Dra. Yolanda Hernández Álvarez

Las artes tienen la facultad de mejorar la calidad de vida de las personas y comunidades, han sido una herramienta potente para impulsar el desarrollo emocional e intelectual de quienes encuentran en la expresión artística un lenguaje y un vértice desde donde comprender el mundo y conectarse con los otros. A pesar de esto, las múltiples expresiones de la cultura todavía no escapan de los efectos de la desigualdad, y los excluidos en nuestro país se encuentran marginados de participar en la construcción simbólica de la sociedad. Las barreras de acceso a la cultura son múltiples y en el campo del arte estas barreras se ven dramáticamente reflejadas. Desde el acceso a la infraestructura hasta la falta de formación artística, impiden que parte de la población se aproxime de manera comprensiva a una obra visual, no pudiendo acceder al goce estético y a la expresión artística.

Hablar de expresión es referirse a una capacidad propia del ser humano, nacemos dotados de esta capacidad, pero desarrollarla depende del proceso de aprendizaje. Apropiarse del lenguaje visual, servirse de él, como vehículo para la expresión y comunicación en sentido amplio, no significa acumular experiencias y conocimientos por más ricos que éstos sean, sino el proceso por el cual estos conocimientos y experiencias nos permiten construir significados acerca del mundo que nos rodea y comprender lo que ese mundo significa para otros seres humanos, es decir, ampliar las posibilidades de la condición humana.

La Casa de la Cultura se fundó en 1967 y en 1977 se estableció el Centro de Artes Visuales, por lo que era urgente y necesario abordar la educación superior en las artes. En el año 2001 se comienzan los primeros planteamientos para la Licenciatura en Artes Visuales (LAV) del Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA) como un antecedente de lo que hoy es la Universidad de las Artes, siendo Director el Lic. Alejandro Lozano Moreno en su gestión de 1998 a 2004 y Directora de Enseñanza la Lic. María Guadalupe González Marmolejo. Fue un gran esfuerzo convencer a las autoridades para emprender este proyecto que fructificó en 2002 con el ingreso de la primera generación, cuyo objetivo fue incentivar la profesionalización artística.

La LAV nace y se expande como escuela de educación superior a partir de dos grandes tendencias del desarrollo artístico: el arte de vanguardia como una comprensión actualizada y en constante búsqueda de lo que es el ser humano en su contexto social y personal; y el mercado de la cultura de la imagen, cuyo desarrollo y proyección estratégica influye directamente en el crecimiento económico de las sociedades contemporáneas. Es, sin duda alguna, una escuela de estudios superiores que responde al conocimiento especializado de la imagen cuyo perfeccionamiento impacta en la comunicación humana y sus respectivos alcances dentro de la sociedad global.

El Licenciado en Artes Visuales es un profesionista con un sentido humanista en la reflexión crítica, capaz de desarrollar propuestas visuales con dominio en el manejo de los materiales, técnicas y disciplinas formales del dibujo, pintura, escultura, grabado y arte digital, aportando recursos de vanguardia. Es un profesional que interactúa con otras áreas, promoviendo la estética y la preservación cultural, dando valor a la identidad nacional en el ámbito de las artes.

Conformar un currículo adecuado fue un reto enorme, buscar un espacio para comenzar, otros para proseguir a la entrada de más generaciones, y contar con los maestros idóneos. Así que durante dos años, de 2002 a 2004, me hice cargo del MAC8 y de la fundación de la LAV, la cual coordiné durante 6 años hasta 2008. Se trabajó en el programa de estudios que originalmente contaba con un curso propedéutico y diez semestres de carrera, los cuatro primeros de tronco común y los seis restantes de especialidad; se propusieron cuatro especialidades: pintura, gráfica, escultura y docencia en las artes visuales.

Desde el principio se establecieron campos de acción profesional: la producción, la difusión, la crítica, la docencia y la investigación en las artes visuales. La carrera se propone incorporar adecuaciones y modificaciones que a su vez no alteren el sentido original de la formación artística; enfatiza el proceso teórico-práctico como unidad de la enseñanza y busca reubicar y actualizar al profesionista visual desde su capacidad productiva. Durante sus primeros años, la LAV tuvo una amplia difusión e interés social, ya que la masificación de las nuevas tecnologías de multimedia atraía a una inquieta y creativa población estudiantil.

Algunos colegas del ICA proponían que las clases teóricas fueran en el MAC8 y los talleres en el Centro de Artes Visuales, a lo cual me opuse, ya que tenía que ser en un solo espacio donde se recibiera toda la instrucción. Por lo que se buscó un lugar muy amplio para el curso propedéutico inicial, encontrando en el Centro de Artes y Oficios la nave abandonada en la que fue el taller de alta temperatura del maestro Humberto Naranjo. Se adecuó de manera precipitada en la que tenían que abordarse las clases teóricas y prácticas y se invitó a los primeros docentes a participar, trabajando en ella durante el propedéutico y los dos semestres iniciales, pero fue insuficiente para la entrada de la segunda generación.

Por lo que se comenzó de nuevo la búsqueda de espacios, encontrando en la antigua sede de Petróleos Mexicanos una nave ideal para acondicionar y dar cabida a varias generaciones. Ya se encontraba en ese espacio INAGUA, pero al fondo estaba el almacén que se ocupó y se fue acondicionando poco a poco gracias al gran apoyo del Lic. Francisco Ángel Cruz, Director Administrativo del ICA, hasta dar cabida a la cuarta generación que realizó sus estudios mitad en PEMEX y mitad en su sede definitiva inaugurada en 2008, y que ocupa hasta la actualidad en el Complejo Ferrocarrilero Tres Centurias.

En los primeros años de la LAV se enfrentaron una cantidad importante de desafíos que debían superarse, el principal a mi consideración era que se debía habilitar un alto porcentaje de la planta docente, la cual carecía de título profesional en el área, para impulsar la capacitación de la totalidad de sus profesores. En ese sentido se proponía que la educación se involucrara, de manera activa, a través de la creación de programas de nivelación para maestros; se promovieran propuestas de formación continua que repercutirían en la planta docente, para desarrollar proyectos de investigación y generar conocimientos que impulsaran una enseñanza de las artes integral y de calidad. Esas acciones contribuirían a la mejora de la educación artística y repercutirían en seres humanos más sensibles, creativos y críticos. Desafíos que no pude concluir, porque en 2008 me fue dada otra encomienda, pero el paso del ICA a la educación superior, estaba dado.