Mircea Mazilu

Durante la época independiente se intentó colonizar los terrenos baldíos con extranjeros y mexicanos que habían servido en la lucha de la Independencia. Desde el gobierno de Iturbide hasta el de Porfirio se aprobaron diferentes normas para la colonización de estas tierras llegando a su punto álgido a finales del siglo XIX cuando las compañías deslindadoras y los terratenientes concentraron gran parte del campo en sus manos. Como consecuencia de ello, los indígenas y los campesinos perdieron sus posesiones y se convirtieron en jornaleros que trabajarían las tierras de los ricos hacendados consolidando el sistema conocido con el nombre  de peonaje. Asimismo, la concentración del campo en manos de latifundistas provocaría que ellos tuvieran el control de gran parte de la producción de productos agrícolas del país, circunstancia que causaría grandes carencias de alimentos hacia principios del siglo XX.

En tiempos de la lucha por la Independencia y en los primeros años del México recién nacido se inició una política de igualdad social, de supresión de los latifundios y de la gran explotación minera, como fue el caso del programa de José María Morelos. De la misma manera, se buscó la protección de los territorios de los pueblos indígenas y se comenzó una política de colonización de las tierras desocupadas con mexicanos y extranjeros. Ya consumada la independencia, en 1824 se promulgó la Ley General de Colonización que pretendía atraer extranjeros para colonizar las vastas tierras mexicanas despobladas. Sin embargo, algunos de los propósitos del gobierno del joven país tuvieron un final utópico, como fue el caso de la abolición de los latifundios y la protección de las tierras indígenas.

Con la Ley Lerdo de 1856 se culminaba el proceso iniciado con las Leyes Borbónicas a finales del siglo XVIII que pretendían arrebatar las tierras que se encontraban en posesión de las corporaciones. Los liberales dispusieron las posesiones de las corporaciones civiles y eclesiásticas en el mercado para que fueran compradas por particulares, un sistema que supondría el principio del fin de las tierras indígenas, gran componente del México rural de aquella época. La Ley de Desamortización de las Fincas Rústicas y Urbanas de las Corporaciones Civiles y Religiosas sería incorporada en la Constitución de 1857 extinguiendo de esta forma el derecho a la Iglesia y las comunidades indígenas sobre la posesión de sus propiedades.

Una vez concluido el gobierno de los liberales, el gobierno de Porfirio Díaz aprobó diferentes leyes que continuaron con el proceso de colonización de los suelos mexicanos que iban de la mano con la privación de la tierra a los campesinos indígenas. De esta forma, la Ley de Colonización y Deslinde de Terrenos Baldíos de 1883 y la Ley sobre la Ocupación y Enajenación de Tierras Baldías de 1894 permitieron a las compañías deslindadoras y a los particulares hacerse con grandes superficies de territorio. Además, el gobierno interpretó como tierras baldías aquellos terrenos que estaban en manos de pueblos indígenas que no podían demostrar posesión legal sobre las mismas. Este acontecimiento supuso la culminación de la pérdida de las tierras por parte de los aborígenes, dueños de los suelos mexicanos desde hacía milenios.

De esta forma, tales circunstancias permitieron la formación de las grandes haciendas y la disminución de los pueblos indígenasen unas proporciones nunca vistas antes en la Historia de México. El sistema de latifundios, nacido en la Época Colonial, conoció su apogeo en tiempos del Porfiriato mientras que las tierras comunales indígenas, existentes desde los mismos orígenes de la sociedad en tierras mexicanas, vio su ocaso en vísperas de la Revolución. Las clases campesinas desafortunadas en este accidente injusto que ocurrió en el campo mexicano se integrarán en la Revolución de 1910 para reclamar aquello que habían perdido.

Así pues, analizada la coyuntura rural del México independiente concluimos con la síntesis que hemos trazado en la columna “Pensando la Historia” sobre la crónica del México rural desde la Época Prehispánica hasta el Porfiriato. El análisis que hemos realizado nos ayudará a entender por qué las clases bajas campesinas lucharán en la Revolución Mexicana por recuperar sus tierras, lucha que comenzaremos a estudiar a partir de la próxima semana.

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