Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Estudiantina que canta a la vida y a sus ideales. Estudiantina que en su canto levanta una luz, una voz, una esperanza. Con este grito, lleno de vitalidad y entusiasmo, inicia la más reciente producción discográfica de la Tuna Aguascalentense, en una producción del Instituto Aguascalentense para la Cultura, editada con motivo del 445 aniversario de la ciudad.

Uno podría preguntarse sobre la salud y vitalidad de esta agrupación artística, que en México se integra con laúdes, bandurrias, guitarras, bajo y acordeón, teniendo en cuenta que el repertorio del género prácticamente no se ha renovado por lo menos desde los años sesenta del siglo pasado, cuando surgieron diversas agrupaciones en ciudades del altiplano: no hay nuevas composiciones, aunque en el caso de la Tuna, este disco al que me refiero contiene una melodía dedicada al Barrio del Encino, y por ahí tienen otra, dedicada a la Virgen de la Asunción. De ahí en más, en términos generales el repertorio es el mismo. Aparte, cambian los usos, las formas, y los estudiantes acceden a otras manifestaciones artísticas.

El excelentísimo maestro Óscar Malo Flores, en sí mismo toda una institución musical de Aguascalientes, considera que contrariamente a lo que podría suponerse, la estudiantina no solo no ha perdido su vigencia, sino que se ha desarrollado, tanto en México como en otros países, con el surgimiento de nuevas formaciones. En realidad no importa que no haya una renovación del repertorio, en la medida en que el existente se integra por canciones pegajosas, llenas de gracia, música a la que se regresa de cuando en cuando con un gran placer.

La Tuna Aguascalentense es una estudiantina, y si bien es cierto que uno pensaría en esta agrupación como un conjunto juvenil, integrado, precisamente, por estudiantes, particularmente de secundaria y bachillerato, no es este el caso. Entonces, dice el maestro Malo, en lugar de tunos, la agrupación está integrada por cuarentunos, jóvenes ya no tanto, a los que une el gusto por la música, la bohemia, elementos esenciales de una estudiantina, además de la alegría, el romanticismo y la espontaneidad, y que en 2005 fueron convocados por el maestro Malo para formar esta Tuna, que en sus orígenes fue pensada para constituirse en un grupo de difusión del ICA, esto porque su surgimiento obedeció a una sugerencia del entonces gobernador Luis Armando Reynoso.

El profesor Malo recuerda que ocurrió en alguna ocasión, en una noche colonial, el tradicional evento anual que organiza el Colegio Cristóbal Colón, cuya estudiantina dirigió durante muchos años. Entonces el gobernador, cuyas hijas estudiaban entonces en esta institución, le propuso la fundación de una estudiantina. Malo se entusiasmó y formó el grupo, y luego, en otra ocasión vio a Reynoso, al que informó de que la Tuna ya estaba funcionando, por lo que este lo mandó al ICA, en donde le hicieron la vida cansada. Malo vivió, de nueva cuenta, una historia que conoce muy bien, la del ninguneo; la del “luego lo vemos, luego lo vemos”, de tal manera que: “entre Teoque Teoque, Teocaltichito… Entre dimes y diretes pasa el tiempo y pero no pasa nada con el asunto”…

Pero el maestro Malo, con plena conciencia sobre quién es él y sobre la naturaleza de la música que ama, es una persona sumamente insistente; perseverante, y este amable rechazo de ninguna manera lo desanimó de alcanzar sus objetivos.

La Tuna siguió adelante, realizando un sinfín de presentaciones públicas, en las Romerías de la Asunción, en los desfiles de primavera, en los desfiles de Calaveras, y ahora llega a su quinta grabación, un interesante registro en el que la agrupación de origen español se hizo acompañar por la Banda Sinfónica de Aguascalientes.

Un día el profesor Malo le hizo la propuesta al director del IMAC, y no sólo eso, sino que además llegó a su oficina con todos los arreglos realizados, a fin de acelerar los trabajos, y para no descargar toda la responsabilidad en la institución municipal. Todavía debió trascurrir aproximadamente un año, antes de que se realizara el registro, que tuvo lugar en el Auditorio Gustavo Elizalde Mora, en el Seminario Diocesano, un espacio de excelente acústica.

Para el efecto se contó con los arreglos realizados para la agrupación musical municipal llevados a cabo por los hermanos Carlos y Fernando Calvillo, arreglistas de la banda sinfónica, a partir de otros arreglos realizados por el maestro Felipe López del Prado para una grabación con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes (pero esa es otra historia). Para este caso la intención fue que ambas formaciones musicales dialogaran; lucieran, tanto la estudiantina como la banda, y que una no opacara a la otra.

En mi opinión el resultado es satisfactorio, con un disco muy completo, un repertorio en el que figuran los principales ejemplos del género, con una grabación que derrocha gracia y alegría, y la fusión entre estudiantina y banda está muy bien lograda.

Se va, se va, se va. Se va la tuna, ya se va… Ojalá y pueda usted acceder a esta grabación, que no tiene desperdicio y que seguramente será de su agrado. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).