Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En el ámbito educativo, siempre hay la obsesión por estar en primer lugar en lo que se emprende, en lo que se hace, o en lo que sea; aunque, en no pocas ocasiones, se dice estar en primer lugar, tan sólo, en el discurso o por decir algo. Es bueno tener esta aspiración, pero es mucho mejor presumir de algo después de haber obtenido excelentes resultados, no antes.

Cuando empezó la pandemia que padecemos, el entonces secretario de Educación puso en marcha (en medio de la desesperación) “Aprende en casa”, principalmente, a través de la televisión. Dos o tres días después de haber iniciado el programa, Esteban Moctezuma presumió que México era el primer país que ponía en marcha ese sistema novedoso, y que ya había varios países del mundo que querían replicar el modelo. La Secretaría de Educación, hasta la fecha, no ha realizado ninguna evaluación de “Aprende en casa”, vía televisión, para constatar resultados y avances; sólo existen algunos estudios de expertos independientes quienes han encontrado bajos niveles de aprendizaje en educación básica, rezagos preocupantes y muchos alumnos por desertar. La televisión, entonces, no fue la solución que se esperaba. El propio titular del Poder Ejecutivo federal, hoy reniega de los medios electrónicos al manifestar que en lugar de propiciar aprendizajes están “intoxicando” la mente de los niños; por lo que –dice- debe regresarse a las clases presenciales. ¿En qué quedó el programa de México que varios países querían replicar?

En años pasados, el Instituto de Educación manejó la información que Aguascalientes estaba en primer lugar en Matemáticas entre los que presentaron la prueba PISA; sin embargo, nunca explicó que este “primer lugar” era entre los países reprobados. Los primeros lugares fueron para los orientales y europeos; y entre los reprobados se hizo una reclasificación para conocer qué países estaban en condiciones peores y cuáles no tanto. Dos alumnos de Aguascalientes se ubicaron entre los no tan peores en reprobación y este hecho fue suficiente para anunciar, a bombo y platillo, que estábamos en “primer lugar”. ¡Qué falta de honestidad!

En otra ocasión, en una Olimpiada del conocimiento, un alumno de Aguascalientes, del sexto grado de primaria, obtuvo el primer lugar nacional. Ante este suceso, el Instituto de Educación se soltó declarando, a los cuatro vientos, que los alumnos de Aguascalientes eran los mejores del país, que estábamos en primer lugar de aprovechamiento escolar. En realidad era un alumno el del primer lugar y se generalizó la presunción, diciendo que todos los alumnos estaban en primer lugar. Además, se escondió la información que de los 25 mil alumnos de Aguascalientes que presentaron examen, en ese entonces, más del 60% reprobó. De éstos nadie aclaró.

Hoy se declara que Aguascalientes fue el primer estado en regresar a clases presenciales y que somos el primero y único estado en el que cerca del 100% de escuelas reanudaron clases. Si leemos los periódicos o escuchamos la información electrónica nacional, más de 20 estados dicen lo mismo. El primer lugar debería ser para el estado que logre, en los hechos, recuperar a los alumnos desertores; regularizar a los rezagados; y otorgar una educación de calidad pero a todos los alumnos, no a un “caballito de batalla”; y en el entendido que los resultados deben ser de una evaluación auténtica.

En síntesis, sí es bueno tener aspiraciones, como estar en primer lugar; pero estos deseos deben ser acompañados con proyectos viables; acciones reales y evaluaciones efectivas que demuestren resultados fehacientes, no simples declaraciones o discursos. Los resultados son los que dan fe de los avances. La lisonja, la adulación, la autocomplacencia, son simples engaños y negación a la mejora educativa. Deseamos estar en primer lugar, pero por resultados tangibles y perdurables.