Salvador Rodríguez López

Lo que en el beisbol se le denomina “período de estufa”, que se presenta en el intermedio de la conclusión de la temporada y el inicio de la siguiente, por aquello que es cuando se “cocinan” los cambios, bajas y adquisiciones de jugadores, en el sistema educativo estatal se aplica entre el cierre del año lectivo y el arranque del subsecuente con movimientos en el personal, pero también – por enésima ocasión – para afirmar que no habrá cuotas de inscripción.
Es un juego hasta cierto punto perverso, porque mientras los funcionarios sostienen que los padres de familia no tienen que pagar un solo peso para que se admitan a sus hijos, y hasta anuncian que habrá castigos “muy severos” a quien infrinja esta disposición, en la práctica sigue imponiéndose los cobros, que se califican como “voluntarios” pero quien se niega a pagar sabrá lo que le espera.
La ley prohíbe ese tipo de cooperaciones y sin embargo se exige en la mayoría de las escuelas públicas, de lo cual, lógicamente, se deslinda el Instituto de Educación de Aguascalientes (IEA), con el argumento que quien las lleva a cabo es la sociedad de padres de familia al determinar, mediante asamblea , la aportación, por lo que la dirección del plantel no tiene nada que ver, pero los papás que rechazan ceñirse a ese tipo de acuerdos pronto resienten, a través de sus hijos, los efectos por no haberlo hecho. La marginación es de manera sutil para evitar que pueda denunciarse maltrato, pero los niños perciben que por “algo” los hacen a un lado.
En función de lo anterior prefieren pagar la tristemente célebre cuota que entrar en pleitos interminables, a sabiendas que legal y moralmente es incorrecto, pero no hay otro camino, y que seguirá mientras las autoridades pregonen una cosa y se hagan las desentendidas cuando sucede lo contrario.
Es un problema que se registra desde que María Canica peregrinaba por ese mundo, cuando, antes de inscribir el muchacho o muchacha se tenía que pagar en efectivo, por lo que en colonias marginales y rancherías era común que los hijos no fueran a la escuela, o lo hacían con un atraso de dos o tres años, y sólo en contados casos se aceptaba el pago en “abonos”.
La célebre señora ya no vivió el cobro mediante pago bancario, que aún cuando fue más de lo mismo, el cambio fue que el dinero va a dar a una cuenta que maneja la directiva, pero tal parece que salió peor la medicina que la enfermedad, porque periódicamente se denuncia que alguien gastó o huyó con lo recaudado.
El único antídoto para acabar con todas estas cuestiones es eliminar, de una vez por todas, las cuotas de inicio de clases, porque además se presta para el abuso, y la mejor prueba está en el recurso que entregó hace dos años el gobernador Martín Orozco para que se le diera a cada padre de familia 200 pesos, con lo que recuperarían parte de lo que pagaron por la inscripción, pero a la hora de la verdad en varias escuelas no se entregó con el pretexto que se utilizó para mejoras del plantel, mismas que nadie vio.

TRAS UNA ESPERANZA
Aguascalientes, con su extensión territorial de 5,471 kilómetros cuadrados, que representa el 0.3% de la superficie total del país y con 120,000 hectáreas de temporal , que además registra en su capital dificultades crecientes para atender la demanda de agua entubada, ha mantenido la ilusión que el período de precipitaciones pluviales sea constante y no uno o dos años de cada diez, lo que ha motivado diversos estudios y propuestas que incluso, en la administración del fallecido gobernador Rodolfo Landeros Gallegos, se invitara a especialistas de Israel, pero no se logró trasplantar la experiencia de ese país a esta entidad.
Hoy, de nueva cuenta, renace el anhelo de alcanzar esa meta, luego que el profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), Martín Hernández Marín, dio a conocer que es factible reabastecer los mantos freáticos mediante la captación y aprovechamiento de agua de lluvia.
Detalló que en el diseño que hizo es posible captar, conducir, almacenar y darle uso al agua pluvial, a partir de la infiltración a las zonas acuíferas, mediante un contenedor conectado a un pozo con características geométricas adecuadas para el suelo de la entidad.
El estudio que realiza es parte de un proyecto del Departamento de Ingeniería Civil, en el que se plantea un sistema para ser instalado en techos de viviendas de interés social, por lo que las investigaciones fueron centradas en las condiciones de este tipo de fracciones urbanas.
La intención es que el agua que sea contenida por el dispositivo, además de pasar por los filtros del mismo, deberá escurrir por el suelo inalterado, por lo que se hicieron muestras de permeabilidad con terrenos limosos que son comunes en zonas adyacentes al Río San Pedro.
Hernández Marín sostuvo que “ahí, hay propiedades adversas para la filtración de líquidos, pero las evaluaciones concluyeron con resultados positivos en términos de transposición y pureza”.
Conjuntamente a las citadas pruebas, se llevaron a cabo cálculos de características que afectan el volumen y recorrido del agua hasta llegar al manto freático, como la valoración de geometría y su relleno utilizado en el pozo. Como parte de la investigación se analizó el estado del suelo o la superficie de las viviendas aptas para captar el líquido, así como el tiempo que tomará este proceso.
Para llegar a esas conclusiones, se incluyó un análisis urbanístico y atmosférico en el cual se observaron tanto el uso del suelo como la precipitación en las diversas franjas de la ciudad capital, que permitan establecer los espacios para llevar a cabo las construcciones que ayudaría a la recarga del acuífero.
Otro punto que trató el catedrático de la UAA fue sobre la creencia de que el agua de lluvia no cuenta con la calidad necesaria para su uso, por lo que se hicieron pruebas con espectrómetro de masas y los resultados de éstas “demostraron que los parámetros químicos del líquido pluvial en las azoteas, que ha pasado por los distintos filtros del sistema, superan considerablemente los requerimientos para considerarse apta, aún incluso de ser todavía más purificada naturalmente antes de su incorporación al manto subterráneo”.
El siguiente paso, para que el propósito cristalice, es que reciba el apoyo y seguimiento necesario, con lo que se asegure los cimientos de lo que puede ser la solución a uno de los mayores problemas que habrá a futuro, ya que el número de habitantes crece y será más difícil atender la demanda con el mismo caudal que existe en el subsuelo.

UN GRAN TRANCO
Aunque se quisiera rechazar que hay un crecimiento de problemas cerebrales, la realidad es que el estado tiene más situaciones de ese tipo, lo que involucra a personas de todas las edades, por lo que es loable el paso que acaba de dar la Secretaría de Salud (ISSEA), al inaugurar en San Francisco de los Romo la Unidad de Especialidad Médica de Atención Integral de Salud Mental y Adicciones (Uneme), que viene a ser un valioso auxiliar del Hospital de Neuropsiquiatría que funciona en la ciudad. Dará servicio a quienes presenten problemas emocionales, para prevenir actos delictivos, conductas antisociales, adicciones y violencia familiar, entre otras cuestiones. Clínicas del mismo tiempo ya trabajan en Jesús María y Calvillo y el propósito es que cada municipio tenga la propia que permita ampliar la cobertura en una de las ramas médicas que más requieren de atención y apoyo. Ojalá que dentro del programa se contemple tener en todos los centros la suficiente plantilla de psicólogos, para que atiendan las 24 horas del día cualquier consulta que se presente, lo que ayudaría a reducir el número de suicidios, que es de las principales asignaturas pendiente.