RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

El panismo en Aguascalientes está viviendo una lucha intestina por la presidencia del Comité Directivo Estatal. Este partido político desde siempre ha tenido la característica de no manejarse como el Partido Revolucionario Institucional en donde la línea – más conocida como el “dedazo”- siempre fue y ha sido su característica principal. Un amigo que militó por muchos años en el PRI y que luego de sufrir múltiples descolones en aras de cumplir una supuesta disciplina partidista, decidió abandonar la nave tricolor pues las oportunidades no se daban y a como se veía el panorama, por no ser hijo o pariente de un ex gobernador, o de uno de – como dice López Obrador- los machuchones del PRI, pues no lograría alcanzar un puesto ya no digamos de jerarquía partidista, sino algo decoroso. Este amigo definió perfectamente lo que es la disciplina partidista tricolor: “Militancia vergonzante”. Y sí, tiene toda la razón, pues hemos visto cómo el PRI se fue cayendo a pedazos por seguir con sus mismas prácticas elitistas en la elección de sus candidatos, así como de sus cuadros para la integración de sus comités tanto nacional como estatales. Siempre las mismas caras y también los hijos de papi.

En el PAN ha sido otra cosa. Los panistas no están acostumbrados a aceptar la línea ni mucho menos a ceder a las condiciones que les pueden marcar los funcionarios encumbrados en cargos como presidente de la República, gobernadores, alcaldes, senadores, diputados, etc. No. En el PAN las camarillas, porque sí existen igual que en otros partidos, se manejan según sus intereses y no se intimidan si van en contra tanto del presidente de la República o de sus gobernadores. Y Aguascalientes no es la excepción. La lucha fratricida tiene ya varios años de suscitarse, aunque en este sexenio ha sido más fehaciente. En el sexenio de Felipe González la animadversión del gobernador a Luis Armando Reynoso, lo mismo que de Reynoso a Felipe González, era evidente. Si por Felipe González hubiera sido, Luis Armando no hubiera sido el gobernador. Sin embargo, Felipe fue un gobernador que en todo su sexenio no se entrometió en asuntos partidistas. No trató de influir en las diferentes candidaturas para colocar a gente suya. Incluso es una falacia lo que algunos han dicho de que quería dejar como su delfín a Miguel Ángel Ochoa en la gubernatura. Uno o dos meses antes de que empezara el rejuego por la candidatura al Gobierno del Estado, en una ocasión al mediodía, como a la tres y media de la tarde, iba yo saliendo del Palacio de Gobierno, pues trabajaba en el área de la secretaría particular. Al salir me di cuenta que venían bajando por las escaleras el gobernador Felipe González acompañado de su secretario particular Víctor Eljure, así como de Miguel Ángel Ochoa que era el director del Instituto de Educación de Aguascalientes y junto con ellos el Capitán Francisco del Toro, que era su jefe de ayudantía. Cuando me vio el gobernador me dijo: “Véngase Rodrigo, lo invito a comer”. Y me sumé al grupo. Caminando cruzamos la plaza de armas para seguir por toda la calle 5 de Mayo. Íbamos al Restaurante El Campeador. Cuando pasamos por el mercado Terán varios de los locatarios al ver a Felipe se acercaron a saludarlo. Algunos aprovecharon el momento que él se paró a platicar con ellos para ir a sus negocios por algunos recibos de luz y de agua para solicitarle que les ayudara a que les rebajaran algo en los cobros. Los amigos del gobernador se veían contentos de estar con él, sobre todo los más cercanos a él, que casi presumiendo le hablaban de “tú” al Jefe del Ejecutivo. Felipe seguía siendo el mismo de siempre pues siempre se ufanaba de ser del MT -Mercado Terán-. Ya en el restaurante comimos en uno de sus reservados. El gobernador, como siempre, tenía una plática muy amena. No había instante que no fuera agradable. Luego de comer a la hora de tomar un buen café para la digestión, empezamos a hablar de la política en Aguascalientes. El tema estaba bueno pues como menciono líneas arriba, estábamos a poco tiempo de los lanzamientos de las candidaturas. Felipe estaba sentado enfrente de Miguel Ángel Ochoa y yo al lado de Ochoa. Y de pronto, así a boca de jarro Felipe le preguntó a Miguel Ángel: “Y usted -porque siempre le habló de usted- Doctor, ¿No se va a lanzar por la candidatura? Miguel Ángel Ochoa se sorprendió por la pregunta, pues no se la esperaba y sin salir completamente de su asombro le contestó que no lo había pensado con seriedad ni detenimiento, pero que sí le gustaría. Felipe le dijo: “Pues si la va a buscar ya debe de irse preparando para buscar la nominación”. Ochoa respondió que sopesaría sus posibilidades. Sin embargo, Felipe nunca le dijo que él lo ayudaría a conseguir la candidatura. Felipe sabía que gobernador no pone gobernador y en el caso de Felipe ni siquiera pudo vetar, pues no quiso meterse para nada al proceso. Ni para bien ni para mal. Lo demás que se diga sobre que Felipe trató de poner a Ochoa de candidato no es verdad. Siempre fue respetuoso de las decisiones de su partido, a pesar de que hubo algunos colaboradores cercanos que le pedían interceder por ellos para alcanzar alguna candidatura, aunque fuera de regidor.

En la actualidad estamos viendo cómo se está peleando la presidencia estatal del PAN de una manera quizá nunca vista. Las fuerzas que se están enfrentando son de alto nivel pues los dos candidatos fuertes del PAN a la gubernatura están apoyando a su respectivo gallo: Tere Jiménez a Javier Luévano Núñez y Toño Martín del Campo a Alfonso Jurado. Esta elección será clave principalmente para Toño Martín del Campo, quien está buscando con todo alcanzar la candidatura a gobernador luchando, como se ha podido ver, contra todo el aparato nacional panista.

No hay que desconocer que la política no es línea recta ni tiene palabra de honor. La política en ocasiones es pródiga y dadivosa hasta sin límites. Paga a quien no le debe y obsequia a quien no lo merece. Mientras que, en otras, es díscola y avara hasta sin pudor. Regatea a quien le debe y le niega a quien lo merece. Por eso, el hombre de sensatez debe tener presente que en política no hay nada seguro. Actualmente vivimos una época parda, donde el mérito no cuenta, el talento es estorbo y la honradez bagaje inútil.