Ricardo Vargas

Esta semana fue noticia internacional lo que se vivió en el Capitolio estadounidense, en una escena inédita donde vimos a protestantes con preferencias republicanas tomar por la fuerza el edificio en donde congresistas norteamericanos discutían la ratificación del presidente electo Joe Biden y la posible mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y Senadores tras las elecciones celebradas en Georgia un par de meses atrás. En un primer plano esto pudiera parecer meramente un tema de política estadounidense que quizá podría afectar el desempeño de nuestro vecino del norte, sin embargo tras los hechos mencionados hemos visto en estos últimos tres días afectaciones en la economía de nuestro país.

La principal razón, a título personal como economista, es la siempre presente relación que existe entre economías y particularmente en economías fuertemente entrelazadas como es justamente el caso de México con Estados Unidos tanto por la proximidad geográfica como por la interdependencia que mantenemos nosotros como país con nuestro vecino del norte, ya que más del 80% tienen destino en Estados Unidos y eso implica un sinfín de cadenas productivas que dependen principalmente de la demanda agregada que haya ahí.

Lo que vimos estos últimos tres días parte meramente de las expectativas dentro de los sectores público y privado de nuestro país. Tras la crisis económica mundial, la demanda agregada en Estados Unidos se vio contraída fuertemente con incrementos en desempleo no vistos desde la gran depresión de los años 20s, por lo que el tema de estímulos económicos apunta a ser uno de los principales recursos para reanimar tanto la confianza en los consumidores como en el sector privado. Es en este punto en donde entra en imagen la situación política estadounidense, pues la intención demócrata es justamente impulsar los estímulos fiscales y económicos para reavivar justamente la economía nacional y generar un efecto multiplicador que mitigue las caídas en consumo e inversión fija.

La cuestión estaba centrada en la posibilidad de que tras protestas y un comportamiento hostil por parte de los demócratas, se diera una transición política adversa en la presidencia y en el Congreso. Luego de lo sucedido en el Capitolio la noche del miércoles pasado y tras la postura “laxa” que adoptaron los republicanos, la expectativa en torno a la economía estadounidense se fijó en una transición relajada y normal, lo que apuntaba a la consagración de mayores estímulos económicos para dicha economía. En este sentido, el dólar estadounidense perdió fuerza frente a una canasta de varias divisas, reflejado en la caída del Índice Dólar, lo que provocó que nuestro peso ganara terreno frente a dicha moneda y observáramos una ligera apreciación de nuestra moneda.

Sin embargo, el día jueves se publicó por parte de Inegi la inflación interanual del mes de diciembre, que se ubicó en un 3.15% estando dentro del rango objetivo de Banco de México de 3%+/-1%, lo que indica la posibilidad de que dada la crisis económica que también atravesamos en nuestro país, se relaje la política monetaria (tipo de interés) con la intención de incentivar la contratación de créditos del lado de la inversión y la colocación justamente de inversión fija del lado de los tenedores de capital. Frente a esta expectativa nuestra moneda perdió terreno frente al dólar durante la jornada del jueves, pues se abrió la posibilidad de que Banco de México reduzca precisamente su tasa de interés objetivo, lo que reduce el diferencial en tasas de México vs EE.UU., generando menor atractivo a capitales internacionales a invertir en Pesos Mexicanos.

De manera general, podemos ver la fuerte relación económica que existe entre nuestro país y nuestro vecino del norte, pues en sólo tres días y en base meramente a expectativas pudimos observar movimientos importantes en flujos de capital y cotizaciones cambiarias.

Cierro esta colaboración semanal con un pronóstico optimista para nosotros, pues dada una transición política favorable para el partido demócrata que ahora tendrá la presidencia y el Congreso, veremos en EE.UU. mayores incentivos económicos que favorecerán sin duda la demanda agregada del país, generando eventualmente mayor dinamismo en el sector exportador mexicano, mayor empleo en Estados Unidos y seguramente un mayor flujo de remesas hacia México. La dependencia económica que tenemos con Estados Unidos es un tema que nunca debemos olvidar, incluso si en la imagen figuran temas meramente políticos.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas