Rodrigo Ávalos Arizmendi

El presidente López Obrador, que gasta gran parte del tiempo en que debería de estar gobernando maquinando como tener el control político total de la nación no importándole para ello acabar con las instituciones que hasta ahora habían venido marcando la pauta para que, en primer lugar, la democracia fuera ejercida con nitidez y muy alejada de lo que antaño había servido solo como mecanismo para no soltar el poder, como lo fue, por ejemplo, en la elección de 1988 cuando vil y descaradamente Manuel Bartlett, hoy una de las principales figuras de la 4T, maniobró para robar, así con todas sus letras, la elección a Cuauhtémoc Cárdenas. Por ello para Cárdenas Solórzano fue una afrenta que su compañero de partido cuando militaban en el PRD, López Obrador, haya llevado a su equipo de trabajo al nefasto Bartlett Díaz como titular de la CFE, a sabiendas de su pasado priista y sobre todo de su nefasto actuar en contra de él que le significó ni más ni menos que no haber sido presidente de México.

Pero la situación cambió en lo referente a quienes habían de ser los árbitros electorales, al crearse un órgano constitucional autónomo encargado de regular los procesos electorales en el país. Y precisamente nace el Instituto Federal Electoral a consecuencia de los conflictos electorales de 1988, por no decir del descarado chanchullo que le aplicaron a Cárdenas. El IFE inició actividades en el año de 1990

Todo lo anterior se lo comento como preámbulo del tema a tratar, pues resulta que, contra viento y marea, y luego de dos derrotas electorales, Andrés Manuel López logró triunfar –y ser reconocido por la autoridad electoral- en la elección del 2018. A partir de que tomó posesión el presidente ha actuado como chivo en cristalería, y ha acabado con muchas de las instituciones que venían funcionando con efectividad en el país. Todo lo anterior a pesar de que ha sido en deterioro de la calidad de vida de todos los habitantes del país.

Para nadie resulta desconocido que el presidente es un ser rencoroso, que nunca pierde y cuando pierde arrebata. Y prueba de ello es que luego de no haber podido lograr que se aprobara la reforma energética en la Cámara de Diputados, ya tenía una propuesta de reforma política, la cual desde ahora le puedo decir que difícilmente va a tener la aprobación de una mayoría constitucional para poder ser aprobada.

A pesar de que la iniciativa tiene algunos aspectos positivos, el mero hecho de buscar transformar la naturaleza del INE, remover a los consejeros y buscar un nuevo nombramiento por medio del voto popular, ese solo hecho es tan peligroso y tan regresivo que generará que la reforma sea rechazada por completa. Si se aceptara que los consejeros del INE sean electos por el voto popular, pero que sean nominados por el Congreso, como dice la iniciativa, por el presidente de la República, ellos son los que nominan: El presidente y los partidos políticos desde el Congreso. Eso es regresarnos a los años cincuenta del siglo pasado, al momento en donde el INE era controlado por el Gobierno. Las elecciones eran organizadas por la Secretaría de Gobernación. Ahora López Obrador nos dice que quiere liberar a los consejeros del yugo de los partidos. Pero el método que propone es subyugarlos ¡muchísimo!, porque quien quiera ser consejero tendrá que ir a tocar la puerta de los partidos en la Cámara de Diputados o tendrá que ir a tocar la puerta de la oficina del presidente. Pues esos son los que nominan. Y luego tendrán que hacer campaña para ser electo consejero. Además, tendrán que reunir 10 o 20 millones de pesos para hacer campaña para ser electo consejero. Y también tendrán que pedir apoyo de gobernadores, de sindicatos y de partidos para que voten por ellos. Lo anterior, por sí mismo, es tan riesgoso que las cosas positivas, que sí tiene, palidecen frente a esto y en su conjunto la reforma es una mala noticia en caso de ser aprobada. Aunque casi se puede asegurar que no será aprobada, pero tendrá otras implicaciones muy negativas.

Si pudiéramos decir cuáles son las cosas positivas de esta propuesta de reforma, diríamos que la propuesta del voto electrónico es positiva; otra cosa es la reducción del número de regidores en los gobiernos municipales, es positiva; también la reducción del número del tamaño de los congresos locales es positiva, incluso hasta la eliminación de los tribunales electorales de los estados podría ser positiva e incluso la nacionalización completa de los comicios, mediante los cuales el INE sea el único organizador de todas las elecciones. Ya estamos a medio camino, pero ahora sería positivo completar esa ruta. Pero el tema del INE y el tema de desaparecer a los diputados de mayoría y hacer que todos los diputados sean plurinominales a través de la elección mediante listas estatales sería muy peligroso. Debo aclara algo en este tema, porque hay una mala lectura de que la iniciativa propone eliminar los diputados plurinominales, lo cual es falso. Lo que se elimina son los diputados de mayoría relativa y se propone que los 300 diputados, todos, sean plurinominales, pero elegidos a través de listas estatales. Este tema es un poco técnico, pero la consecuencia de elegir plurinominales a través de listas estatales es que al final se va a distorsionar la representatividad y van a empoderar al partido grandote y debilitar a los partidos pequeños. Dicho de otro modo: La representatividad en donde hoy se tiene la posibilidad de que partidos pequeños o medianos tengan asientos en el Congreso, los va a debilitar enormemente con este nuevo mecanismo para seleccionar a los diputados en México. El anterior es un tema que preocupa mucho.

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