Las novedades en la política nacional siguen a la orden del día. No hay semana en la que no se susciten situaciones que generan escándalos y comentarios escabrosos entre gran parte de la población y entre la clase política contraria al partido del presidente. Para eso ha servido la tribuna presidencial en la que se manifiesta diariamente el presidente con su “mañanera”.

En estas dos últimas semanas hubo dos acontecimientos de alto voltaje: el primero fue el asunto del ex candidato presidencial panista Ricardo Anaya que como ya todo mundo sabe, ha sido denunciado y tiene una carpeta de investigación en la Fiscalía General de la República, principalmente por dos causas: La primera es el hecho de supuestamente haber recibido un soborno para estimular la votación de la Reforma Energética en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Y la segunda es la adquisición de dos inmuebles que aparentemente se compraron con parte de ese dinero.

Aquí hay que aclarar que esos inmuebles se compraron en la década de los noventa y no hay forma de que hayan sido comprados con ese supuesto soborno, así mismo hay que decir que fue una operación entre parientes. Por lo tanto, esta acusación es muy débil, por lo cual no será muy sostenible. Así también hay que decir que recibir un soborno precisamente cuando se es aliado del Gobierno y cuando además se está totalmente de acuerdo en impulsar esa reforma energética, más bien lo llamaríamos un premio porque, sin ser ingenuos, así ha sucedido siempre.

Los presidentes les daban estímulos económicos a diputados y senadores, aunque fueran de su grupo y fueran sus aliados, por aprobar ciertas medidas. Además, creo que eso no será muy sencillo de probar, pero lo que sí debo decir es que estas acusaciones provienen de panistas y ex panistas como Ernesto Cordero, Javier Lozano y desde luego que, por Emilio Lozoya, éste sí ex priísta. Lo que sí creo es que el nivel probatorio jurídico de esto va a ser muy difícil de poder demostrarse. Sin embargo, no hay que desconocer que sí es una persecución política en contra de Ricardo Anaya, lo que derivó en que se tuviera que ir del país y que haya comparecido el jueves pasado desde E.U. de manera virtual. Muchos opinan que esto lo hace el presidente porque tiene temor de Ricardo Anaya en la próxima elección presidencial. En lo personal no lo creo. El presidente no le tiene el más mínimo temor a Ricardo Anaya. Lo está haciendo para tener un tema de agenda, para estar en campaña, para estarlo atacando pues es uno de sus villanos favoritos, porque lo que sí se ha visto es la enorme soledad de Ricardo Anaya ante estas acusaciones. NI el PAN, muchos menos el PRD o el PRI, sus futuros o eventuales aliados, han salido a defenderlo ni siquiera de la manera más sencilla. Ricardo Anaya se ve completa y absolutamente solo. Por ello es de creerse que Anaya no estará en la boleta del 2024, eso el presidente lo sabe y por eso no le tiene miedo, lo está usando como un sparring. Al presidente le encanta hacer esas cosas y las sabe hacer bastante bien.

El problema para Anaya es que es un hombre arrogante que además tiranizó al PAN, que era el partido con la mayor tradición democrática de México y lo convirtió en un coto personal y por ello el rechazo de sus correligionarios. Por eso es que no creo que vuelva a alcanzar la candidatura a la presidencia por el partido blanquiazul.

Otro tema que causó sorpresa en gran parte de la población, pero no tanta en la clase política, fue la remoción de Olga Sánchez Cordero, que venía fungiendo como secretaria de Gobernación. Desde hace algunas semanas en los corrillos políticos de la Ciudad de México ya se especulaba sobre el cambio en la titularidad de la Secretaría más importante, políticamente hablando, del Gobierno de México.

El jueves pasado Olga Sánchez Cordero presentó su renuncia a la Secretaría de Gobernación para regresar a su escaño en el Senado, y como posteriormente se supo, para presidir la mesa directiva de ese organismo. A Olga Sánchez la sustituyó el gobernador de Tabasco, ahora con licencia, Adán Augusto López, por cierto, pariente de López Obrador. Es común, por lo que hemos vivido en sexenios anteriores, que a mitad de los sexenios los presidentes de la República hagan cambios estratégicos, por ello no es ninguna sorpresa este cambio y como se lo menciono líneas arriba, ya se hablaba sobre la salida de Olga Sánchez Cordero.

Pero aquí hay dos aspectos muy interesantes para el análisis: El manotazo que de nueva cuenta el presidente le da a Ricardo Monreal, que ya había planchado la elección de la mesa directiva del Senado con cuatro senadoras muy cercanas a él. El otro aspecto a analizar es la llegada de Adán Augusto López a la Secretaría de Gobernación. Él es un operador muy amigo y mucho muy cercano de López Obrador y del cual no hay la mejor duda de que será el tercer integrante de la terna para la candidatura de MORENA a la presidencia de la República junto con Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.

Conociendo al presidente no hay que dudar de que sí lo va a incluir en la terna, será otra corcholata. La Secretaría de Gobernación, después de la Presidencia de la República es, como se lo mencioné antes, el cargo más importante de este país. Adán Augusto aparte de ser su paisano es su gran amigo. De este trío saldrá el candidato de López Obrador a la Presidencia, ya lo verá usted. Como se puede apreciar el presidente sabe manejar muy bien la tenebra para conservar el poder absoluto del país.