MirceaMazilu

Las guerras contra los yaquis trajeron como consecuencia la deportación, la represión y el genocidio de la tribu del sur de Sonora. El gobierno desplazó a gran parte de su población a Yucatán, en donde fueron destinados a trabajar en las haciendas en calidad de esclavos; otra parte emigró a las ciudades cercanas de México o Estados Unidos en busca de trabajo en las minas y ferrocarriles; de los que se quedaron en la tierra patria, la mayoría se refugió en la sierra debido al asentamiento en su territorio de los colonos mexicanos o estadounidenses. Sin embargo, la mayor atrocidad cometida contra los nativos fue el genocidio llevado a cabo por el gobierno de Porfirio Díaz. Como resultado de todo ello, los indígenas aprovecharon la revolución para vengarse de sus enemigos y recuperar sus tierras arrebatadas.

En la Revolución Mexicana, el pueblo yaqui formó parte prácticamente de todos los ejércitos que pisaron sus suelos. Tras la gira política de Francisco I. Madero por Sonora a principios de 1910, gran parte del estado se adhirió al movimiento revolucionario del coahuilense. En Pótam, uno de los pueblos yaquis más importantes, Madero prometió a sus habitantes la devolución de su territorio a cambio de su apoyo en la guerra. Inmediatamente, un centenar de indígenas se unieron a él y lo siguieron en su campaña política. No obstante, el mayor apoyo que obtuvo en este territorio fue por parte de un grupo refugiado en la sierra al que pertenecía unos 600 hombres dirigidos por Ignacio Mori, Luis Matus y Luis Espinosa. A ellos se unieron otros 500 miembros de la tribu dirigidos por Sibalaume, que ya residían en la montaña.

A pesar de este gran apoyo que recibió Madero de este pueblo indígena, no faltaron los yaquis que lucharon para reprimir el movimiento revolucionario. Un grupo de 500 hombres liderado por Luis Bule, Francisco Urbalejo y Lino Morales, formó los batallones auxiliares que combatieron para el ejército federal. Además, a principios de 1912 los indígenas adheridos al movimiento maderista comenzaron a radicalizarse y alejarse del nuevo presidente. Su radicalización se debió a que éste, una vez en el poder, no cumplió las promesas que había hecho al pueblo yaqui de expulsar a los blancos de sus tierras y traer de vuelta a sus compatriotas de Yucatán.

Con la muerte de Madero en febrero de 1913, el ejército constitucionalista quedaba como principal autoridad en el estado de Sonora. Cuando Victoriano Huerta tomó la presidencia, las fuerzas federales continuaron la ofensiva, intentando controlar la zona. Sin embargo, después de varias tentativas, las tropas revolucionarias de Carranza vencieron y pudieron conservar el dominio. Fue en esta época cuando el jefe constitucionalista, Álvaro Obregón, pidió el apoyo de los yaquis, ofreciéndoles a cambio la restitución de sus tierras al final de la contienda. Éstos aceptaron y participaron junto a él en las batallas de Santa Rosa y Santa María, en donde el ejército huertista fue derrotado definitivamente.

Con el paso del tiempo, se hizo evidente que las promesas de Obregón quedaban en ilusiones. José María Maytorena, gobernador de Sonora de 1911 a 1915, era un político que desde comienzos de la revolución protegía los derechos de los habitantes del Valle del Yaqui, desde la facción maderista y carrancista. En 1914 declaró su ruptura con Carranza y se adhirió a Villa. Apoyado por los indios yaquis, emprendió varias batallas contra los constitucionalistas en el estado de Sonora. Pero, en abril de 1915 fue vencido en Anivacachi y se refugió a Estados Unidos. Su sucesor, Francisco Urbalejo, tras sufrir varias derrotas, se alió a los carrancistas. Por esta razón, muchos de los indígenas yaquis que combatían en su hueste cambiaron también de bando.

Cuando finalizó el conflicto, los yaquis seguían sin la posesión de sus tierras. Entre 1926 y 1927 se produjo la última rebelión consumada por estos indígenas contra las autoridades. Una vez aplastada la revuelta por aviones del gobierno, gran parte de la población fue deportada a Veracruz. Sin embargo, la guerra en el Valle del Yaqui había concluido y la historia pronto haría justicia a sus habitantes. En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas restituyó a la tribu gran parte de su territorio. Después de 400 años de lucha, destierro y matanza, los habitantes del Río Yaqui volvieron a disfrutar de nuevo de su tierra, libertad e identidad.

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