Mircea Mazilu

Entre 1904 y 1905, Rusia se involucró en una guerra contra Japón, disputando Corea y la región de Manchuria. La derrota del imperio zarista en este conflicto condujo directamente a la Revolución Rusa de 1905. El 9 de enero de ese año 200 mil manifestantes se reunieron en el Palacio de Invierno, pidiendo al zar mejoras laborales. La protesta fue rápidamente reprimida por el ejército, sin embargo, la insurrección empezaba a generalizarse. Huelgas y levantamientos proliferaron a lo largo de todo el país, obligando al zar Nicolás II a promulgar una Constitución y convocar a la Duma (el Parlamento). No obstante, poco tiempo después el soberano disolvía la Duma, restaurando el gobierno autoritario.

Los problemas del régimen empeoraron cuando en 1914 Rusia entró en la Primera Guerra Mundial. Las pérdidas humanas en el frente y el hambre en casa agudizaron el descontento popular, desembocando en la Revolución de Febrero de 1917. En esta sublevación, a los miles de obreros y campesinos rebeldes se sumaron los militares, creando en San Petersburgo el primer Consejo de Obreros y Soldados (Soviet). El zar Nicolás II abdicó y la Duma eligió un nuevo Gobierno Provisional, que consistió en una serie de gabinetes de coalición entre liberales y socialistas moderados.

Durante la administración de este nuevo gobierno, creció el número y el poder de los Soviets. Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), el líder de los “bolcheviques” (una fracción que había surgido en el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia de 1903 y que proclamaba la insurrección y la dictadura del proletariado), pronto se convirtió en la figura más destacada de estos consejos, proclamando la constitución de una república socialista de Soviets.

La decisión del Gobierno Provisional de Alexander Kerenski de seguir en la Gran Guerra hizo que la mayoría de la población apoyara a los “bolcheviques”. Aprovechado esta circunstancia, el 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre según el calendario gregoriano) Lenin y sus seguidores declararon el alzamiento de Petrogrado. La Guardia Roja, controlada por éstos, ocupó los principales edificios gubernamentales de la entonces capital rusa, entre los que destacaba el Palacio de Invierno. De esta manera, los insurrectos se hacían con el poder, poniendo fin a la Revolución Rusa, la cual instauraba la primera república socialista de la historia.

El nuevo gobierno soviético emprendió un proyecto que incluía la abolición de la propiedad privada de la tierra y su entrega a los campesinos, el control de las fábricas por parte de los obreros, la abolición de los privilegios de clase y los derechos de herencia, la nacionalización de la banca, la proclamación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y la separación entre la iglesia y el Estado. Mediante estos cambios, Lenin buscaba establecer el socialismo como modelo económico, social y político. Su objetivo era hacer una revolución mundial del proletariado que acabase con el capitalismo.

En definitiva, la Revolución de Octubre trajo como consecuencia el primer gobierno socialista de la historia, que buscaba la mejora de las condiciones de los trabajadores y la aseguración de la igualdad social del pueblo. De esta manera, se convertía en un ejemplo y abría las puertas a las futuras revoluciones socialistas que tendrían lugar a lo largo del siglo XX. Por último, la Revolución de Octubre causó la aparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), una nueva gran potencia mundial que dividiría el mundo en dos bloques: el comunista y el capitalista.

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