Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Explicablemente porque el presidente López Obrador ya nos tiene acostumbrados a sus cambios de opinión casi tanto como a sus cambios de talante, que pueden ir de la afabilidad fingida, a la ira abierta o al enojo reprimido, explicablemente, digo, anunció y envió una iniciativa para modificar por enésima vez la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ahora para retractarse de la decisión original de que la Guardia Nacional fuese un cuerpo policiaco de formación militar pero civil, al mando de civiles. Como Morena (movimiento o partido, lo que sea) perdió la mayoría absoluta y no la alcanza ni con los votos de los partidos satélites y los parásitos como el Verde, el presidente tendrá que buscar la negociación o en su caso la coptación de los legisladores en número suficiente para poder lograr una mayoría que le permita el quórum para el cambio constitucional.

Si no logra negociar una mayoría, siempre podrá sacarse un as de la manga como el remiendo de última hora a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, que con un artículo transitorio pretende enmendar la constitución y dejar dos años más en una real reelección a su incondicional presidente de la Corte. El presidente ha mostrado su nulo respeto por la legalidad y su absoluto desprecio por las instituciones y desde luego por las personas que las encabezan o representan. El punto ha quedado claro una y otra vez. No hay más palabra que la suya, no hay más datos que los que él inventa a voluntad, ni más opinión válida que la que él expresa. Es un punto en el que no merece la pena desgastarse más, así es y así será mientras esté la frente del ejecutivo federal y los controles no operen o no les permita operar.

El punto de la Guardia Nacional es un asunto en el que vale la pena detenerse.

Desde su promulgación en 1917 la constitución federal preveía la eventual creación de una guardia nacional, como un organismo paramilitar eventual que pudiera integrarse para tareas extraordinarias que requiriesen la intervención de un cuerpo disciplinado con una formación y capacitación, así como valores cívicos, quizás por eso se pensaría en que pudiera constituirse con los ciudadanos que hubiesen pasado a las reservas del Servicio Militar Nacional, partiendo de un supuesto falso, que el S.M.N. sirviera para capacitar y formar a nuestros jóvenes.

La pésima decisión del presidente Calderón con su declaración de guerra al narcotráfico que luego transformó como “el combate al crimen organizado” tuvo varias consecuencias nefastas: la primera, la reacción previsible de los cuerpos delictivos que tienen una fuerte capacidad económica en un conocido mercado negro de armas; su armamento y su capacidad de fuego se incrementaron de manera proporcional a los del ejército; hubo necesidad entonces de incrementar también la capacidad de fuego, el armamento y el número de elementos, lo que convirtió al ejército regular en un formidable grupo frente a las Guardias Presidenciales que dejaron de ser equilibrio y contrapeso; al ingresar el ejército a tareas policiacas y combate al crimen organizado, también los hizo apetecer su rebanada de pastel, un pastel que hasta entonces era exclusivo de algunas policías.

Ya el presidente Fox había tomado una determinación que resultó desafortunada, durante su mandato se modificaron las leyes penales para dar participación en el combate al narcomenudeo a las policías estatales y municipales, lo que hizo que lo que era botín para jefes militares, para la policía judicial federal, con su tajada para la de Caminos que no le gustaba verla dioquis, tuviera que repartirse también con las policías locales.

La respuesta a la proliferación de los grupos delictivos y la violencia generalizada la quiso dar el presidente Peña con la creación de una policía federal que pretendió ser seleccionada y preparada para convertirse en un grupo de elite. Me tocó conocer de cerca los esfuerzos importantes para su preparación, incluso aquí, en nuestra ciudad existía, quizás todavía existe, un centro regional de capacitación en el que no se escatimaban esfuerzos en la capacitación técnica, formativa y física de la policía federal. Merece la pena señalar que la finalidad de la preparación policiaca nada tiene que ver con la finalidad de la preparación militar, ésta tiene la pretensión de combatir y aniquilar el enemigo y, ahora se le encargan tareas de apoyo a la comunidad, su función fundamental es la seguridad nacional. La policía tiene que velar por la seguridad pública. La desesperación del presidente AMLO ante la violencia y la inseguridad le hicieron voltear a lo que ha sido su paño de lágrimas: el ejército y ahora apostará, si logra el consenso del Congreso, a que sea el ejército el único órgano federal para combatir a la delincuencia organizada aunque, la decisión creará un vacío importante en cuanto a la necesidad de una policía judicial que esté a las ordenes del Poder Judicial y como auxiliar del Ministerio Público Federal.

Antenoche escuchaba al General Briseño del estado mayor de SEDENA que justificaba la incorporación de la guardia nacional al ejército, secundando la idea de que un militar se hiciera cargo de la policía y el ejército de la seguridad pública, diciendo que había países en los que el ejército había tardado 200 años en regresarles la seguridad pública a los civiles. Espero que no sea un anuncio ni mucho menos una amenaza. El mismo general señaló que tanto en el aeropuerto Felipe Ángeles como en el Tren Maya el ejército ha subcontratado a las constructoras. ¿Entonces? ¿Cuál es la razón de encomendárselas a las fuerzas armadas?¿La opacidad en el manejo de los dineros?

La realidad es que las fuerzas armadas han asumido tareas más allá de sus funciones legales, que cuesta trabajo explicárselo, a no ser que se justifique en un temor creciente de AMLO ante la generalización de la violencia, la debacle de la economía, la paralización del sector salud, el estancamiento de la educación, etc. que le hagan pensar en protestas y levantamientos.

¡Hasta el pueblo bueno y sabio tiene un límite!

No a la militarización del país.

 

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