Luis Muñoz Fernández

James Le Fanu, médico y escritor inglés, autor de El ascenso y la caída de la medicina moderna (2011) expone en esa obra lo que llama “la paradoja cuádruple”. Se refiere a fenómenos aparentemente contradictorios que suceden en el momento actual, cuando la medicina basada en la ciencia ha alcanzado un notable grado de desarrollo. En palabras de Le Fanu:

“La tercera paradoja se refiere al ascenso de la popularidad de las medicinas alternativas. Junto a la medicina occidental que tiene hoy un éxito sin precedentes, se observa una presencia cada vez mayor de las llamadas medicinas alternativas, muchas de ellas basadas en una serie de creencias y tradiciones sin ningún sustento científico”.

Lo hemos podido observar recientemente durante la pandemia de COVID-19. A la par de que en un tiempo muy corto se desarrollaron una serie de vacunas contra el coronavirus, cuyo innovador mecanismo de acción se basa en conocimientos avanzados de biología molecular, aparecieron simultáneamente, o incluso con anticipación, una serie de tratamientos alternativos sin ningún fundamento científico y, además, cobraron una fuerza inusitada los movimientos negacionistas en contra de las medidas de protección y la vacunación recomendada por los expertos. Medidas, por cierto, que en un principio fueron subestimadas, cuando no rechazadas, por los gobernantes de algunos países como Estados Unidos, México y Brasil, quienes propusieron en su lugar varias ocurrencias y supersticiones.

Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco, ya apuntaba en Pandemocracia (2020) la necesidad de estudiar los fenómenos actuales como la pandemia, que se caracterizan por su complejidad, con una estrategia distinta a la que emplea habitualmente la ciencia. Algo similar señalaba hace ya algunas décadas el pensador francés Edgar Morín, impulsor del llamado pensamiento complejo: “Hay nueva ignorancia ligada al desarrollo mismo de la ciencia”.

En una nueva vuelta de tuerca, Innerarity propone en La sociedad del desconocimiento (2022) que no nos debemos dejar seducir por la idea de que el rechazo de ciertos sectores de la sociedad al conocimiento científico es un ejemplo de la eterna lucha entre las fuerzas de la razón y las del oscurantismo: “Este rechazo no se explica sin más por la resistencia irracional hacia el conocimiento propia de las sociedades tradicionales; nos está diciendo algo del tipo de generación de conocimiento característico de nuestras sociedades… Sólo entendiendo a los desconfiados, temerosos, negacionistas, paranoicos y terraplanistas se puede entender la sociedad en la que vivimos y el papel que el conocimiento desempeña en ella. Entender no significa aquí dar la razón a quienes parecen carecer de ella, sino explicar las circunstancias desde las que surge esta resistencia porque así tendremos una idea más precisa de la racionalidad que rechazan”.

Interesante propuesta, ¿no? Ahondaremos en ella la semana próxima.

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