Rodrigo Ávalos Arizmendi 

 El domingo pasado los mexicanos observamos que el presidente López Obrador regresó a las calles. Demostró que lo suyo es eso: la marcha, la manifestación. Y para eso demostró también que se pinta solo. Como se esperaba, en la marcha que convocó por los cuatro años de la Cuarta Transformación dominó el desorden debido al evidente acarreo de simpatizantes hacia un Zócalo capitalino que en algún momento concentró a una gran cantidad de seguidores de la Cuarta Transformación y después, a la hora del discurso, poco a poco, la gente cansada, asoleada, comenzó a retirarse discretamente. El periódico Reforma el lunes hizo un recuento de la cantidad de autobuses foráneos que se utilizaron para transportar a los seguidores de Andrés Manuel López Obrador a la marcha. Reforma habla de 1787 camiones, a muchos de los cuales se les pagaron entre 5 mil y 70 mil pesos, dependiendo del lugar de donde procedían. El evento duró siete horas. Cinco horas cuarenta y cinco minutos de la marcha y el resto duró el mensaje o discurso con motivo de los cuatro años de gobierno. Los simpatizantes del presidente salieron desde la columna de la Independencia después de las nueve de la mañana. En la integración de contingentes se registraron algunos tumultos. Hubo jalones, empujones que fueron frenando el trayecto de Andrés Manuel López Obrador, quien llegó a la Plaza de la Constitución después de cinco horas con cuarenta minutos, casi seis horas, con mucho, mucho problema. Entre los asistentes a la marcha no podía faltar la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum; el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, y Marcelo Ebrard, Canciller de México, a quien, por cierto, escupieron.

La marcha parecía un acto de campaña. Desde las seis de la mañana llegaron las primeras organizaciones y, posteriormente, en medio de la desorganización que se evidenció con empujones y jalones entre elementos de seguridad, llegaron simpatizantes y medios de comunicación. El presidente arribó a las 9:15 en medio de un caos, e inició, entre empujones, la marcha. Y fueron casi dos horas para que el presidente recorriera el primer tramo de la glorieta del Ángel de la Independencia al cruce con Insurgentes. Luego de pasar la avenida de los Insurgentes, cerca del senado de la República, intentaron trasladar al presidente en un Jetta blanco debido a que la gente en el Zócalo ya estaba impaciente. Ante la molestia de la gente, López Obrador decidió caminar con ellos hasta el Zócalo. El presidente avanzaba en medio de vivas y consignas de “¡No estás solo!” Le gritaban. Y poco a poco avanzaba acompañado de gobernadores morenistas y legisladores. Luego de cinco horas llegó al Zócalo. Significativo fue que varios contingentes decidieron desintegrarse antes de llegar a la avenida Juárez. Quienes iban de provincia decidieron descansar buscando algún lugar con sombra y otros se fueron a realizar compras aprovechando su visita a la Ciudad de México. Ya en la Plaza de la Constitución, López Obrador comenzó el recuento de su cuarto año de gestión. Ahí lo esperaban miles de personas que soportaron los rayos del sol hasta donde aguantaron, porque mucha de esa gente comenzó a retirarse; ya no escucharon el discurso, que según algunos estuvo de flojera. Ante sus seguidores, López Obrador le puso nombre al modelo que aplica a su gobierno, le llamó “Humanismo Mexicano”.

Como resumen de lo acontecido el domingo pasado, se puede decir que fue una marcha organizada desde el oficialismo. Con presupuesto federal, con presupuesto de los estados y municipios, cosa que resulta muy cuestionable en términos legales, para de alguna manera responder a la marcha del 13 de noviembre; marcha ciudadana, improvisada, de ciudadanos y ciudadanas que salieron a defender la libertad, la democracia, las instituciones, los derechos, las libertades de todas y todos. Por lo tanto, me parece que la marcha del domingo pasado es una marcha de la “revancha” y de alguna manera también una marcha del miedo del Gobierno y del presidente de perder el poder. Del miedo que tienen a que se les conozca por quienes son, del miedo a que perdiendo el poder eventualmente sean enjuiciados por todos los desatinos y todas las ilegalidades que han cometido. Así mismo, esa marcha, la marcha del domingo, evidenció el uso de los recursos públicos en cientos de millones de pesos, los cuales deberían mejor haber sido invertidos en la salud, quimioterapias, medicinas, educación a la seguridad o para promover el empleo. Pero mejor se invirtió en ensalzar el ego de un presidente que quedó lastimado por una marcha eminentemente ciudadana, sin ningún acarreo, sin ninguna coacción de ningún tipo. Cualitativamente, más allá de los números de los asistentes a las marchas, fueron totalmente distintas dichas marchas. Una fue de libertad y la otra fue del acarreo. Eso nos da una idea de que está claro cuál de las marchas tiene más potencia moral y ética. Y cuál de las marchas estaba defendiendo las causas de la libertad y la democracia contra otra que estaba en la lógica del autoritarismo y de agrandar el ego de un presidente.

Lo anterior ha ahondado la polarización entre la población mexicana y se ahondan los extremos. Es la muestra de la marcha de una Cuarta Transformación que no ha hecho, pero sí ha deshecho. Es un gobierno sin resultados que está buscando distractores por todos lados. Que está por la vía del acarreo y de la coacción, de obligar a funcionarios públicos y de obligar también a beneficiarios de programas sociales a marchar para que se sienta bien el presidente. Un presidente, repito, herido en su ego por la marcha libre ciudadana de unos días antes. El presidente ha usado el púlpito presidencial para dividir a los mexicanos. Para polarizar y para atacar a algunos. Es líder de una facción. No es presidente de todos los mexicanos. Él está atizando contra millones de mexicanos todos los días y sólo es líder de una facción, de la cual se percibe que se está haciendo cada día más chica porque la gente está abriendo los ojos y está viendo que no hay resultados en la parte económica, social, de salud ni de educación. Tampoco hay resultados en lo referente a la seguridad. Para concluir, no hay resultados en ningún campo de la vida pública y, por otro lado, sigue la corrupción y el derroche, dándose una destrucción nacional muy grande. El presidente con su marcha del domingo pasado mostró que su marcha fue para dividir, atacar y denostar, lo cual es totalmente negativo para la marcha del país.