José Luis Quintanar Stephano

La rata de laboratorio, cuyo nombre científico es Rattus norvegicus, es uno de los mamíferos más utilizados en los laboratorios para la investigación científica en todo el mundo. Su uso como modelo experimental cuenta con cerca de 200 años de historia y se ha convertido en uno de los animales preferidos para realizar investigaciones prácticamente de toda el área biomédica.

Dentro de la especie de Rattus norvegicus, existen diferentes cepas o razas con características propias, que incluyen ciertos genotipos que se manifiestan de diferentes maneras fenotípicas. Entre las cepas más comunes para trabajos de investigación, se encuentran la Wistar, Long-Evans, Sprague Dawley, Brattleboro, Lewis y Zucker. Esta variedad de cepas se ha ido seleccionando debido a que alguna de ellas manifiesta características más útiles para determinados protocolos de estudio, por ejemplo, más susceptibilidad a fármacos, desarrollo de cánceres, neurodegeneraciones, cambios metabólicos, etc.

De las ventajas o bondades de contar con este modelo animal se encuentran las siguientes: la rata comparte el 90 % de semejanza genética con los humanos, su tiempo de gestación es de aproximadamente 21 días y con un promedio de 9.5 crías por camada, su longevidad puede llegar hasta los tres años, el espacio de almacén es pequeño, su manipulación es relativamente sencilla, y su mantenimiento es económico. Además, cuenta con similitudes anatómicas, funcionales, bioquímicas y conductuales al compararse con las del humano. Si se emplearan modelos de especies mayores, como los primates, las dificultades o costos serían mucho mayores.

En algunas cepas existen particularidades que se presentan en su anatomía y fisiología normal, por ejemplo, tienen labio leporino, cuatro dedos en sus manos, carecen de vesícula biliar, hígado multilobulado, vibrisas sensoriales (pelitos externos de la nariz) y su ciclo ovárico dura alrededor de 4 a 5 días. Otra de las características más distintivas es la pigmentación de su piel. Las que carecen de dicha pigmentación y por ello son albinas (blancas), las negras, las pintas, las café oscuro, las grises, las de color miel, etc. En el caso de las albinas, son aquellas que carecen del pigmento melanina y sus ojos aparentan ser de color rojo debido a la sangre que circula por ellos.

El utilizar la rata de laboratorio como modelo de mamífero para realizar estudios sobre cáncer, toxicología, nutrición, teratología, neurodegenerativos, fisiología, conducta, cardiovasculares, metabólicos, entre muchos otros, obedece a que es posible en gran medida, extrapolar a los humanos los resultados de esas investigaciones y así contar con mejores condiciones tanto de nuestra supervivencia como de nuestra calidad de vida.

Es importante reconocer que gracias a este modelo animal, el sector salud a nivel mundial cuenta con tratamientos para múltiples patologías y esto obliga en cierta medida a reglamentar su uso para evitar el mayor sufrimiento posible y brindarle las mejores condiciones de bienestar animal. Para esto, existen comités de ética que vigilan el buen uso de estos modelos animales, procurando darles su valor como ser vivo y atendiendo su uso de una manera justificada.

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