Ricardo Vargas

Hace un par de días INEGI dio a conocer la información sobre el Producto Interno Bruto de México durante el tercer trimestre de este año, en donde resaltó un importante crecimiento (el mayor registrado) en comparación con el trimestre anterior, pero que sin embargo no retrata propiamente la situación que estamos viviendo a nivel nacional. El PIB de este tercer trimestre registró un crecimiento del 12.1% en términos trimestrales, es decir respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, en términos anuales el PIB registró un cambio negativo durante el tercer trimestre de 2020. Esto se refiere a que el cambio interanual del Producto Interno Bruto entre el tercer timestre de este año y el tercer trimestre del año pasado, fue negativo en un (-)8.6%.

Esta inercia ya la he mencionado un par de veces en este espacio, pero me parece importante resaltarla por dos factores importantes; el resurgimiento de la crisis sanitaria derivada de la pandemia por el COVID-19 y el cada vez más pequeño margen de maniobra que tiene el Banco de México para reavivar la economía por medio de las herramientas de política monetaria con las que cuenta. En temas de crecimiento económico desde finales de 2018 se comenzó a observar una desaceleración importante con el crecimiento más corto desde 2013, y este escenario se mantuvo hasta finales de 2019 aún sin haber entrado propiamente en pandemia y la crisis sanitaria que esto implica. Al cierre del año pasado la economía mexicana registró una caída interanual de (-)0.7% respecto al último trimestre de 2018, significando la peor caída en más de diez años.

Después de esto, al inicio del presente año nos enfrentamos a los estragos de la pandemia derivada por la propagación del COVID, empezando con las afectaciones externas por pérdida de confianza en mercados internacionales dado que en Asia ya se veía un problema real durante el primer trimestre del año. Después de esto, a principios del segundo trimestre del año comenzamos a ver los estragos en carne propia, y fue en el mes de abril y mayo en los que la economía nacional se vio afectada por paros y cierres básicamente en todas aquellas actividades que fueran consideradas como “no esenciales”, siendo esenciales únicamente los sectores salud, transporte, construcción, y algún otro que no recuerde ahora. Con esta decisión, que nunca sabremos si fue correcta o no pues nos enfrentábamos a una crisis sanitaria sin precedente, la economía nacional se contrajo durante el segundo trimestre del año casi un (-)19% en comparación anual y un (-)17% en comparación contra el trimestre inmediato anterior. Con esto en mente, y entendiendo que la economía nacional estuvo cerrada y prácticamente detenida durante casi dos meses, es lógico pensar que al momento de iniciar la reapertura económica veremos reflejada una mayor actividad económica y naturalmente un crecimiento económico mayor (al menos en términos absolutos) al observado en el período anterior. Efectivamente así sucedió, y la economía de nuestro país creció en el tercer trimestre del año un 12.1% respecto al trimestre inmediato anterior, sin embargo en comparación anual cayó un (-)8.6%. La tendencia en los últimos trimestres nos dice que en un análisis interanual, la economía sigue significativamente por debajo de lo registrado en 2019, pero en términos trimestrales estamos viendo una importante recuperación.

La cuestión importante en este análisis es que la recuperación económica está mostrando ya rendimientos decrecientes, a sólo unos meses de que iniciara formalmente la recuperación. Es decir, que a tan sólo 4 o 5 meses de que la economía estuviera cerrada (informació más reciente), ya hemos comenzado a observar una desaceleración en lo que creíamos que sería una recuperación económica rápida. Por supuesto que en este escenario juegan un papel importante la confianza el consumidor y el manejo de la crisis sanitaria, pero el resultado apunta a que nuestra economía se dirige a una recuperación lenta y prolongada.

El problema con esta situación es que Banco de México ha reducido su tasa de interés significativamente en el curso de este año, y se está quedando sin margen de operación pues tampoco podemos exponernos a una pérdida de capitales de inversión en el país. Con esto en la mesa, el margen de maniobra en política monetaria es reducido, y en política fiscal sucede algo similar pues los incentivos fiscales no suenan tan atractivos en un momento en el que el país necesita apoyos federales en diversos sectores, especialmente el sector salud.

Los siguientes meses serán cruciales, quizá más importantes que los meses de marzo y abril, cuando inició la epidemia en nuestro país. Lo que sigue definirá si entramos de nuevo en una cuarentena total, o si podemos sobrellevar de forma coordinada una crisis económica y sanitaria. Esperemos que sea el segundo escenario.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx@1ricardovargas