Mircea Mazilu

Casi un año después de la batalla de Puebla, acontecimiento que ya fue narrado en la presente columna, los franceses volvieron a atacar el territorio mexicano. La capital del país cayó en manos de los invasores en el mes de junio de 1863, obligando al gobierno de Benito Juárez a refugiarse en San Luis Potosí y, después, en El Paso (hoy Ciudad Juárez). Los galos convocaron una asamblea de notables, la cual proclamó el imperio en el mes de julio de 1863. El elegido para ocupar el trono fue Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador de Austria de aquél entonces: Francisco José.

Maximiliano aceptó la oferta en abril de 1864 y llegó al puerto de Veracruz el 28 de mayo de aquel mismo año. Allí no fue recibido con mucha calidez, pero en el camino hacia la capital despertó más admiración entre los mexicanos. Pues, muchos lo veían como la solución a varios de sus problemas, especialmente los conservadores, quienes soñaban con volver a tener el poder.

No obstante, una vez en el mando de México, Maximiliano I aceptó las Leyes de Reforma, desengañando a los defensores del orden y los valores tradicionales, quienes no tardaron en retirarle su apoyo. Los liberales radicales, por su parte, rechazaron el nuevo gobierno, al considerar que la invasión francesa y la consecuente restauración del imperio habían atentado contra la soberanía nacional. De esta manera, el emperador sólo recibió el apoyo de los liberales moderados y la camarilla de franceses instalada aquí.

El 10 de abril de 1865 promulgó un Estatuto Provisional del Imperio Mexicano, que declaraba la monarquía moderada como forma de gobierno y aseguraba a las personas la igualdad ante la ley, la propiedad, el ejercicio de su culto y la libertad de publicar sus opiniones. Asimismo, aprobó una ley agraria y de trabajo que hacía mención a la devolución de las tierras a los indígenas y la prohibición del castigo corporal, entre otras cosas.

A la corta regencia de Maximiliano I se le debe el embellecimiento de la Ciudad de México, el cual se logró a través del alineamiento y alumbramiento de sus calles, la renovación del Castillo de Chapultepec y la creación de lo que más tarde se convertiría en el Paseo de la Reforma. Asimismo, en este periodo se impulsó la investigación científica y se fundaron escuelas y academias. Por último, el emperador trató de desarrollar la economía nacional, destacando la apertura del banco comercial conocido con el nombre Banco de Londres, México y Sudamérica.

A finales de 1865 el gobierno de los liberales radicales, instalado en el norte del país, recibió una importante ayuda financiera de Estados Unidos para formar un ejército y reconquistar el país. A partir de ese momento, los republicanos pudieron avanzar hacia el sur y ocupar en poco tiempo prácticamente todo el territorio nacional. El 16 de mayo de 1867 Maximiliano fue aprehendido en Querétaro y posteriormente enjuiciado y condenado a muerte. Finalmente, el emperador fue fusilado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, junto a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

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