MirceaMazilu

Hoy se conmemora el 31 aniversario de la famosa masacre ocurrida en la Plaza de Tiananmén de Pekín. En la noche del 3 al 4 de junio de 1989, las tropas del gobierno chino dispararon a la multitud que allí se manifestaba en contra del régimen comunista de la República Popular China, ocasionando la muerte de cientos de personas. Aquel suceso, que sigue siendo hoy ocultado por las autoridades de este país oriental, representa el mayor ejemplo de la política represiva que se ejerce en el gigante asiático.

Al igual que el resto del mundo, China sufrió numerosas transformaciones a lo largo del siglo XX. La revolución que estalló en 1911 derrocó a la dinastía Qing, poniendo fin al imperio milenario, y proclamó la República de China, gobernada por el Partido Nacionalista del Kuomintang. Dentro de este régimen apareció el Partido Comunista Chino (PCCh), a la cabeza del cual se situó Mao Tse-tung. En 1927 estalló una guerra civil entre ambas facciones, que acabaría con la victoria de los comunistas y la proclamación, el 1 de octubre de 1949, de la República Popular China. Tras la derrota, los nacionalistas dirigidos por ChiangKai-Shek se vieron obligados a trasladar su gobierno a la isla de Taiwán, en donde permanece hasta nuestros días.

Los años en los que Mao Tse-tung estuvo al mando de la República Popular China (1949-1976), se caracterizaron, entre otras cosas, por la ausencia de libertades sociales, la persecución política y un sistema económico autárquico. Tras su muerte, la economía mejoró a partir de las reformas emprendidas desde 1978 por el nuevo líder Deng Xiaoping, al abrirse la entrada de capitales extranjeros. No obstante, la situación de los derechos civiles y políticos no presentó cambios.

A mediados de abril de 1989, bajo el gobierno del mismo Deng Xiaoping, miles de estudiantes se dirigieron a la Plaza de Tiananmén en Pekín, exigiendo mayores libertades sociales, como la libertad de reunión y la libertad de prensa, entre otras. Las protestas tuvieron su origen en la muerte de HuYaobang (15 de abril de 1989), un exlíder del Partido Comunista Chino que había sido defensor de la liberalización del país. A los estudiantes pronto se unieron los trabajadores y otros ciudadanos, convirtiéndose en la mayor movilización de la historia de la China comunista. Asimismo, las protestas se extendieron a otras ciudades del país y se prolongaron por varias semanas.

Ante esta situación, el gobierno declaró la ley marcial y envió tropas y tanques del ejército para sofocar la manifestación. En la noche del 3 al 4 de junio los militares abrieron fuego contra los participantes a la reunión pública en Pekín, tanto en la plaza de Tiananmén, como en diferentes calles y distritos de la ciudad.

No se conoce con exactitud el número de personas que murieron en esos ataques, pero se ha hablado de cientos e, incluso, de miles. Además, muchos de los que sobrevivieron fueron condenados a largos años de prisión. Hasta la fecha de hoy, el gobierno chino acalla los hechos ocurridos aquella madrugada, a través de un fuerte control sobre los medios de comunicación. Lamentablemente, la Masacre de Tiananmén sólo se conmemora en la isla de Taiwán y la región de Hong Kong.

Actualmente, China goza de una economía de mercado propia de los países capitalistas, que la ha convertido en la segunda potencia económica más grande del planeta. No obstante, sigue siendo un país no democrático en el que la represión continúa como principal herramienta para asegurar la subsistencia del partido único. El Estado ejerce un fuerte control policial sobre sus ciudadanos y persigue a todo aquel que critique al gobierno o desafíe los “valores del régimen autoritario”. Desafortunadamente, a 31 años de la masacre, Tiananmén sigue desatendiendo la voz de los mártires de aquella noche de junio.

mircea-mazilu@hotmail.com

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