Jesús Eduardo Martín Jáuregui

No se crean amables lectores y lectrices que no sentí ñañaras o algo por el estilo al teclear el título de este articulejo. Vivimos en circunstancia de grupos hipersensibles en que las palabras comunes, por obra y gracia de no se qué asociación o grupo o grupa, de repente regresan a ser arquetipos de la cosa (Borges dixit inspirado en el Sócrates del Cratilo de Platón) y les pretenden dar un peso especial peyorativo, por quién sabe qué atavismos o experiencias lastimantes, que hacen reaccionar negativamente a algunas personas, y sus reacciones suelen contagiar a sus comunidades.
Obviamente me refiero a las marchas que el día de ayer proliferaron en nuestro país y en particular en nuestra ciudad, organizadas por grupos “feministas” y, lo escribo también con la inquietud de si será políticamente incorrecto referirme a grupos feministas y no englobar a otros colectivos o colectivas, grupos o agrupaciones de personas o “cuerpos” que puedan sentirse preteridas.
Hace algunos años un grupo de “invidentes” me contrataron para constituir una asociación civil de apoyo mutuo, pero también de desarrollo de actividades que fueran fuente de ingresos. De entrada les propuse nombres para su asociación que tenían como distintivo la palabra “invidente”. Me dijeron: se va a llamar “Ciegos progresistas de Aguascalientes”. Ciertamente timorato les pregunté ¿por qué no invidentes? – Porque somos ciegos, licenciado, es lo que somos-. Huelga decir que fue una lección para mí, las palabras no tienen la carga que uno cree que tienen, sino que ésta se determina por el uso, por el contexto, por los antecedentes, por la teleología y en buena medida por el respeto con que las pronuncies. Tengo muchos amigos ciegos, unos que tienen las actividades tradicionales, otros que han incursionado en el estudio, algunos que son buenos deportistas, otros que andan en bicicleta y hasta hubo un grupo que tuvieron un taller de serigrafía y ¡son ciegos!
A mi me molesta que me llamen “joven”, me parece una absoluta falta de respeto, una burla. Entiendo que algunas personas lo hacen pretendiendo ser halagüeñas, pero en esa actitud subyace un juicio de valor que lamentablemente arrastra nuestra sociedad posmoderna: la juventud es un valor en sí misma, la vejez en una carencia y limitación en sí misma. Ninguna de las dos afirmaciones es absolutamente cierta. Recuerdo haber leído en alguna parte, quizás en el Selecciones del Reader’s Digest, que no faltaba en casa de mis papás, que un pintor realizó un retrato de la Reina Victoria de Inglaterra, en la que la representaba más joven y bien conservada de como en realidad se encontraba y se lo envió como un regalo. La Reina se lo regresó con una nota en que le agradecía el obsequio y le decía que no lo aceptaba porque “habiendo pasado muchas batallas en la vida, no quería un retrato que la representaba como si hubiera salido ilesa”. Nada me resulta más patético que una persona que no asuma su edad.
El día de ayer escuché la intervención de una representante popular, diputada o senadora, tan serviles unos como otros, en una intervención abogando por las reivindicaciones inconclusas de los grupos discriminados y pidiendo entre otras cosas que se reconociera el derecho al aborto, a la atención médica gratuita y apoyo sicológico no sólo a las mujeres, sino a los “cuerpos gestantes”. Admirado me hube. La ignorancia de la fulana me sobrecogió. La “Cohorte” de justicia de manera un tanto más discreta, aunque igualmente absurda en mi opinión, reconoció el derecho de las mujeres y las “personas” gestantes. Entiendo que por hacer referencia a una decisión de autor reconocerse y asignarse a un género, que quiero creer fue lo que la “representante popular” quiso decir, fulana que también ignora la norma oficial mexicana que obliga al personal médico de las instituciones hospitalarias a practicar gratuitamente y sin averiguaciones un aborto quirúrgico a quien manifieste la necesidad de que se le practique. Debo aclarar que la expresión “fulana” no tiene carga despectiva, es un recurso para referirse a una persona cuyo nombre ignoro.
Me interrumpió una llamada telefónica, pero regreso a tomar el hilo del articulejo. El verbo interrumpir por cierto, según un diccionario etimológico, (cortar la continuidad), viene del latín interrumpere (romper en pedazos y poner un espacio entre los pedazos) por eso me resulta curioso que al aborto le llamen eufemísticamente interrupción del embarazo, cuando realmente es una terminación abrupta.
El día de ayer me topé literalmente con la “marcha” en la calle Madero. Preguntón como soy, no quise perder la oportunidad, así es que entre gritos, arengas, cacerolazos (es un decir) alcancé a formular al azar algunas preguntas. Me sorprendió que hablaran de cambiar la legislación para que se aboliera el delito de aborto en los estados que aún lo conservan, me llamó la atención que se insistiera en lo de cuerpo o persona gestante, me preocupó que no supieran de la norma oficial mexicana a la que arriba aludí. La resolución de la “Cohorte” obliga a todas las entidades y autoridades: en México ya no existe el delito de aborto y aunque el texto se conserve en alguna ley, no se podrá aplicar. La norma oficial mexicana obliga a todas las instituciones públicas en cualquier lugar del país. Yo pienso que en el género humano (perdón por aludir a este concepto del árbol de Porfirio) sólo la hembra puede gestar como creo que sucede en la mayoría de los mamíferos y creo firmemente que los cuerpos no tienen derechos, los tienen las personas.
La marcha en Aguascalientes fue pequeña y hasta donde yo vi, bien portada. No entiendo el despliegue policiaco en el que incluso, poco antes del inicio de la marcha se encontraban carros del ejército. El derecho a manifestarse no debe sujetarse a cortapisas, como tampoco el derecho a la objeción de conciencia, atentar contra uno o contra otro, implica una actividad represora del estado que vulnera derechos fundamentales. Otra cosa diferente es que se tenga razón o que prospere la manifestación.
Aunque, hay veces, ¡Qué se le va a hacer!, que más de alguno recuerde el cuento del niño que quería el cuadrito.

bullidero.blogspot.com facebook jemartinj twitter @jemartinj