La eutanasia o como suelen llamarle “el buen morir”, es el derecho que tiene un paciente a decidir la forma y el momento de su muerte. En el sentido estricto consiste en ayudar a una persona gravemente enferma a tener una muerte humanamente digna en correspondencia con su voluntad y sus propias convicciones. La aparición de una tercera persona, que instrumenta la provocación de la muerte distingue a la Eutanasia del Suicidio Asistido, es decir, en la eutanasia es el personal sanitario quien administra el medicamento que provoca la muerte y en el suicidio asistido es el o la paciente quien se autoadministra el medicamento que otra persona le ha proporcionado.

Dependiendo de las voluntades en juego y para dirimir hasta qué punto el conflicto de valores y derechos es relevante es necesario distinguir que la eutanasia voluntaria ocurre cuando el paciente acepta que le suspendan los tratamientos que le prolongan la vida y/o solicita que se le suministren medicamentos que le produzcan la muerte, mientras que la eutanasia involuntaria se produce sin consentimiento, muchas veces por razones económicas, cuando los costos de manutención hospitalaria son insolventables, situación que resulta imposible de justificar desde el punto de vista legal y moral, a no ser que se defienda un humanismo incompatible con cualquier tipo de dolor o sufrimiento inútil y que, por esta razón, anule el valor o dignidad de la vida.

Son muchas las voces de médicos, juristas, pacientes y ciudadanos en general que se inclinan porque se legalice el derecho que tiene cualquier persona a decidir sobre su vida. El principal argumento a favor de la eutanasia gira en torno al derecho a una muerte digna, sin dolor y agonía; el argumento en contra está fundado en el hecho de que el médico tiene como función salvar vidas y no destruirlas. La polémica en torno al tema ha abarcado desde una Bioética basada en los Derechos Humanos, hasta sensibilizarlo optando por los cuidados paliativos el tiempo que sea necesario sin adelantar la muerte, hasta evidenciar la deficiencia de presupuesto, insumos y recursos para tal fin.

Mientras que en Bélgica, Luxemburgo, Colombia, Canadá, Nueva Zelanda, España y Países Bajos es permitida, en nuestro país está prohibida tanto en la Ley General de Salud como en el Código Penal Federal, sin embargo, si se quiere recurrir a la muerte digna, sí existe un ordenamiento jurídico mexicano que permite a enfermos terminales decidir continuar o no con tratamientos que prolonguen su vida, se trata de la Ley de Voluntad Anticipada. La Ciudad de México fue la primera entidad en aprobar esta Ley en enero de 2008, iniciativa que fue posteriormente aprobada en 14 estados más, siendo Aguascalientes una de las entidades que cuenta con esta regulación, disponible para su consulta en http://www.ordenjuridico.gob.mx/ambest.php.

No es necesario estar enfermo o sufrir un accidente para firmar la voluntad anticipada. De manera preventiva, cualquier persona mayor de edad puede hacerlo, acreditando su identidad, eligiendo a sus representantes y expresando su voluntad. El documento de voluntad anticipada es un instrumento, en el que una persona con capacidad de ejercicio y en pleno uso de sus facultades mentales, manifiesta la petición libre, consciente, seria, inequívoca y reiterada de ser sometida o no a medios, tratamientos o procedimientos médicos, que propicien la “Obstinación Terapéutica”, es decir la aplicación de métodos extraordinarios y desproporcionados de soporte vital en enfermos terminales o irrecuperables. La voluntad anticipada pareciera ser el camino hacia la eutanasia, pero no es así, la diferencia radica en sus formas de aplicarse, en la eutanasia existe una acción para provocar la muerte de la persona y en la voluntad anticipada hay un proceso de acompañamiento al final de la vida.

Con el único propósito de brindarles una reseña de la situación actual y exponer lo delicado, ético y controvertido que resulta este tema, en el contexto de que la muerte fuese un acontecimiento próximo, sea por causa de una enfermedad grave o de dolencias irreversibles de la vejez o de daños accidentales, en el cuerpo o en la salud, de pronóstico letal, mi reflexión es guiar la idea de proporcionar un beneficio para el paciente, pues la bondad es una virtud moral que nos une al prójimo sin contraprestación alguna, logrando con ello distinguir la eutanasia de todo otro acto criminal, o de justicia penal, o de abuso social.

Afortunadamente, el Derecho no vela por el bien individual sino colectivo, y, en un marco de una discusión abierta y plural, la eutanasia es un tópico que ningún Gobierno podrá eludirlo, tarde o temprano se tendrá que discutir en términos legales en México, asegurando que las instituciones, reglamentaciones y regulaciones sean suficientes y adecuadas con el propósito de morir tranquilamente cuando se sabe que ya no hay otra solución.

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