Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

 Los niños, niñas y adolescentes representan el sector de la población más vulnerable y propicio para ser alcanzado por las actividades ilícitas y el mundo digital, el mismo que ofrece incontables beneficios y oportunidades, también multiplica ampliamente los riesgos a los que se ven expuestos. Los delincuentes sexuales, y otras personas que cometen delitos en contra de menores de edad, descubrieron hace mucho tiempo que las tecnologías digitales les ofrecen la capacidad de producir imágenes ilegales de niños, compartir y comercializar estas imágenes con personas con los mismos intereses, organizar, mantener y aumentar el tamaño de sus colecciones. Consumir este tipo de material, consolida una de las mayores y más vergonzantes lacras de la especie humana: los pederastas. Y la obtención de estos materiales supone una vulneración de los Derechos de la infancia y de la adolescencia: convierte a las personas menores de edad en mercancías.

El término “pornografía infantil” suele ser utilizado para referirse a una situación consensuada entre personas adultas que participan en actos sexuales que posteriormente son distribuidos al público para su satisfacción sexual, sin embargo, en concordancia con los movimientos globales más recientes y el consenso internacional, el término ha sido reemplazado con Material Sobre Abuso Sexual Infantil (MASI), debido a que describe de forma más adecuada la verdadera naturaleza de las imágenes de Explotación Sexual Infantil de víctimas que nunca podrían ofrecer su consentimiento. El MASI incluye, aunque sin limitarse sólo a ello, cualquier representación, por cualquier medio, de un menor de edad participando en actividades sexuales explícitas reales o simuladas o cualquier representación de sus órganos sexuales con los mismos fines, es decir, imágenes o videos que muestran situaciones de abuso y explotación de menores de edad.

Lo cierto es que la realidad es terca: a pesar de la penalización, estos delitos siguen su crecimiento imparable. Han sido una barra libre difícil de regular, aunque parece razonable considerar que si hubiera “voluntad política” se lograría. Las redadas policiales contra la pedofilia y pederastia podrían ser comparables a las que se hacen contra las drogas: indican la gravedad del problema, pero están muy lejos de controlar las causas estructurales del mismo.

Un estudio de la Fundación de Vigilancia del Internet del Reino Unido (IWF, por sus siglas en inglés) del 2018 sobre la distribución de estas imágenes capturadas demostró que, de 2.082 imágenes y capturas de video, el 98% presentaba a niños de 13 años o menos, mientras que el 33% de las imágenes mostraban actividad sexual entre adultos y niños, incluyendo violaciones y torturas sexuales. Independientemente de la veracidad o no de esos datos, lo cierto es que estamos hablando de vídeos, crudos y desgarradores, donde se abusa y explota a menores, ya que no hay consentimiento en ningún caso, ni cabe plantearse que exista esa posibilidad. Es menor y es delito. Y punto.

Aunque es difícil determinar la cantidad exacta de víctimas, los efectos de las víctimas conocidas son incalculables y con largo alcance, con graves efectos y repercusiones en el desarrollo psicológico y el bienestar de los menores, con un impacto negativo en su futuro. Combatir los delitos de abuso/explotación sexual infantil tanto en nuestro país como en el extranjero es una tarea de enormes proporciones, por un lado, la armonización de las leyes es fundamental para atacar de manera eficaz este fenómeno internacional, y por otro, muchos padres y madres no son conscientes de la necesidad de hablar con sus hijos e hijas de todas estas cuestiones que tienen que ver con la sexualidad, con fenómenos como la pornografía o el grooming, agobiados por preguntas de este tipo: ¿Qué decirles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué hablarles? ¿Cuántas veces? ¿Y si no preguntan?, etc., lo que conlleva a abandonar el diálogo y las consecuencias de repetir el bucle del silencio de generación tras generación, así como la necesidad de formarse y actualizar sus conocimientos; si es el caso y no sabes por dónde empezar, acercarse con profesionales -como pueden ser los psicólogos-, es dar un primer paso para afrontar el tema; porque no nos engañemos, estos “negocios” seguirán existiendo y creciendo durante muchos años, razón por la que la capacitación tanto de cuidadores como de nuestros niños, niñas y adolescentes en educación sexual, es una necesidad prioritaria. Tal vez el único recurso a nuestro alcance.

Contacto y Dudas

Correo: ednnamilviasegovia@gmail.com