Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

A finales de los 50’s, el lingüista ruso Roman Jakobson definió los procesos de comunicación mediante un esquema que incluye las funciones del emisor (quien expone el mensaje), la naturaleza misma del mensaje y el receptor (quien lo recibe). Este proceso sustenta todo tipo de interacción humana, brindando contexto y profundidad al cotidiano envolviendo en capas signicas todo lo que tengamos a bien exponer verbal, fonética, corporal o visualmente. Somos entes diseñados para la comunicación, proclives en su uso y astutos para expandirla a conveniencia sociocultural. «La Llegada”, el más reciente filme del absorbente director franco-canadiense Denis Villeneuve (“Enemigos”,” Sicario”), no sólo marca su debut en el género de la ciencia ficción, sino que echa mano con competencia y propuesta de dichos componentes lingüísticos para conformar una película que destila belleza tanto en sus imágenes como en su construcción narrativa, explorando la naturaleza humana partiendo de ese elemento esencial para su expresión: el lenguaje.
La cinta presenta desde sus primeras imágenes, la voz y tribulaciones del personaje principal, una lingüista reconocida llamada Louise Brooks (Amy Adams), de mente brillante pero alma opacada por la muerte de su hija víctima del cáncer. Su trabajo en su ramo la ha llevado a trabajar para el gobierno norteamericano como traductora de idiomas foráneos y quebrantadora de códigos para la milicia. Por ello, cuando 12 naves con forma ovoide se posan misteriosamente de la noche a la mañana sobre diversos puntos del planeta, es a ella a quien recurre el Coronel Weber (Forest Whitaker) para que descifre el cacofónico idioma de los extraterrestres y logre averiguar el propósito de su visita, la calidad de sus intenciones y cualquier otra información que revele señales sobre su identidad. Para asistirla se encuentra un físico experimental llamado Ian Donnelly (Jeremy Renner), quien la acompañará a las entrevistas con los seres siderales, los cuales poseen una amorfa apariencia tentacular y cuya base para el diálogo es la controlada emisión de gas negro expulsado por sus palmas que toman formas ideogramáticas para que la Doctora Brooks las decodifique, viéndose presionada no sólo por tratar de conocer la identidad e intenciones de los extraterrestres, sino por la creciente tensión de los gobiernos extranjeros quienes, al no saber qué ocurre con los extraños visitantes, se muestran cada vez más ávidos en atacar, lo que produciría eventos funestos si acaso los extraterrestres fueran benévolos.
La cinta concentra de forma muy atinada su exploración dramática en la desgastada psique de la protagonista, mostrando apasionadamente la detallada construcción del idioma alien (sustentada en los trabajos de teóricos y filósofos de la comunicación como Jakobson, Eco, Shannon y Adorno) a la vez que se muestra cómo el acercamiento a esta experiencia le permite a ella conocerse a sí misma. Villenueve es claro y preciso en el empleo de sus herramientas simbólicas para semejar la deconstrucción del lenguaje como un arma para la reconstrucción del espíritu, sin apoyarse en fórmulas o chantajes emocionales, permitiendo que las emociones fluyan con mucha naturalidad, contrastando lo que Christopher Nolan pretendía con “Interestelar”. El factor humano no penetra inadecuadamente la exploración metafísica que la ciencia ficción provee y ambas coexisten en un relato sumamente conmovedor permeado de tristeza irremediablemente humana. Todos estos componentes logran unirse gracias sobre todo a la argamasa que es el fenomenal cuadro de actores en particular. Además con una actuación de gran pathos y voz modulada que no hace más que humanizar lo que en otras manos hubiera sido un arquetipo melodramático.
“La Llegada” no solo es uno de los mejores filmes estrenados en el ocaso del 2016, también es la muestra de que, con el manejo de un cineasta comprometido con su oficio y arte como Villeneuve, la gramática de un género tan desgastado por lo banal como la ciencia ficción aún puede proveer esos viajes para los que fue diseñado, aún si la travesía es hacia el interior del ser humano y no a las estrellas.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!