Luis Muñoz Fernández.

La democracia siempre es una obra en construcción, es más un proceso dinámico que una condición acabada y, como la vida misma, adolece de una gran fragilidad que la pone en peligro con retrocesos encarnados en la tentación autoritaria y la intromisión de la religión en la vida pública.

En México se ha librado una lucha secular, a veces sangrienta, para acceder a la senda de la  democracia. Según Roberto Blancarte, miembro del Colegio de Bioética y experto internacional en laicidad y secularización, “el más reciente de los esfuerzos en esta histórica construcción es el establecimiento del principio constitucional de la república laica” (La república laica en México. Siglo XXI Editores, 2019).

Esto se formalizó con la reforma al artículo 40 de la Constitución, que entró en vigor el 1º de diciembre de 2012 con el siguiente texto: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal…”. La reforma consistió básicamente en la introducción de una palabra: “laica”. Parece una modificación insignificante y, sin embargo, es muy importante. ¿Por qué? Roberto Blancarte lo expone con claridad meridiana:

El ideal de una República laica es que todos los ciudadanos, independientemente de su condición social, su género, su condición étnica, sus preferencias sexuales, sus creencias religiosas y sus convicciones políticas, puedan vivir en paz y en armonía, disfrutando al máximo de sus derechos y libertades.

Es oportuno y adecuado partir de la Declaración universal de la laicidad en el siglo XXI, redactada en 2005 por Jean Baubérot (Francia), Micheline Milot (Canadá) y Roberto Blancarte (México), que define la laicidad como:

La armonización, en diversas coyunturas sociohistóricas y geopolíticas, de los tres principios ya indicados: respeto a la libertad de conciencia y de su práctica individual y colectiva; autonomía de lo político y de la sociedad civil frente a las normas religiosas y filosóficas particulares; no discriminación directa o indirecta hacia seres humanos.

Hoy en México y en otros países la laicidad se encuentra seriamente amenazada. Dice Blancarte: “en los tiempos actuales, por lo demás, la histórica resistencia a la laicidad, alimentada por el pensamiento conservador y tradicionalista, se ve reforzada por lógicas populistas, nacionalistas y xenófobas. Todas ellas conspiran contra el espíritu de pluralidad, globalidad y apertura, propio de los regímenes laicos, establecidos precisamente para responder a realidades sociales que ya no son culturalmente monolíticas”.

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