Noé García Gómez

Esta semana se aprobó por la Cámara de Diputados el dictamen que regula el uso lúdico y medicinal de la marihuana en México. El proceso llevó años en ser discutido con una ambivalencia de ser detenido o impulsado de acuerdo a la agenda electoral que convenga al partido en el Gobierno.

El debate parlamentario, como ya nos están acostumbrando, fue patético, lo grave es que se da en medio algo que afectará de manera importante al país y nuestra sociedad, independientemente de la postura que tengamos. Con intervenciones desde un diputado que forjó un churro en plena tribuna, hasta una diputada que decía que con un brownie el viaje podía durar de cuatro a cinco días, ambos patéticos.

A mí me cambió la postura el análisis de la tesis de Friman, un sociólogo estadunidense que decía que la legalización de la marihuana reduciría la delincuencia y el crimen. Pero mi postura no cambió por estar de acuerdo en esta tesis, sino en las réplicas a ella, como la de supeditar la seguridad a cambio de adormecer y dañar cerebralmente a una generación. Especialistas coinciden en que la marihuana daña el cerebro, impide la razón “causando dificultades para pensar y resolver problemas”, el debate está en el grado de daño, pero la mayoría coincide en el punto que sí genera un deterioro.

De ahí que la legalización del consumo de marihuana me parecería que tiene el objetivo de elevar el control social. Como esos mismos “progresistas” critican el uso de la televisión como herramienta de enajenación de masas, el acceso al consumo de la marihuana podría tener una consecuencia similar, jóvenes somnolientos evasores de la realidad social.

Además de que no nos dicen cómo se atenderá a esos “enfermos” que requieren la marihuana, ni tampoco cómo se atacarán a los grupos de narcotraficantes, presumen de una amnistía a presos que están por consumo y sobre poblando las cárceles; también lo que no dicen es que los abogados se han vuelto especialistas en justificar a narco-distribuidores como adictos que tenían el enervante para uso personal. Ahí en esa amnistía estarán miles de individuos que sólo son adictos (enfermos), pero también estarán criminales que se reinsertarán a las filas del crimen organizado.

Tampoco nos dicen qué alternativas médicas, protocolos y procedimientos se tendrán para los miles de adictos que estén en esa situación, quedará en un simple “usted disculpe, valla y fúmese su mota a otro lado” o ¿en verdad hay la infraestructura médica y sanitaria para canalizarlos y darles un seguimiento en su tratamiento?

Y seamos sinceros, si aún no se puede controlar con eficacia la venta de cigarros y alcohol a menores, así como la conducción de vehículos bajo el influjo del alcohol, ¿será distinto con la marihuana? Por cierto la doble moral se prepara para hacer aún más estrictas la venta y distribución de los cigarros, algo que resulta sospechoso o ilógico, pareciera que los cabilderos internacionales de las empresas de la cannabis están presionando para regular más los cigarros y ese mercado se transfiera al de la marihuana.

Al final, veo que la discusión y propuesta del asunto de la marihuana es de mercado, de negocio, pero a costa de la salud de las personas. Además de que la finalidad del Gobierno Federal es utilizar el tema para distraer a la opinión pública de los urgentes problemas que vive el país y usarla como herramienta de control social especialmente de nuestra juventud.

Por lo que la considero oportunista y populista; y no populista por ser popular, sino por generar un ánimo coyuntural en un sector como es el de los jóvenes. Hoy en día para alguien de izquierda y progresista es políticamente incorrecto estar en contra de la legalización de la marihuana, creo yo al revés, la actual izquierda está quedando en argumentos simplones y electoreros, les urgen medios y notas. Saben que es un tema que no pasaría en la sociedad, si no ¿por qué no lo someten a consulta pública? En este tema no he visto a los defensores utilizar la muletilla de “que decida el pueblo”, saben que ahí se perdería, en cambio la quieren arropar en asociaciones civiles a modo que hablan en nombre de todos.

Coincido que el actual nivel prohibicionista no está funcionando, pero creo que la presente propuesta no es integral, es una propuesta con otros fines menos el de solucionar los problemas de la adicción, narcotráfico y violencia en México.

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