La integridad de los procesos electorales es una condición indispensable para construir una democracia de calidad. Entre los diversos mecanismos que contribuyen en la verificación de la integridad de las elecciones, se encuentra la figura de la observación electoral.

La o el observador electoral es la persona facultada por la ley para observar los actos de preparación y desarrollo de un proceso electoral en todas sus fases, así como los actos que conforman la Jornada Electoral. La función puede ejercerse a título individual, pero también a través de grupos de acompañamiento o misiones por parte de organismos internacionales o de la sociedad civil.

La observación electoral es un mecanismo para obtener una visión externa, imparcial e independiente, que no pretende certificar políticamente las elecciones, sino acompañar a las instancias organizadoras para que, desde un punto de vista ciudadano, se detecten irregularidades y oportunidades de mejora de los procesos.

De igual forma, funciona como un catalizador de la transparencia institucional, ya que las instituciones se someten al escrutinio público por virtud de esta figura.

La observación electoral es una herramienta que enriquece el análisis y permite ofrecer recomendaciones puntuales sobre mejores prácticas, a través del uso y aplicación de estándares con un alto grado de unanimidad a nivel mundial y, en el caso de la participación internacional, otorga una perspectiva comparada. Asimismo, promueve el intercambio de buenas prácticas y abre la oportunidad de adaptar experiencias de otros contextos o sistemas para enriquecer la vivencia de la democracia de nuestro país.

Esta figura pretende conferir mayor credibilidad a los procesos electorales, a través del fomento de la confianza ciudadana en la institucionalidad y, con la generación de informes y evaluaciones, impulsar agendas de reformas con una visión preventiva y, en su caso, correctiva, orientadas a elevar la calidad de los procesos institucionales.

Inclusive, el ejercicio de la observación electoral puede llegar a ser un inhibidor de prácticas que inciten a la violencia o al fraude, pues las puntuales precisiones que se puedan generar de ella podrían coadyuvar para evitar conflictos posteriores que pongan en riesgo la estabilidad de los Estados.

Para participar como observador y observadora en el actual proceso electoral, es necesario presentar una solicitud, individualmente o a través de una organización, ante la Presidencia del Consejo Local o Distrital que corresponda a su domicilio o, en su caso, al Organismo Público Electoral Local respectivo o en la página observadores.ine.mx, a más tardar el siete de mayo, cumpliendo con los siguientes requisitos:

Tener la ciudadanía mexicana en pleno goce de los derechos civiles y políticos; no ser, ni haber sido miembro de dirigencias nacionales, estatales o municipales de organizaciones o de partido político alguno en los tres años anteriores a la elección; no ser, ni haber sido candidata o candidato a puesto de elección popular en los tres años anteriores; anexar a la solicitud una copia de la credencial para votar y asistir a la capacitación respectiva.

En este proceso electoral será particularmente relevante, porque además de observar las actividades de sus diferentes etapas, se podrá participar en la observación de las modalidades de voto anticipado, voto de las personas en prisión preventiva y voto en el extranjero.

En conclusión, considero oportuno reflexionar que la observación electoral se constituye como una posibilidad de participación ciudadana, que nos permite conocer, de primera mano, el desarrollo integral de los comicios, nos posibilita externar opiniones y deficiencias que como ciudadanía podamos advertir, y así, estaremos contribuyendo con nuestro granito de arena en la mejora de la calidad de nuestra democracia.