Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Rafael Güero Juárez, DEP.- Ayer, el mero día de su cumpleaños Ladislao, el Chato, Juárez, invitó al Güero a acompañarlo en su ensamble en los sitios de Santa Lucía o de Orfeo o de Euterpe. Me imagino la que se armará y con la certeza, de que estarán mejor que aquí, no dejará uno de extrañarlos, de quererlos y de sentirlos. Rafael, el Güero, se ganó un nombre propio en el ámbito cultural y en el de la comunicación en este valle de lágrimas, que con su risa, su humor y bonhomía, disipaba. Condolencias a su familia y con la certeza de reencontrarnos, un abrazo.)

El niño de Guatemala el que se murió (políticamente) de amor.

Por regla general las bodas empiezan bien, con ilusiones, con esperanzas, con buenos augurios, con música y alegría. Quien más quien menos procura en ocasión de su boda, echar la casa por la ventana y gastar lo que se tiene y hasta lo que no se tiene con el ánimo de volver inolvidable un evento que, tarde o temprano la mayoría olvidarán. Hay excepciones y para quien lo dude, el presidente López Obrador se encargó de que empezara mal la boda de uno de sus esbirros más fieles, más aguerridos y más fieros, utilizado para intimidar, para disuadir, para castigar, para reprimir y otras durezas semejantes, a los adversarios de la “cuatrote” o de su líder.

Está bien que Santiago Nieto haya echado la casa por la ventana en los preparativos de un evento espléndido, en el magnífico marco de uno, dicen, de los más bellos y exclusivos hoteles del mundo, situado en “La Antigua” Guatemala, finalmente era su boda. ¿Quién iba a imaginar que apenas terminada la ceremonia echarían por la ventana de sus oficinas al novio y uno que otro de sus invitados, culpables de organizar y asistir a una boda que viola los principios de austeridad selectiva de AMLO? Digo selectiva, porque el presidente de MORENA, que no fue a la boda, se dio tiempo para asistir al Premio de México de la Fórmula Uno, en lugares en que el boleto vale la friolera de $40,000.00 un poco más de lo que costaría la última comida con la que se indigestó Lozoya.

Por lo que se sabe, la reacción de AMLO que regañó públicamente al novio por apartarse de los lineamientos que él ha fijado selectivamente, no fue por despecho, ya que sí fue invitado a la boda. No fue por sorpresa, porque al haberlo invitado seguramente tendría noticias de qué clase de lugar era el elegido para el festejo. Seguramente la celebración, nada impide suponerlo, contaba con el “placet” del Tlatoani, Santiago Nieto no se hubiera animado a disgustar al Presidente ni con el pétalo de una invitación, menos de una ceremonia suntuosa. Algo pues, salió mal. No es ocioso reflexionar sobre el caso, porque muestra de cuerpo entero, para mal, el ejercicio del poder en el jefe de la cuatrote.

Según se sabe la boda se organizó para 300 invitados, es de suponerse que no llegaron en sus correspondientes “Surus”. Nada impide pensar que muchos de los invitados llegaron en vuelos particulares, lear jets, helicópteros, por decir algo. Piensa mal y acertarás, dice el refrán. Pensemos mal, pues, ¡qué casualidad que sólo a un pequeño grupo de invitados les revisó la policía guatemalteca!, ¡qué casualidad que uno de los integrantes del grupúsculo fuera el licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, uno de los villanos favoritos de la cuatrote! dueño de uno de los más deleznables, mentirosos y vendidos medios de comunicación del país: El Universal, que junto con el Reforma, se han convertido en la pluma de vomitar del Tlatoani.

Se sabe que Ealy Ortiz acreditó que declaró al salir de México, que llevaba esa gran suma de dinero, gran suma para cualquiera que no se codeé con gente como Ealy, se acreditó de que, aclaradas paradas, la policía de Guatemala no halló “caso” que perseguir, pero ¡el mal ya estaba hecho!

Lo dijo, el eco (¿o se dirá “eca”?) de AMLO, la regente de la ciudad de México, la directora de turismo de CDMX, forzada a renunciar, “cometió el error de subirse a un avión privado”. ¿De verdad llega a esos extremos el desquiciamiento de los “cuatroteros”? Apuesto doble contra sencillo, que en estos tres años, muchos funcionarios han utilizado transportes privados. El punto, en mi opinión no fue el vuelo, sino la compañía. ¡No! No se malinterprete, no la compañía que arrendó el avión, sino la compañía con la que iba la secretaria de Turismo: Juan Francisco Ealy Ortiz, némesis del presidente. Y ya encaminados en pensar mal, el error de Santiago Nieto, no fue casarse (ese es un error generalizado), sino los invitados, o algunos de los invitados, o un invitado en particular. ¡Adivinaron amables lectores! El invitado al que le puso el dedo el embajador de México en Guatemala.

El sacrificar a uno de sus alfiles, es, como dice Gary Kasparov en su libro “De como la vida imita al ajedrez”, es una medida desesperada y no pocas veces, una medida extrema para salvar una partida. ¿Ustedes creen amables lectores que Nieto hubiera desacatado la recomendación presidencial de hacer una ceremonia austera? No, desde luego. AMLO, sin duda lo supo y lo dejó correr, para dar luego el zarpazo. “Mi fuerte no es la venganza”, quizás no sea su fuerte, pero sí es una de sus constantes. A casi cuatro años de que empezó a mandar, el desgaste se anticipó, el destape desangelado de su sucetriz es muestra, opinan politólogos, de que en el rebaño hay ovejas que se están saliendo de control.

Un acto autoritario como forzar la salida de personas de su grupo con el pretexto de no querer austericidarse, lejos de ser una muestra de fuerza parece anticipar la desbandada.

(Para los bronces.- Tweet de Félix Salgado Macedonio:La que me tumbó, se lo llevó entre las patas. ¡Feliz Luna de Miel y que viva el amor! Cayó un apóstol y entró otro. ¡Dios es grande!)

 

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