Gerardo Muñoz Rodríguez

Hace algunos días, el presidente Enrique Peña Nieto decretó el banderazo de salida a la constitución de tres zonas económicas especiales en el país. El puerto de Chiapas, Coatzacoalcos y Lázaro Cárdenas-La Unión, que pasarán a la historia al convertirse en las primeras zonas bajo este enfoque en México.

A grandes rasgos, las ZEE escudriñan lograr atraer inversión, tanto nacional como internacional, a través de un esquema de estímulos para las empresas y poder destinarlos a una zona en particular, la cual no cuente con las mismas condiciones productivas que alguna otra dentro del mismo país. Con esto, se busca que la nación pueda estar en una mayor igualdad de condiciones que logre detonar su crecimiento económico.

Según datos de la propia presidencia de la república, las cartas de intención de los empresarios para formalizar inversiones en estas regiones, han alcanzado el mínimo aceptable y se espera que la inversión a realizar alcance más de 6 mil 500 millones de dólares y se generen alrededor de 12 mil puestos de trabajo, tanto directos como indirectos.

A su vez, el gobierno federal y los gobiernos locales han ofrecido una serie de incentivos económicos a estas compañías. Los dos principales serán: hacerse acreedoras a un descuento del 100% en los primeros diez ejercicios fiscales sobre el Impuesto Sobre la Renta y el 50% en los siguientes cinco años. En segundo lugar, se les aplicará una tasa del cero por ciento de Impuesto al Valor Agregado en sus compras nacionales.

Aunado a esto, existe un estímulo fiscal de 25% en su gasto de capacitación a trabajadores, un crédito fiscal de la aportación patronal y la eliminación de pago de derechos al adquirir un bien inmueble.

Con esto, se busca replicar modelos de ZEE que han existido en China o la India, en donde zonas marginales detenían la posibilidad de una mayor expansión económica. Sin lugar a dudas, la realidad de nuestro país presenta este contraste económico.

El norte-centro del territorio mexicano muestra considerables avances en los últimos años, mientras que el sur está hundido en el rezago económico, social, educativo, etc. Para muestra tan solo basta un antecedente. De 1980 a 2016 y con base en la información del INEGI, el producto interno bruto per cápita de todo el norte y el bajío, se incrementó en 54%, mientras que en el sur tan solo fue del nueve por ciento.

De esta forma, podemos ver cómo la idea de potencializar esta zona del país, pudiera representar mayores tasas de crecimiento para el país, volverlo más atractivo al mundo entero, lograr la creación de polos siderúrgicos, energéticos, petroquímicos, metal-mecánico; todos estos sectores con viabilidad en las tres zonas descritas previamente.

En el mundo entero, hemos observado cómo se han creado 4,300 zonas económicas especiales; obteniendo éxito tan solo el 0.01% de éstas. Así es, estimado lector, tan solo 50 han logrado generar la suficiente riqueza en la región objetivo que se ha logrado recortar la brecha de desigualdad en los países en cuestión. La tarea, además de ser considerada a largo plazo, no es sencilla.

Para lograr concretar el éxito de estas, no debemos cometer los mismos errores de basar exclusivamente los beneficios en incentivos fiscales o facilidades comerciales. Hemos observado también cómo el sur del país es la región que recibe mayor cantidad de recursos públicos en vías de mitigar la diversa gama de problemas que enfrentan. El resultado ya lo conocemos todos. Lograr atraer inversión privada que acentúe y perdure, es una de las claves del triunfo.

Debemos partir de un enfoque integral que contemple el desarrollo de infraestructura económica y social, el fortalecimiento del capital humano, disposiciones regulatorias para las empresas, apoyos a la innovación, certidumbre jurídica así como transferencia tecnológica, acceso al crédito productivo, un desarrollo urbano sustentable y otra serie de medidas encauzadas a elevar la productividad de las empresas y trabajadores en las ZEE e integrarlas con las economías de la región.

Twitter: @GmrMunoz