatro años el Consejo Coordinador Empresarial y los empresarios mexicanos se han sentado con López Obrador para ofrecerle invertir decenas de miles de millones de pesos y cuando vemos el seguimiento de esos proyectos observamos que muy pocos han aterrizado y muy pocos se concretan. En parte porque este gobierno ha sido bloqueador de proyectos de inversiones en sectores como el de energía. Por lo tanto, esa reunión de AMLO con los empresarios seguramente fue una reunión de buenos deseos que en la realidad no significa nada.

Llamó mucho la atención que el presidente López Obrador tuvo en su visita un desayuno con la vicepresidenta Kamala Harris, que fue protocolario porque no tuvo ningún resultado concreto, aunque días después de esta visita, con motivo de la captura de Caro Quintero, se ha mencionado en algunas columnas políticas que en ese desayuno la vicepresidenta le soltó la exigencia del gobierno estadounidense a López Obrador de que debía cooperar para atrapar al narcotraficante Caro Quintero y extraditarlo a los Estados Unidos, informándole que la DEA ya lo tenía localizado y que ellos participarían en la captura. ¿Verdad o mentira? Se dice que piensa mal y acertarás.

Después de la reunión con el presidente Biden, López Obrador no tuvo ya nada en su agenda. Terminó a la una de la tarde esta reunión con Biden y toda la tarde el presidente mexicano en Washington no tuvo ningún acto, ninguna reunión, ningún asunto de trabajo y esto llama mucho la atención porque refleja un poco que el presidente se quedó toda una tarde sin agenda. Hasta el otro día tuvo una reunión con empresarios. Normalmente una visita de este tipo indica que un jefe de estado aprovecha para tener reuniones con el Congreso, con organismos de la sociedad civil, con medios de comunicación, etc. En esta visita no hubo absolutamente nada.

En otras ocasiones los jefes de estado tienen una reunión privada con el presidente de Estados Unidos y posteriormente salen a tener una reunión en el Jardín de las Rosas, con los medios de comunicación, lo cual no ocurrió en esta visita. Esto es un ejemplo de que fue una visita de cortesía minimalista, sin sustancia, sin resultados concretos.

Lo anterior nos indica que, si México tuviera una política exterior más estratégica y menos personalista, esta reunión hubiera sido de grandes alcances, pues se pudieron haber firmado propuestas para la política de Nearshoring, que México debiese estar aprovechando en este momento de conflictos internacionales. El tema migratorio que solo tuvo buenos deseos, se pudo haber aterrizado en cosas más concretas. El tema de la seguridad hemisférica, etc. En fin, pudo haber habido cosas más concretas, pero creo que fue simplemente una visita de protocolo, minimalista, que no tendrá ninguna relevancia ni beneficio en la relación bilateral.

López Obrador regresó con las manos vacías y desperdició una buena oportunidad. Y una de dos, o estuvo mal asesorado por la Secretaría de Relaciones Exteriores o no se deja asesorar. Ya sabemos cómo se maneja el presidente de la República. Sin duda, fue un exceso que haya tomado 30 minutos el micrófono y no lo soltó. Confundió el Salón Oval de la Casa Blanca con la mañanera de Palacio Nacional, porque se la pasó hable y hable y hable, y el anfitrión hacía muecas, fingía sonrisas, contenía bostezos etc. Pero Biden tenía el cerebro y la mente puesta más bien en el viaje que iniciaría unas horas después rumbo a Medio Oriente, en donde se celebraría un enclave relevante de enorme importancia para Estados Unidos en el contexto de la situación mundial.

Esta visita además nos permitió ver las formas que al final de cuentas nos reflejan el fondo: El presidente López Obrador se hospedó en un hotel que se llama Lombardy, que está en Pennsylvania Avenue; un hotel pequeño, bonito, que está junto a la embajada de México en Washington. Pero lo interesante e indicativo es que comúnmente los jefes de estado cuando visitan Washington el gobierno de los Estados Unidos los hospeda en la Casa Blair que es la residencia oficial para los invitados del presidente de los Estados Unidos y ésta está enfrente de la Casa Blanca. No sabemos a qué se debió que López Obrador se hospedó en el Hotel Lombardy en lugar de la Casa Blair, que es un gesto diplomático que siempre se da a los visitantes internacionales. Puede ser que es parte del desdén que Washington quiso demostrarle a López Obrador como respuesta al desdén que López Obrador le infligió a Biden al no asistir a la Cumbre de las Américas.

Hoy las conjeturas en México versan sobre si la visita fue para leerle la cartilla a López Obrador sobre el tema del narcotráfico y su exigencia de capturar al narco que en el año de 1985 ordenó el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar. Caro Quintero fue atrapado el pasado viernes 15 de julio casi una semana después de la visita de López Obrador a Washington.