María del Consuelo Medina de la Torre

Recientemente se ha retomado el particular interés por indagar sobre la presencia africana también llamada tercera raíz o raíz negra dentro de la población mexicana. El estudio pionero “La población negra en México” (1946) del antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, ha sido inspirador de estudios posteriores.

La migración de la población del continente negro en la entonces Nueva España fue forzada, enmarcada en un periodo histórico donde la trata de esclavos negros era permitida y bien vista por la sociedad de la época. Los esclavos africanos fueron traídos con la finalidad de acrecentar la mano de obra en las actividades económicas del nuevo mundo, en la agricultura, minas, estancias ganaderas, en la construcción o en trabajos domésticos.

La presencia de los africanos en Aguascalientes, no fue numerosa, pero los documentos de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX que se resguardan en los Archivos Parroquiales de la Diócesis en las partidas de bautismos, matrimonios, informaciones matrimoniales y entierros, así como en el Archivo Histórico del Estado (AHEA) en sus fondos Protocolos Notariales hacen saber que  en la villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguascalientes fundada en 1575, además de españoles, indios de diversas procedencias, también habitaron negros africanos y su variedad de mestizaje: mulatos, “mulatos blancos”, cochos, moriscos, amembrillados, lobos, coyotes y pardos.

La ruta de la plata y el camino real de tierra adentro fueron de suma importancia para que la villa de Aguascalientes se convirtiera en un importante punto de encuentro para las rutas hacia el norte, sur, oriente y occidente, debido a la actividad económica generada por las minas del norte en la que coadyuvaron los esclavos negros.

La razón principal para introducir esclavos africanos fue la carencia de mano en la villa de Aguascalientes y sus alrededores, el esclavo introducido, quedó arraigado no nada más en su trabajo, sino también en la sociedad y en la etnia.

La compraventa fue la forma más concurrida para adquirir esclavos, en la villa de Aguascalientes se tienen registros de este comercio en el Fondo de Protocolos Notariales del AHEA. Senegal, Biafra, Congo, Angola, Terranova, Guinea eran los lugares de mayor procedencia de dichos esclavos.

Los documentos del AHEA nos ilustran los pormenores de las ventas como este caso de Miguel de Villalobos, residente en la villa de Aguascalientes que vende a Fernando de Maldonado, vecino de esta villa “un esclavo de nombre Juan Domingo de Loera, mulato de 11 años, sujeto a servidumbre en precio de 187 pesos de oro común… por disposición testamentaria de su difunto padre Miguel de Villalobos para pagar su entierro…”.

Algunas características de los esclavos vendidos eran sacadas a relucir como “casado con libre”, “ojos grandes, pelo liso “alto de estatura, pelo crespo”, etc. También se hace referencia de aptitudes como el esclavo que vende el cura Pedro Rincón de Ortega, vecino de la villa de Aguascalientes a Vicente Llanos, vecino y mercader de la Ciudad de México: “Cristóbal de León, negro de 26 años más o menos en precio de 450 pesos oro… sabe leer y escribir…”.

En ocasiones en el registro de la compraventa se incluía con la leyenda “herrado con S y Clavo”. Esta marca significaba la propiedad del amo con su esclavo, la cual se hacía con una planchuela de metal que formaba una cifra, letra o signo.

Debido a que se fueron adoptando nombres propios en castellano: “Ignacio Flores”, “Gertrudis de Aguilera”, “Juan de la Cruz”, “Juan Bautista”, María de la Asunción, etc. su identidad original se fue diluyendo.

Las partidas matrimoniales ilustran pormenores de las uniones entre esclavos: “Juan Chiquito, esclavo de Pedro de Huerta, natural de Terranova” que se casa con “Andrea, negra, esclava de Pedro de Huerta, natural del Congo o el caso de “Pedro López, esclavo de Gabriel López” que se casa con “Antonia, india chichimeca”.

Tanto las partidas bautismales como de entierros son un referente demográfico, porque detallan la cantidad de mulatos, negros, lobos, coyotes y moriscos, que habitaban la villa, algunos fueron bautizados como “hijos de la Iglesia” sin dar a conocer el nombre de sus progenitores.

Tener esclavos era un lujo, su precio caro era una inversión que se recuperaba al ponerlos a trabajar, lo anterior también era cuestión de status social. En 1683 José Rincón Gallardo poseía 144 esclavos entre niños, adultos y viejos en sus posesiones de Ciénega de Mata. Las ocupaciones se sustentaban sobre todo en la cría de ganado mayor y menor, servían como vaqueros o pastores.

Los padres jesuitas, establecidos en la hacienda de San José de Cieneguilla desde 1616, además de indios laboríos contaban con esclavos negros, quienes ocupaban un lugar específico dentro de la estructura laboral.

La libertad de esclavitud o manumisión dependía también de la relación dueño – esclavo y no fue tan común, ya que era poco probable que el amo se deshiciera de algo tan costoso a cambio de nada, a menos que fuera por donación, que por lo general se hacía a parientes muy cercanos o a los conventos.

Los esclavos también podían comprar su carta de libertad siempre y cuando tuvieran la cantidad necesaria para lograrlo, un ejemplo: Teresa Rincón Gallardo viuda del capitán Juan Altamirano de Castilla y mujer legítima del capitán Sebastián de Estomba, quien otorga su libertad a su esclava “… de los bienes de su difunto esposo, María de la Concepción, mulata blanca de 27 o 28 años… porque Leonor de San Pedro, mulata libre  que es hoy y que fue esclava del capitán Joseph Rincón Gallardo (a quien el difunto había comprado) tiene la cantidad de 450 pesos para dar a la otorgante para que le de su manumisión a la dicha María de la Concepción, ya que es su hija…”.

Tal vez se piense que la presencia de los esclavos africanos en Aguascalientes está registrada únicamente en los documentos de los archivos mencionados, ya que los rasgos físicos distintivos no se encuentran bien señalados en los rostros de la población actual de los aguascalentenses, pero es innegable que sí hay huellas que se pueden identificar, por ejemplo en los edificios más antiguos de la ciudad, como el templo de San Diego, el palacio de gobierno, algunos cascos de haciendas, el trazado de caminos, el puente de San Ignacio, entre otros, que seguramente se edificaron con manos de obra esclava africana o cualquiera de sus mezclas, ya que los personajes que mandaron construir dichas obras poseían mano de obra esclava.

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