Por Maria del Consuelo Medina de la Torre

Sin duda, hay personas que dejan huellas imborrables a pesar del tiempo y la distancia. Uno de ellos es el padre Juan Navarrete, quien trabajó intensamente para el beneficio de los trabajadores de Aguascalientes en momentos difíciles, como fueron los tiempos prerrevolucionarios y la plena Revolución, cuando las leyes laborales eran impensables en México, y sobre todo durante la guerra cristera.
Juan Navarrete egresó del Colegio Pío Latino Americano y de la Universidad Gregoriana en Roma. Su trabajo apostólico comenzó en Aguascalientes cuando el obispo en turno, Monseñor José María de Jesús Portugal y Serratos, le dio la ocupación de Vicario Cooperador en el municipio de Jesús María. En septiembre del mismo año, en la parroquia de San José en la ciudad de Aguascalientes, hizo gala de su elocuencia enunciando su primer sermón en el novenario dedicado a San Vicente de Paul.
El padre Juan Navarrete nació en la ciudad de Oaxaca el 12 de agosto de 1886, hijo de Demetrio Martínez de Navarrete y Julia Guerrero. Entre sus hermanos figuran destacados religiosos: Francisco, sacerdote, y Julia (en proceso de beatificación), fundadora de la Congregación «Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María» en Aguascalientes.
Posteriormente, el padre Navarrete ocupó el cargo de capellán en la iglesia de San Juan Nepomuceno en la ciudad de Aguascalientes. Compaginó sus labores sacerdotales con la docencia en el Seminario local, impartiendo clases de Griego, Latín y Castellano. Asimismo, también colaboró enseñando religión en la Escuela Libre de Aguascalientes, institución educativa impulsada por el Lic. Carlos Salas López y el Maestro Eugenio Alcalá, entre otros benefactores, para dar instrucción a los más necesitados.
También se ocupó de la Acción Social Católica, estableciendo colegios para niños y fungiendo como director espiritual de un colegio para niñas y de un orfanatorio. La labor del padre Navarrete en Aguascalientes fue muy activa y provechosa. La Asociación de Trabajadores Guadalupanos y el Sindicato de la Aguja fueron dos asociaciones obreras que beneficiaron a los trabajadores aguascalentenses.
Con el lema «Moralidad y Unión», Juan Navarrete creó la Agrupación Mutualista de Obreros. Esta «sociedad de obreros formada por artesanos, agricultores, industriales, jornaleros, comerciantes y dependientes; pudiendo pertenecer a ella personajes que no tengan ese carácter, como honorarios», buscaba la «felicidad de la clase obrera». Los medios propuestos para cumplir sus objetivos serían «procurar la moralización y el bienestar económico de los socios por medio de la concurrencia al centro de reunión, del ahorro y del auxilio mutuo» y, desde luego, «extender la acción social cristiana en todas las formas adecuadas a las circunstancias y al efecto se establecerán secciones especiales de cultura, de diversiones, de propaganda, etc.», regidas por sus propios reglamentos. También quedó establecido que «la sociedad estará siempre sujeta a la autoridad Eclesiástica».
Entre los requisitos para pertenecer a la asociación era profesar la religión católica, apostólica y romana, ser mayor de 15 años, no adolecer de enfermedad contagiosa y ejercer una profesión honesta. Con sus respectivas obligaciones, derechos, tarifas, dineros y demás estatutos reglamentarios, el padre Juan Navarrete hace constar que el Obispo de Aguascalientes, José M. de Jesús Portugal, aprobó el reglamento en su tiempo y que el también obispo Ignacio Valdespino y Díaz ratificó las reformas hechas a la Asociación el 16 de diciembre de 1918.
Portugal y Serratos murió en noviembre de 1912 y el nuevo obispo, Ignacio Valdespino, lo dispensó de sus anteriores actividades y le encomendó el cargo de Inspector de las Escuelas Católicas de la ciudad y fungir como maestro de ceremonias de la catedral.
Los tiempos revolucionarios se tornaron difíciles para los católicos después de la caída del gobierno de Victoriano Huerta, ya que el movimiento constitucionalista que impuso su ley se declaró anticlerical y desató persecución en contra de los sacerdotes y obispos católicos, teniendo como pretexto el supuesto apoyo del Arzobispado mexicano hacia la causa huertista. El obispo de Aguascalientes no fue la excepción, por lo que se tuvo que desterrar y nombró a Juan Navarrete Vicario General Sustituto. Muy pronto, los revolucionarios pusieron precio a la cabeza del recién nombrado Vicario (pidiendo mil pesos) y también tuvo que huir. En 1914 sale de Aguascalientes con rumbo a Estados Unidos, en 1915 realiza un viaje a Roma acompañando a Monseñor Kelly, donde tiene la oportunidad de conocer al Papa Benedicto XV, en 1916 realiza labores de magisterio en el Seminario de Castroville Texas y regresa a Aguascalientes a principios de 1917, llamado por el también recién llegado obispo Ignacio Valdespino.
De regreso a Aguascalientes, el padre Navarrete fue recibido con mucho entusiasmo y retomó con gran gusto sus antiguas actividades: Reasumió la capellanía de San Juan Nepomuceno, estuvo al frente de un colegio para niños, puso en movimiento la Sociedad de Obreras Católicas, reorganizó la mutualista de Obreros, continuó impartiendo las cátedras de Sagrada Escritura, Derecho Canónico, Elocuencia e Historia Eucarística en el seminario local. Además, fue nombrado consultor diocesano, creó una casa para niños sin hogar en el barrio de los caleros. También impulsó las Ligas de Temperancia para alejar del alcoholismo tanto a obreros como a quien se decidiera a dejar este vicio. De igual manera, por su iniciativa, se creó la Liga de Familias Cristianas para mantener la unidad familiar.
Es de resaltar el incansable trabajo que realiza el padre Navarrete en la creación de la Asociación Católica Juvenil Mexicana de gran actividad. No menos importante fue la creación de la Sociedad de Auxiliares Parroquiales. Toda esta obra se quedó en Aguascalientes, dándole continuidad otras personas, ya que Juan Navarrete fue nombrado obispo de Sonora el 13 de enero de 1919, a los 32 años de edad, siendo el obispo más joven del mundo. Su incansable labor apostólica siguió en Sonora, donde continuó con su gran labor a pesar de seguir padeciendo persecución y destierros. Ya nombrado Arzobispo de Hermosillo, murió el 21 de febrero de 1982. Actualmente, está en espera de su canonización.