¨No vayas dócilmente hacia esa noche eterna”

Dylan Thomas

 Por: Octavio Díaz García de León

La idea: Para el SARS-CoV-2 no hay vacuna y no existe remedio. Sin embargo, se ha decidido abrir actividades económicas paulatinamente sin tomar medidas de precaución adicionales para la población. Con ello, probablemente la pandemia empeore. Quizá dentro de un año habrá vacuna y cura. Mientras, el número de muertes y enfermos seguirá creciendo, si no hay medidas para detener el contagio. No queda más que cuidarse cada quien y cuidar a los que nos rodean.

 

Las enfermedades provocadas por virus han estado con la humanidad desde hace siglos, propiciadas por las aglomeraciones (La mayoría se contagian por contacto directo entre humanos) al crecer la población urbana. Han causado millones de muertes a lo largo de la historia, pero es hasta hace unas décadas que han podido ser atendidas con éxito aunque sólo la viruela ha sido erradicada. Algunas aún no tienen cura ni vacuna, como el SARS-CoV-2.

A pesar de las circunstancias adversas que plantea este nuevo virus, algunos gobiernos tomaron medidas drásticas y oportunas y lograron contener la pandemia sin tener que cerrar las actividades productivas. Allí están los ejemplos: Corea del Sur, Taiwán, Vietnam, Nueva Zelanda, etc.

La receta exitosa es conocida: aplicación masiva de pruebas, identificación y aislamiento de los enfermos, seguimiento a los sospechosos que estuvieron en contacto con ellos, aislar a todas las personas que ingresen al país, etc. Resultado: no hay hospitales saturados, hay pocos enfermos, muy pocas muertes y no sufre la economía.

Otros países tomaron medidas inadecuadas, causando de paso grandes daños a sus economías. Hoy no les queda más remedio que abrir las actividades productivas sin haber logrado contener la pandemia.

En el caso de México, la estafeta ha pasado a las autoridades locales. La Ciudad de México ha iniciado un programa de aplicación de pruebas para detectar enfermos. En el resto del país, los esfuerzos y prioridades dependerán de la voluntad y capacidad de las autoridades locales, las cuales además, será muy difícil coordinar.

Por ejemplo, en Aguascalientes, con el retorno a la actividad de la industria automotriz y otras actividades esenciales, la movilidad de la población se ha incrementado y el riesgo de contagio es cada vez mayor. Habrá una saturación de hospitales y ante la carencia de atención médica, los decesos aumentarán.

Pero era de esperarse la apertura. Después de una pérdida de alrededor de 12 millones de empleos y de una recesión sin precedentes, ahora la prioridad es reactivar la economía. Así que, independientemente de cómo evolucione la pandemia, es probable que para agosto ya se hayan reanudado todas las actividades económicas e incluso la asistencia a las escuelas, aun cuando el número de enfermos siga creciendo. El precio en vidas humanas podría ser muy elevado.

Ante estas decisiones que privilegian a la economía, no queda más que tratar de cuidarse cada uno: primero, para evitar el contagio y luego, si se contrae la enfermedad, buscar la manera de maximizar las posibilidades de sobrevivir a la misma.

Según las cifras de la Secretaría de Salud, el 12% de los contagiados, fallecen. Visto positivamente, se tiene un 88% de probabilidades de sobrevivir la enfermedad. Estas probabilidades de sobrevivir disminuyen con los factores de riesgo conocidos: edad, obesidad, hipertensión, diabetes, inmunodeficiencia, etc…

Exponerse a contraer la enfermedad equivale a jugar ruleta rusa con una pistola que tenga una bala en un tambor con ocho recámaras. Nadie sensato querrá jugar a esa ruleta, aunque hay apostadores que les gusta el peligro.

Por ello, los que puedan seguir confinados es mejor que lo hagan. El contagio se da básicamente a través del contacto con otro enfermo. Como se sabe, el infectado puede ser asintomático, por lo que es mejor pensar que cualquier persona con la que se interactúe físicamente, puede contagiar, especialmente si esa persona no trae el aislamiento necesario como son cubre bocas, caretas o googles.

En caso de contraer la enfermedad las personas deberán encerrarse, avisar a aquellos con los que se haya estado en contacto, hacerse la prueba para determinar si los síntomas derivan del COVID-19, monitorear el desarrollo de la enfermedad mediante termómetro y oxímetro y de ser posible buscar consejo médico que ayude a sobrellevar la enfermedad.

Si los niveles de oxigenación bajan a niveles peligrosos (para eso es el oxímetro) acudir inmediatamente a un hospital con la esperanza de que haya lugar para que lo reciban y atiendan.

Si la pandemia se expande, como es de esperarse, debido a la renovación del contacto social que es el que transmite la enfermedad, cualquier autoridad o infraestructura sanitaria se podrá ver rebasada.

No queda más que cada quien se cuide, cuidar a la familia y estar atentos para ayudar al círculo de amigos y compañeros de trabajo. El protegerse contra la enfermedad ha quedado ahora en nuestra cancha, hasta en tanto no haya remedio y vacuna.

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