Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, arrancamos la semana con una noticia que ha acaparado la atención de la opinión pública internacional en los últimos días, me refiero al anuncio oficial de la «abdicación» del Rey Juan Carlos I de España. Por «abdicar» se entiende «renunciar al trono», por lo que este monarca español, después de un periodo de 38 años, ha decidido ponerle fin a su reinado. Recordemos que el Rey Juan Carlos, de 76 años de edad, asumió la Jefatura del Estado español el 22 de diciembre de 1975, dos días después de la muerte del nada célebre dictador Francisco Franco Bahamonde y atendiendo a lo dispuesto por la entonces vigente Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, que había expedido el mismo Franco en 1947 y que fue abrogada en el año de 1978.

Para entender el contexto del tema, debemos escudriñar la forma de gobierno que actualmente tiene España, a partir de su Constitución de 1978. Por principio de cuentas, el pueblo español se gobierna a través de una Monarquía Parlamentaria, la cual puede ser definida como «una forma de gobierno en la que el Rey ejerce la función del Jefe de Estado pero bajo el control del Parlamento (Poder Legislativo) y el propio Gobierno (Poder Ejecutivo), lo que significa que se encarga de reinar más no de gobernar». Sin duda, un sistema de gobierno difícil de entender para aquellas naciones que, en las últimas décadas o siglos, nos hemos inclinado por organizarnos a través del sistema republicano.

¿Por qué abdicó a la corona el Rey Juan Carlos? Las razones pueden ser muchas a la vez. Tal vez, el deterioro de su salud (ocho operaciones en los últimos cuatro años) o los escándalos en los que se ha visto involucrado él y la familia real (que van desde la caza de elefantes hasta actos de corrupción y enriquecimiento ilícito ventilados en los tribunales) o la alarmante crisis económica que vive España o la devaluación de la institución monárquica en este país y que va de la mano con los evidentes intentos separatistas de varias de sus provincias. En fin, que esta renuncia al trono era de esperarse debido a todos estos factores y, tal vez, éste era el momento adecuado para hacerla y así asegurar la transición de la Jefatura de Estado en favor de su hijo Felipe, actual Príncipe de Asturias y con 46 años de edad.

¿Qué sigue ahora? Una vez suscrito y entregado el documento de abdicación en manos del Presidente español, Mariano Rajoy, se debe atender a lo que dispone el artículo 57.5 de la Constitución española que dice que «en el caso de abdicaciones y renuncias relativas a la sucesión de la Corona deben tramitarse por Ley Orgánica», por lo que el Presidente Rajoy convocó a un Consejo de Ministros extraordinario, el cual, a su vez, aprobó y remitió al Congreso la Ley Orgánica mediante la cual se acepte la abdicación del Rey Juan Carlos, debiendo ser refrendada por éste último, trámite que, previsiblemente, de daría a más tardar el próximo 18 de junio, con el cual ya podría ser proclamado Rey a Felipe VI por las Cortes Generales y jurar el cargo ante el mismo Congreso, en un acto solemne pero al mismo tiempo discreto y austero, según se ha anunciado, tentativamente para el próximo 19 de junio.

Finalmente, la pregunta clave sería ¿si las monarquías actuales siguen estando vigentes y son necesarias para mantener la unidad e identidad de todo un pueblo? Una posible respuesta sería que, toda vez que existe un marco jurídico que regula el funcionamiento de estas monarquías y que éste limita severamente la actuación de los Reyes, es pues la tradición popular la que permite creer, en un terreno nostálgico y consuetudinario, la conveniencia de que las coronas sigan existiendo, muy a pesar de lo oneroso que resulta sostener económicamente la vida que llevan las familias reales.

En el caso concreto de España, muchos de sus ciudadanos han salido a las calles y plazas públicas para exigir la desaparición de la monarquía española, llevando como bandera principal la imagen depreciada del Rey Juan Carlos y su familia, así como la crisis económica que impera en el país. Todos estos movimientos sociales apuntan a la instauración de un régimen político republicano, a través del impulso de la llamada «III República». Todo lo anteriormente expuesto, me lleva a la conclusión de que la corona española ya no garantiza, en ninguna de sus vertientes, la cohesión del pueblo de España y considero que esta circunstancia se presenta, de forma similar, en la mayoría de los países en donde aún, al día de hoy, se conserva la institución monárquica.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención.Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo