En 1976, el desaparecido director Richard Donner estrenó con mucho éxito su película «La Profecía», otro pistón en el motor que propulsó al género de horror en aquella era de su renacimiento/reinvención a finales de los 60 y principios de los 70 de cepa demoniaca, una vez que «El Bebé de Rosemary» (1968) y «El Exorcista» (1973) causaran estragos en la taquilla mundial dejando su marca (satánica, claro está) en la cultura popular. Sin embargo, la película de Donner fue la que logró consolidarse como franquicia con más rapidez y firmeza tal vez porque su figura principal, el Anticristo con piel de inocente niño, resulta menos visceral o grotesco que una niña poseída bajo gruesas capas de maquillaje y más universal en términos de iconicidad que la abstracción con afanes alegóricos de una madre embarazada contra los acólitos de Lucifer. Secuela tras secuela, óptimas pero una más debilitada que la anterior, demostraron que el influjo que produjo el filme original en la audiencia de la época era otro de esos zeitgeists cinematográficos irrepetibles, constatado tras el fracaso del anodino ‘remake’ del 2006 y una serie de televisión en el 2016 que no pasó de una primera temporada. «La Primera Profecía», el debut como realizadora de largometrajes de Arkasha Stevenson después de dedicarle varios años a la televisión y al periodismo, busca refrescar la fórmula enfocándose en el origen de la concepción de Damien arrojando luz a uno de los enigmas más interesantes del filme original localizando ángulos dramáticos algo novedosos y proponiendo incluso una exploración estética muy lejana a los formalismos caducos de las otras películas donde los enemigos del diablo son eliminados sistemáticamente por misteriosos accidentes con una cámara a cargo de Aaron Murton («Orphan Black») reminiscente a los giallos de Argento, empero con mirada propia que le da a este trabajo atmósferas robustas y una plástica distintiva. La cinta no es una maravilla absoluta, aunque es obvio que busca ser algo más que la acostumbrada y ya muy manida historia de horror ubicada en un claustro. En ocasiones parece que lo logrará y aquí es cuando la falta de experiencia de su directora mete la zancadilla al proceso y en algunas secuencias nos da un palmo de narices al no cuajar lo que se buscaba, pero el conjunto logra superar por un pelo sus deficiencias y la cinta resulta entretenida con el abono de un par de escenas genuinamente inquietantes e inesperadas.

Todo comienza cuando una joven yanqui de nombre Margaret (Nell Tiger Free, uno de los nombres más chocantes que haya visto) llega al Orfanato Vizzardelli en Roma justo en los infames Años de Plomo con el propósito de ordenarse como monja bajo el auspicio del Cardenal Lawrence (Bill Nighy). Ya instalada, comienza su educación tutelada por la Madre Superiora Silva (una irreconocible Sonia Braga) mientras entabla relación con otras novicias a la vez que conoce a una singular huérfana llamada Carlita (Nicole Sorace), callada, de rostro sombrío y aislada del resto por una razón: es la hija de Lucifer, señalada como el próximo Anticristo y portadora de la infame marca en forma de tres números 6 que la señalan como tal. Conforme el esperado complot satánico comienza a revelársele a nuestra protagonista gracias al Padre Brennan (Ralph Ineson), queda al descubierto una rama de extrema derecha eclesiástica que busca el nacimiento del hijo del demonio con la misión de luchar contra el secularismo haciendo que las masas regresen al rebaño cristiano institucional cuando vean los horrores desatados por las fuerzas del averno, claro, a costa del sacrificio de inocentes, lo que movilizará a Margaret a luchar contra esta pugna diabólica hasta llegar a un conflicto donde su alma, cuerpo y cordura estarán en peligro. La talla de figuras pavorosas con hábitos sólo funciona si se traspasa la mera trasgresión, es decir, eliminar el ahínco por vulnerar la iconicidad eclesiástica sólo por el impacto que produce, como en subnormalidades tipo «La Monja», para explorar su vena aterradora con una exploración que vaya a su yugular dramática, y esta película es lo que busca, aunque sin conseguirlo del todo. Stevenson logra maquinar una trama predecible pero disfrutable, dándole a sus actores roles más potables de lo normal y mostrando entendimiento del suspenso armando escenas que lo cultivan con efectividad eludiendo el susto baratón y buscando perturbar más que asustar (una escena de parto que involucra una garra sobrehumana es un excelente ejemplo de ello) alcanzando incluso a propinarle un par de golpes a la comunidad oscurantista que aún frena el desarrollo y actualización de los cánones clericales. «La Primera Profecía» es un filme que casi lo logra, pero una falta de rigor y compromiso, sin duda a causa de su novata directora, aunado a cierto gusto por algunos de los clichés argumentales del género, no permiten que este origen sobre el Anticristo favorito de todos cuaje del todo.

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