
No ha sido ninguna broma el hecho de que la inteligencia artificial (IA) está ocupando puestos laborales que antes le correspondía al ser humano, sobre todo aquellos que tienen un sueldo competitivo y/o requieren de una mayor agilidad verbal para generar resultados.
Es el caso del telemarketing que —antes de la llegada de la IA tal y como la conocemos— ya representaba una molestia con la gente por su nivel de insistencia, principalmente por no entender un “no” como respuesta y el esfuerzo que hacen los telefonistas para llevar el sustento a casa.
Pero ahora que la IA ha entrado a la “cancha de juego”… ¿Qué tan efectiva es?
Plataformas como ChatGPT, Claude y Gemini han demostrado que se puede generar una gran cantidad de ideas en cuestión de segundos, si lo comparamos con el humano. Y si el telemarketing requiere de una destreza especial, en teoría habrían más ventas.
Hace unos días yo recibí una llamada —una de tantas— de un banco que no diré su nombre. En primer lugar, era una voz que ya había escuchado antes, y antes de que terminara de presentarse conmigo, le dije amablemente que ya sabía quiénes eran, así que me dijo “entiendo, entonces comenzamos con la autorización de su tarjeta de crédito”… ni yo le dije que estaba interesado en su plata y anteriormente nunca me dijo que me estaba ofreciendo, ni el nombre del banco le permití que mencionara.
“Entiendo… entiendo… entiendo…” (voz humana simulada por un robot)
A lo que voy es que la inteligencia artificial está en constante evolución, y hasta el momento no ha logrado conquistar nuestro libre albedrío. Y aclaro que no es algo que yo desee, su magnificencia ha intentado convencernos de que puede hacer todo, pero en lo personal creo que hay cosas que no debería controlar.
Si al final la IA va a tener el mismo destino que el de un ser humano en cuestión laboral… ¿Cuál es la ventaja? Aquí ya no hablamos de inmediatez, sino de libre elección, porque la rapidez no elimina la posibilidad de un rechazo. Si fuera un tema económico, de integridad o de condiciones de trabajo el que una persona sea reemplazada por una entidad digital, ya sería el reflejo de los valores de la empresa en turno.
Se puede entender como resistencia al cambio, pero en realidad este es un asunto de transparencia, el humano se puede impulsar con la IA, inevitablemente puede verse reemplazado por la misma, pero si no hay algo que marque la diferencia, si ambos no entienden un “no”, entonces el cuento se cuenta solo.
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