Josemaría León Lara Díaz Torre

Los escándalos políticos en los Estados Unidos, han dado pie a grandes transformaciones en el mundo de la política y particularmente en el ejercicio del poder. Un claro ejemplo es el denominado caso Watergate, donde el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos Richard Nixon estuvo involucrado; situación que provocó su renuncia a la presidencia del país más poderoso del mundo.

Previo a su renuncia, el todavía comandante en jefe del Ejército más letal del mundo, tuvo a bien dar la cara ante los medios de comunicación, precisamente ante los directores de los principales diarios de circulación nacional de la época, a través de una rueda de prensa donde dio respuesta a todos los cuestionamientos derivados del escándalo de espionaje político en contra del Partido Demócrata.

Otro caso más reciente y digno de recordar fue el escándalo sexual que involucraba a una pasante de la Casa Blanca de nombre Mónica Lewinsky y el entonces presidente William Clinton. En esta ocasión también el presidente decidió salir ante el reflector de los medios a dar una explicación y narrar su versión de los hechos. En ambos casos, a pesar de ser “el hombre líder del mundo libre” ambos debieron salir a la luz pública y afrontar los problemas en que se involucraron y que provocaran que sus presidencias tambalearan.

Lamentable es que del lado sur del Río Bravo, la historia es completamente opuesta. Aquí nunca se da la cara, siempre se sale por la tangente o peor aún se trata de justificar el problema a través de un tercero (llámese vocero o jefe de comunicación social), aunque en la mayoría de las veces y aprovechando la poca memoria histórica además de la ignorancia del pueblo, la contestación del gobierno se da a través del documento “más verídico” que podremos encontrar: un comunicado de prensa de carácter oficial.

Yo no me imagino al presidente Peña Nieto dando una rueda de prensa abierta y sin preguntas preestablecidas para dar su versión de los hechos respecto a los conflictos de interés en que su persona, su familia y sus allegados tuvieron con el contratista del Estado de México llamado Grupo Higa. Tampoco imagino una respuesta clara y de frente sobre la misteriosa cancelación de la licitación para la construcción del tren rápido México-Querétaro.

En México el uso de la lengua es influenciado meramente por los medios, y es que aquí ya no los llamamos escándalos políticos, si no conflictos de interés. Es por eso que nuestro Señor Presidente de la República Licenciado Don Enrique Peña Nieto, tuvo a bien nombrar a Virgilio Andrade Martínez como el nuevo titular de la Secretaría de la Función Pública con el fin de “prevenir y evitar los conflictos de interés” además de reforzar los proceso de control, de fiscalización y de auditoría del H. Gobierno de la República.

La designación no resulta misteriosa de ninguna manera, puesto que no se visualiza novedad alguna donde el gobierno nos quiera ver una vez más la cara y “fingir” por medio de la maquinaria estatal el establecimiento de un órgano de fiscalización y auditoría para evitar la corrupción y ser un gobierno éticamente correcto. Triste es la realidad, donde una Secretaría dependiente de la Administración Pública Federal sea quien vaya a vigilarse a sí mismo.

La separación de poderes para algo existe y eso es un contrapeso para evitar el abuso de competencias y establecer un orden en las funciones de cada uno de ellos. Correcto sería que la fiscalización de la Presidencia estuviese en manos del Congreso de la Unión, ejemplo viable y posiblemente efectivo, lástima que antes deben de presentarse algunas reformas de ley.

Espero que dejemos de tener esa opacidad como ciudadanos de cara a nuestros gobernantes, porque hasta que el día que no alcemos la voz, el Supremo Poder Ejecutivo seguirá siendo llamado el Presidencialismo Mexicano.

@ChemaLeonLara

jleonlaradiaztorre@gmail.com

 

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