El mundo entero se conmovió con la noticia del presidente Raúl Castro que anunció el pasado 25 de noviembre pasadas las 10:30 de la noche, la muerte de su hermano Fidel Castro, el eterno ex comandante, ex presidente y líder de la revolución cubana. Quien fungió como referente del socialismo mundial, tras hacer de Cuba el primer país comunista en el occidente, realizando varias reformas de índole socialista a la par de violaciones masivas derechos humanos, específicamente a la libertad de expresión.
Con su partida, se abre para Cuba una histórica oportunidad para iniciar el camino hacia la democracia, la libre expresión de ideas, así como a la libre economía de mercado que tanta falta hace en un mundo globalizado. Los gobernantes y especialmente la oposición, tendrán que continuar con esa férrea lucha para abrir y respetar las libertades fundamentales, dando paso a un verdadero Estado de derecho con apertura regional y global.
Miles de cubanos lloran con nostalgia su partida y recuerdan a su líder revolucionario; sin embargo, son muchísimos más los cubanos que creen en la esperanza de una nueva nación. Recordemos que fueron muchos los cubanos que buscaron exilio en nuestro país y muchos más los que escaparon e inclusive nadaron a los Estados Unidos de Norteamérica, nación cuyas relaciones comenzaron a abrirse a partir de las acciones de Raúl Castro en conjunto con Barack Obama en este 2016 y hoy viven un futuro incierto tras la victoria de Donald Trump.
Naciones como Polonia y la ex Checoslovaquia, han logrado transitar con éxito a regímenes de apertura. Esas transiciones no fueron nada sencillas ya que los partidos comunistas que dominaban esas naciones mantuvieron por muchos años las esferas de incidencia del poder, incluyendo los servicios de inteligencia y redes de personal en la administración pública; sin embargo, el apoyo de la comunidad internacional y el amplio consenso interno aunado a la presión de la población fueron elementos que abonaron a superar todos los obstáculos y permitieron llegar a un régimen de elecciones libres y por ende democráticas.
En conclusión, la actitud que tomen los propios cubanos aunado al compromiso internacional son los principales factores que permitirán la renovación de los diversos poderes en las estructuras del Estado cubano. Lo mejor sería que fuera a través de elecciones, consolidándose esta acción como el primer paso que deberá llevar a cabo Cuba en su nuevo diseño gubernamental para que con ello puedan comenzar a implementarse diversos cambios en su andamiaje jurídico desde todas sus trincheras. Prácticamente, Cuba goza de la oportunidad que muchas naciones desearían para poder establecer toda una nueva ingeniería constitucional y regir su vida política tanto interna como externa; esperemos la sepa aprovechar.

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