RENÉ URRUTIA DE LA VEGA

 Estamos en tiempos de campañas electorales en plenitud, ese tiempo francamente extraño y cada vez más insufrible para la gran mayoría de los ciudadanos, en el que una cantidad exagerada de partidos políticos proponen a un gran número de personajes para competir por la obtención de votos a su favor en la jornada electoral.

La realidad de las cosas es que la competencia no es de propuestas ni de planes y estrategias de gobierno, tampoco de perfiles ni de capacidades o competencias, no, la competencia es de recursos, la competencia se enfoca en mercadotecnia, entre más logres aparecer en espectaculares, anuncios de radio y televisión y mientras más “vistas” tengas en la mayor cantidad de redes sociales, mientras más personas te vean en la calle regalándoles una sonrisa y si se puede, ¿por qué no?, algún obsequio que puede ser desde una calcomanía, una playera, una gorra, hasta una golosina o cualquier otra cosa, mejor posibilidad tendrás de, primero, mejorar en las encuestas, que es otra forma de manipular la voluntad de sufragio de las personas y, después, obtener mayor cantidad de votos, ya sin entrar a las estrategias de todos los partidos el día de la elección.

Sin embargo, dentro de toda esta parafernalia de las campañas políticas existe lo que pretenden ser propuestas de campaña, aquellas proposiciones que los candidatos y sus partidos plantean hacia la ciudadanía potencialmente votante para tratar de atraer el voto y se dan en entrevistas de medios de comunicación, en debates televisivos y muy pocas veces en documentos formales, que por otro lado los candidatos no tienen ningún empacho en emitir porque saben que todo son promesas de campaña y que no necesariamente quiere decir que se deban cumplir una vez que se asume el cargo para el que eventualmente serán electos, pero además, como para la mayoría de ellos la posibilidad de resultar electo es ínfima, pues con mayor razón se puede prometer a diestra y siniestra.

Las propuestas de campaña en materia de seguridad, prácticamente en todos los casos resultan ser infames, por decir lo menos. La seguridad sigue siendo, desde hace ya muchos años, la principal o una de las principales preocupaciones y reclamos de los ciudadanos hacia el gobierno y, no obstante, las propuestas de solución que ofrecen los candidatos no tienen ni pies ni cabeza.

Los candidatos no le están dando la importancia debida al tema, no se están asesorando al respecto de manera adecuada y suficiente, están utilizando eslóganes tradicionales y repetidos en cada elección, hablan de seguridad explicando lo que ya todos sabemos, que las estrategias hasta ahora no han funcionado, que la inseguridad va en aumento, que hay corrupción, que los gobiernos actuales son los culpables de todo, entre muchas otras cosas, pero no ofrecen alternativas reales, planteamientos adecuados de solución, nadie habla, por ejemplo, de dónde van a sacar a quien dirija su área o eje de seguridad, con qué tipo de preparación y experiencia contará o debe contar, cómo piensan conformar un equipo de trabajo, de asesoría y con qué estrategias trabajarán para la seguridad, en el caso de los candidatos a gobernadores y presidentes municipales; en el caso de los legisladores locales y federales, qué van a hacer desde sus trincheras para generar mejores condiciones en materia constitucional y legal, cómo habrán de generar una política criminal y de qué corte o línea, de qué forma van a gestionar recursos para fortalecer a las instituciones del Sistema de Justicia Penal, tanto policías como fiscalías, Poder Judicial, secretarías de Seguridad, áreas de readaptación social, defensorías públicas y privadas y todas las instancias, dependencias y organismos vinculados o relacionados con este sistema, sin dejar de considerar que tienen un gran reto en lo relacionado con el tema de prevención del delito, de la violencia y de la delincuencia.

En este rubro ocurre lo mismo que cuando se presenta un desastre natural o una tragedia en la que muchas personas se ven afectadas en su vida, salud o patrimonio, las autoridades en lugar de aprovechar la extraordinaria oportunidad de ayudar, servir, resolver y demostrar su sensibilidad, incluso si fuera para ganar adeptos, hacen lo mismo que siempre se ha hecho, lo menos que se pueda y de la manera más raquítica posible, de la misma manera los candidatos y partidos políticos, en lugar de aprovechar todos reflectores para hacer una verdadera demostración de inteligencia social y política, despilfarran recursos únicamente en mercadotecnia y utilización del momento para el acarreo, la manipulación y el logro de objetivos meramente políticos para acceder al poder y aprovecharse de él, no para servir.

A quien no le quede el saco, que no se lo ponga.

rurrutiav@urrutiaconsulting.com