Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 “No será carpintero, pero sus trompos bailan” dicho popular.

 (Los Machetes.- Con un arsenal de abrazos, toneladas de apapachos y hectolitros de quejas para las mamás de los sicarios, miles de indígenas tzetzales y tzotziles que no se han enterado que México está en calma, tranquilo y progresando, decidieron hacer oídos sordos de las mañaneras del presidente y enfrentarse, así sea sin el apoyo del ejército y la guardia nacional, muy ocupados en otros menesteres, y levantarse contra los sicarios, contra la inseguridad y contra la abulia presidencial.)

 

El presidente López Obrador, contra viento y marea, ha logrado mantener una aprobación de más del cincuenta por ciento de la población, según la generalidad de las encuestas practicadas por las empresas más solventes del ramo. Son hechos, allí están los números y la coincidencia, con pequeñas variantes, de las encuestadoras no permiten creer en su certeza. Interesante sería desglosar las razones por las que el ciudadano considera que ha hecho un buen papel digno de darle una aprobación de “panzazo”, el mismo presidente no se atreve a calificarse con más de un “siete”. Aunque es sabido que en un número suficientemente amplio de opiniones las crestas se liman y la calificación suele representar adecuadamente el pensar del grupo, cuando se hacen cuestionamientos específicos sobre las razones o las áreas en las que se expresen evaluaciones, a menudo se muestra que la opinión generalizada no responde a la realidad.

Una de las áreas de gobierno especialmente sensible es la seguridad pública, curiosamente aunque los números muestran que no ha disminuido la violencia y que en una progresión simple no es difícil concluir que el sexenio de López Obrador será con mucho el más violento de la historia de México, desde la Cristiada para acá, sin embargo en las encuestas predomina la opinión de que la seguridad pública va por buen camino. Es indudable que en este tema como en otros más, la opinión no refleja los datos duros de la realidad, sino que se está calificando o bien la simpatía que el gobernante despierta o, lo que sería peor, la reacción por las pitanzas que ha decretado incluyendo los incrementos prometidos, aunque muchos se quejan de no haberlos recibido. Entonces no se estaría evaluando el desempeño sino defendiendo la posibilidad de seguir recibiendo la dádiva independientemente de cuáles sean los indicadores.

Es claro que el presidente no es carpintero, no tiene idea de la economía, no sabe de hacienda pública y eso le ha llevado a prescindir de dos Secretarios, no conoce de política sanitaria y se entregó en brazos de un charlatán con los peores resultados no sólo en la pandemia sino en general con la salud pública, la seguridad pública pasa por la peor crisis de la historia moderna de México, el producto interno bruto se ha caído estrepitosamente, la educación tiene un nivel ínfimo, el sector energético alicaído y corrupto, etc., etc., lo que ha mantenido ha flote el país ha sido la economía de EE.UU. que se refleja en el incremento de remesas de nuestros braceros. El presidente no es carpintero pero sus trompos bailan, a pesar de todo mantiene una aceptación mayoritaria.

Me niego a creer que el presidente no conozca la situación real del país, quiero creer que prefiere no aceptarla, no sería fácil reconocer que área por área no se avanza, antes bien se retrocede. Quizás prefiera creer en un arranque de pensamiento mágico, al que parece ser proclive, que no hay más que dos causas de la debacle del país: la pandemia y sus adversarios. Sin embargo a juzgar por los resultados de las pasadas elecciones el presidente no las tiene todas consigo, sus exabruptos, sus ataques desmesurados, su inestabilidad, sus reacciones infantiles tales como ¿quiénes son más mentirosos?, muestran a mi parecer, que, cada vez más se siente inseguro. Sabe que, su soporte, depende en gran medida de las dádivas que reparte y las que ha ofrecido en una parodia de justicia social, pero sabe que la base de contribuyentes se ha reducido, en parte por la crisis de salud, pero mayormente por la crisis económica y política.

El número de personas en pobreza extrema no sólo no ha disminuido sino se ha incrementado. Las dádivas son insuficientes para que repercutan en un crecimiento de la economía pero sí significan una presión mayor sobre las finanzas públicas, que el presidente ha exprimido al extremo para soportar sus proyectos de los que, en el mejor de los casos, no alcanzará a ver los resultados. El austericidio ha golpeado muchos sectores de la vida pública y aunque oficialmente se niegue, la realidad es que el desabasto de las medicinas es una realidad que ha afectado no solamente al sector público y no solamente a los pequeños con cáncer, sino en todos los niveles, a todos los sectores y a todo tipo de patologías y de manera fundamental a las políticas de prevención.

Parece que a pesar de sus declaraciones el presidente tendrá que dar su brazo a torcer, no aumentará los impuestos porque repetidamente ha ofrecido que no lo hará, pero encontrará la forma de justificar una reforma fiscal en la que, sin duda “se reorientarán las contribuciones para que se comprometa el ingreso de manera definitiva para ir cerrando la brecha entre los desposeídos y los fifís, conservadores, aspiracionistas que explotan a los pobres, evaden los impuestos y escatiman su participación en las tareas sociales”. Primero los pobres, justificará los ajustes, que no aumento, en los impuestos y en general en las contribuciones.

Es una medida riesgosa pero necesaria para el presidente, si no hace una reforma fiscal no podrá sostener sus programas de caridad pública ni podrá continuar con sus obras emblemáticas, si la hace la clase aspiracionista muy probablemente le retire su apoyo para las próximas elecciones. Un auténtico dilema de la vida real.

(Cave canem.- Suele decir un compañero notario de Guadalajara que en México lo más definitivo es lo provisional. Pavimentos provisionales, reparaciones provisionales, programas provisionales, decisiones provisionales, sistemas provisionales, personal improvisado, funcionarios improvisados y en general, política improvisada. Basta una consistente lluvia, moderada pero pertinaz, para exhibir las obras: federales, estatales y municipales.)

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