Nos encontramos a unos meses de vivir la primera consulta sobre “revocación de mandato”. Lo anterior, cobra relevancia si analizamos que el próximo domingo 10 de abril tendremos la oportunidad de decidir si acudimos o no a votar en relación con la siguiente pregunta: “¿Estás de acuerdo en que, a Andrés Manuel López Obrador, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, se le revoque el mandato por pérdida de la confianza o siga en la Presidencia de la República hasta que termine su periodo?”.

A lo largo de los últimos días, he tenido la oportunidad de platicar con diversas personalidades del ámbito académico, jurídico y empresarial en el Estado; siendo que, detecto una gran disyuntiva en la gruesa mayoría de la población sobre si el ciudadano debe o no participar en el proceso de revocación de mandato. Por una parte, hay quienes opinan que no debemos de perder la oportunidad de participar en este mecanismo ciudadano que nos puede permitir sacar del poder a quien sin duda ha sido el presidente más ocurrente de las últimas décadas; sin embargo, hay quienes también opinan que acudir a votar representa únicamente “legitimar” un capricho del presidente en el que los resultados no serán vinculantes y únicamente servirán para que el partido oficialista mida fuerzas electorales o consolide estrategias frente a la elección de gobernadores del año 2022 y del próximo año 2023.

Hay quienes, en una óptica jurídica, consideran que al obtenerse la aprobación y tras el proceso vivido por la Suprema Corte hace unas semanas, la consulta adquirió legitimidad; mientras tanto, hay quienes también bajo una óptica jurídica y filosófica, consideran que el procedimiento seguido para llegar a la consulta se ha visto viciado por contar con tintes de inconstitucionalidad. Frente a todo esto, la gran incógnita a dilucidar en las próximas semanas estribará en determinar si conviene ejercer el derecho de voto en estas circunstancias o es preferible la abstención.

Basta con recordar, que la revocación de mandato es un mecanismo democrático directo, que, en estricto sentido, permite a la ciudadanía decidir sobre si un funcionario público debe abandonar el cargo antes de que concluya el periodo de su mandato. En virtud de lo anterior y considerando los antecedentes históricos que dieron origen a este mecanismo en el orbe, se debe de tomar en cuenta el hecho de que, generalmente la ciudadanía es la que inicia o solicita que se inicie el proceso en contra del funcionario; sin embargo, en nuestro país, parece que nuestro presidente decidió ser el principal promotor de dicha consulta a través de su partido político.

Andrés Manuel López Obrador ha logrado poner en una boleta, una pregunta que capciosamente puede parecer una ratificación y no sólo una revocación, siendo que, al mismo tiempo y para el caso de que los resultados no le sean favorables, se presume que pueda tener una ventana de oportunidad para deslegitimar a una de las instituciones que más ha querido dañar en su mandato, el Instituto Nacional Electoral.

Bajo los más estrictos cálculos actuariales, suena aventurado pensar que en pandemia y con una jornada en la que no se elegirán cargos de elección popular, la votación del próximo 10 de abril rebase el 40% de los inscritos en el Listado Nominal (aproximadamente 37 millones de mexicanos). Finalmente, dejo el tema para su análisis, ya que de la postura que decidan sostener podremos obtener 3 métricas distintas tras el ejercicio del 10 de abril; la primera, la tasa de participación ciudadana en el primer ejercicio democrático del México moderno sobre revocación de mandato; la segunda, el porcentaje de mexicanos inconformes que decidieron manifestar su intención de que el presidente fuera revocado; y finalmente, un gran estudio geográfico sobre popularidad del presidente que dirá mucho más de las encuestas publicadas mes con mes. Agradezco su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

Correo: davidreynoso@sapiensiuventus.com

Twitter: @davidrrr