vendimiaItzel Vargas Rodríguez

En Alcalá de Henares anualmente celebran el que ha sido nombrado como el “Mercado Medieval más grande del mundo”, el Mercado Don Quijote. Esta es una festividad en la que durante cinco días el poblado se llena de banderas triangulares colgantes en todas las calles, los puestos de venta están a cargo de los mismos pobladores quienes se visten muy a tono de la época medieval y destaca que tanto la comida, como la bebida y los souvenirs, son realizados artesanalmente: chorizo de casa, queso añejado en las granjas, cerveza y dulces artesanales y, por si el ambiente medieval de las calles fuera poco, se muestran representaciones teatrales de cómo entonces los guardias se llevaban a encarcelar a un borracho, o cómo los músicos alegremente ambientaban por donde pasaban, incluso, se hace testigo a los visitantes de las famosas “justas medievales”, aquellas luchas que seguramente es común ver en las películas en donde los caballeros vistiendo armaduras e impresionantes caballos, se debaten entre la gloria o la muerte. Una bella experiencia multi-sensorial e histórica traída a la época actual en donde resalta la cooperación de todos los pobladores.

En medio de toda la turbulencia social y la mala racha que en México se vive actualmente, aconteció el “Buen Fin”, un evento que ha significado para unos una oportunidad, para otros una bocanada de aire fresco o alivio, para otros el inicio de un terrible infierno de años de endeudamiento, para unos cuantos más un pretexto del consumismo y para otros, un evento para movilizar la economía.

Desde el 2011 este evento organizado por el Consejo Coordinador Empresarial, el Gobierno Federal, la Asociación de Bancos de México, la ANTAD, COPARMEX y otras instituciones del sector privado, y con una participación aproximada de más de 60 mil empresas participantes, ha hecho uso de la mercadotecnia y diversas ofertas y promociones para lograr reactivar las ventas que normalmente recaen de forma drástica poco antes de la llegada de la Navidad.

Parece ser que éste es un buen ejercicio para acercar a los consumidores a adquirir cosas de una forma más sencilla, siempre y cuando éstos no sean víctimas de abuso mercantil. Este año, por ejemplo, llamó la atención la actuación de la PROFECO, que logró sancionar a 77 establecimientos no importando el tamaño de los monopolios o negocios, colocando sellos de suspensión a grandes marcas como Walt-Mart, Liverpool, Sears o Chedraui entre muchas otras, mostrando ser una institución eficiente a la hora de proteger los intereses económicos de los ciudadanos consumidores que son en estos casos, las principales víctimas de los abusos de grandes comerciales, arbitrariedades que cuando no tienen intervención, afectan en donde más le duele a la población: el bolsillo.

Sin embargo, hay que tocar un punto importante en toda esta movilización mercantil, y es la poca inclusión hacia los pequeños y medianos comerciantes, aquellos que hacen sus cosas desde casa, que luchan por construir un bien a largo plazo, aquellos que no tienen cientos de tiendas e infraestructura pero sí mucho empeño diario en lo que hacen y venden. Cierto es que estamos de repente muy inmersos en la cultura del consumo y ¡qué bueno! cuando es benéfico para las economías… pero no hay que olvidarse también de apoyar en consumir lo hecho en casa, lo artesanal, lo local, lo que incluso, nos genera identidad. Nunca se va a comparar un dulce industrial con un ate de membrillo que vende la señora del mercado. Una cerveza comercial con una artesanal, de esas que últimamente se están poniendo de moda por su diversidad de sabores y diseños en las botellas. Un zapato encargado por catálogo a uno hecho a la medida, con piel de verdad, realizado por tradicionales-profesionales.

Qué bueno sería ver “Buenos fines” pero de aquellos pequeños-grandes, de las cocinas caseras tradicionales, de productores locales de vino o queso, de diseñadores independientes o de muestras de proyectos realizados por recién egresados. Ahí es donde radica el verdadero talento, no en la producción en serie y masa que ha perdido en su camino bastante esencia y significado.

La acción “padre”: Justo en las fechas del Buen Fin, en Monterrey se organizó “El Buen Trueque, El fin de semana más solidario del año” una iniciativa ciudadana que reunió a colectivos sociales e invitó al público en general a participar, realizando intercambios de bienes y servicios sin el uso del dinero, abogando por el consumo responsable, promoviendo una economía alternativa y diciendo “no” a las políticas de hiperconsumo que mediante el endeudamiento atrofian la vida de las personas. Bien por la existencia y actividad de estas iniciativas, nos muestran un camino de cómo sí se pueden equilibrar las ganancias.

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