Luis Muñoz Fernández

En mayor o en menor medida, todos ansiamos volver al estilo de vida que teníamos antes de la actual pandemia. Se entiende, porque vivir encerrados, guardando las distancias más allá del decoro, embozados y lavándonos las manos cada dos por tres, no es vivir. Sin embargo, tal vez sería mejor no volver a la “vieja normalidad”.

Paul Kingsnorth, escritor inglés y antiguo activista del movimiento ecologista, señala que la forma en la que vivíamos antes de la pandemia nos estaba conduciendo (y lo sigue haciendo) a la extinción, destruyendo además muchas otras formas de vida. En su libro “Confesiones de un ecologista en rehabilitación”, lo expone así:

“Desde mi nacimiento (1972), el ‘Homo sapiens sapiens’ se las ha arreglado para acabar con entre un cuarto y un tercio de toda la vida salvaje -es decir, no humana- del mundo. La crudeza de esta cifra incluye el25% de las especies terrestres, el 28% de las especies marinas y el 29% de las de agua dulce. Hemos arrasado con el 35% de los manglares del planeta y el 20% del coral, con más de un cuarto de todas las especies que quedaban en el Ártico y 600 mil kilómetros cuadrados de selva amazónica. Los niveles de extinción se encuentran en la actualidad entre cien y mil veces por encima de lo que sería esperable si los humanos no existiéramos. Y aún no he entrado a considerar el cambio climático. Todo ello en menos de cuarenta años”.

Kingsnorth ya no cree que el movimiento ecologista pueda revertir la situación. Buena parte de sus activistas han sido absorbidos por el sistema capitalista que los usa como ídolos, estrellas de una moda cuyo lema es la “sostenibilidad”, es decir, usar las nuevas tecnologías para prolongar la duración de los recursos planetarios sin renunciar al consumismo. Una salida falsa. Tampoco cree en la firma de acuerdos que los países nunca acaban cumpliendo.

Propone la resignación y el convencimiento personal de que la naturaleza no recuperará su esplendor perdido. Nos invita a aceptar que el mundo que algunos conocimos ya no volverá. Dice que el futuro será como andar a tientas en una habitación oscura y que, con un poco de suerte, encontraremos algo a lo que agarrarnos. Ojalá que así sea. Por el bien de nuestros hijos.

 

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