RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En la entrega anterior le comentaba que a diez meses del proceso electoral del año entrante, en el cual se renovarán 11 alcaldías y se elegirán 27 diputados locales, 18 de mayoría relativa y 9 plurinominales; así mismo se elegirán 3 diputados federales. Lo anterior ha ocasionado que muchos de los que se sienten con posibilidades ya han empezado a moverse al interior de sus partidos lo mismo que en las redes sociales, tratando de dar el albazo para alcanzar las nominaciones. El dicho del líder sempiterno cetemista Fidel Velázquez: “El que se mueva no sale en la foto” ya es cosa de la prehistoria, hoy es al revés: “El que no se mueve no agarra hueso”. Así es la vida política ahora. La ortodoxia política que vivimos algunos hace varios años, con políticos en verdad políticos no politiqueros, era muy diferente. Guardaban las formas y la diplomacia y respeto a las reglas no escritas en varios aspectos, eran respetadas. Hoy cuando comparamos a un Enrique Olivares Santana, Jesús Reyes Heroles, José Vasconcelos, Ángel Carvajal, Mario Moya Palencia, Fernando Gutiérrez Barrios, Valentín Campa, Pablo Emilio Madero, Heberto Castillo, Manuel J. Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Luis Donaldo Colosio, Efraín González Morfin, Adolfo López Mateos, Manuel Gómez Morín, etc., con los políticos de la época observamos una diferencia abismal en donde lo que predomina es la ambición; y no la ambición de servir a su comunidad, no, la ambición por escalar puestos que les permitan tener un modus vivendi desahogado haciendo dinero fácil.

Desafortunadamente el quehacer político ha ido degenerando y corrompiendo a los actores de la política de todos los niveles, la cual más practican lo que ellos llaman política pero que en realidad, en la gran mayoría de los casos, conveniencia personal, poco importa el que la labor gubernamental brinde un estatus de vida digna para la población a la que supuestamente se le está sirviendo. Casos hay muchos. Por eso hoy que vemos cómo ya en los partidos andan a la rebatiña formando grupos, grupitos y grupotes, uniendo fuerza hasta con grupos antagónicos de su mismo partido, perdiendo el respeto y la vergüenza a sí mismos con tal de alcanzar los objetivos que no son otros que los de conseguir una candidatura que les permita no vivir en el error, o sea fuera del presupuesto. Lastimoso ha sido observar cómo se juntan en restaurantes o en su mismo partido con quienes hasta hace no mucho había una total repugnancia por motivo de grupos pero que ahora hasta publican en los diarios y en las redes sociales la supuesta unión y comunión de pertenencia a un mismo ideal partidista en pos de servir a la comunidad; solo que la población ya sabe lo que va a pasar después del 6 de junio del año entrante: las promesas se diluirán, se romperán como pompas de jabón. Recuerdo una anécdota que platicaba un excelente y carismático líder priista de hace algunos años, fue diputado local y presidente de la Asociación de Vitivinicultores de Aguascalientes, así como otros cargos importantes en diferentes gobiernos. Su nombre Javier Ambriz Aguilar. Platicaba Javier que en una ocasión, hace ya muchos años, durante una campaña de proselitismo para elegir diputados locales, en un mitin allá en Palo Alto, estaban dos candidatos en plena oratoria tratando de convencer a los electores, uno de los candidatos, por un partido que no era el “poderoso” pues era de esa comunidad, y el otro candidato era el del partido en el poder. El del partido que no era el tricolor, se dirigió a quienes estaban escuchándolo y desde arriba del templete les dijo: “Miren al candidato fulano de tal, pero mírenlo bien, porque después de este día ya no lo volverán a ver ¡nunca!”. Y es que esta anécdota, de ya hace mucho tiempo, se sigue sucediendo hasta los días actuales, cuando los candidatos andan en busca del voto ciudadano prometen el oro y el moro, pero cuando ganan la elección ¡jamás se vuelven a parar en su distrito! Raros son los que siguen haciendo un seguimiento de sus respectivos distritos. En mi caso se los digo por experiencia, si usted le pregunta a uno de mis vecinos quién es nuestro diputado… ¡no va a saber ni su nombre!

Hoy estamos viendo las redes sociales y vemos un sinfín de prospectos a ser candidatos, la mayoría desconocidos para la ciudadanía, al interior de sus partidos probablemente sean muy populares, pero al exterior ni en foto se les ha visto, pero ellos se sienten con los tamaños de ser nuestros gobernantes y representantes populares. Si en la actualidad hiciéramos un ejercicio para calificar a nuestros representantes populares pasarían con más pena que gloria. Su labor legislativa es muy cuestionada, tirando a decepcionante. Y aún así no faltará quienes quieran brincar a otro cargo de elección.

La ciudadanía ha llegado al hartazgo. La gran decepción que ha sido López Obrador fue el golpe final para mucha gente, muchos están contentos y lo adoran, y cómo no, si les están dando dinero, pero eso es contraproducente pues el país va en declive, la economía está en los peores números de su historia, la gente no se imagina el diluvio que viene, y eso sin contar con lo que está provocando la pandemia que está padeciendo todo el mundo. La inseguridad no ha disminuido en lo absoluto, al contrario, va para arriba, solo que López Obrador es un mago fabuloso, maneja a la perfección las cortinas de humo, por ello su declaración cuando empezó la pandemia de que le venía “como anillo al dedo”… ¡Claro! pues eso sería formidable distractivo para que la gente no se percatara de sus desaciertos y malos manejos. Para ello había agarrado como excusa lo del avión presidencial pero cuando llegó el COVID 19 a México fue su pretexto principal, aunque ahora los mexicanos hemos visto el pésimo manejo del problema pues la pandemia ha ido para arriba, hasta hoy no se ha logrado achatar la estadística diaria, que sube y sube sin clemencia, ante la pasividad de un secretario de salud totalmente inoperante, principalmente ignorante de lo que es su responsabilidad y un Hugo López Gatell convertido en un rockstar, que tiene un manejo muy fluido del  tema pero que ya se vio, y corrobora día a día, que no ha sido el adecuado, los miles de muertos y enfermos son la prueba irrefutable y palpable de su ineficacia. Y a pesar de eso el presidente insiste en mantenerlo en el cargo, no importa al mandatario que la gente se siga muriendo sin clemencia.

El año entrante habrá elecciones para renovar la cámara baja del Congreso de la Unión, urgente será que el partido en el poder no tenga la mayoría si no queremos volvernos un país bananero, para lo cual no falta mucho. Lo lamentable es que los prospectos a nivel local para acceder a una diputación federal no son más que pan con lo mismo. Habrá que esperar a ver los nombres de las propuestas partidistas para la jornada electoral. Estamos, como la novela de Luis Spota, en la víspera del trueno.