Después de la pasada jornada electoral y las múltiples interpretaciones, opiniones y análisis de los resultados y sus implicaciones, hay una que me gustaría detenerme a desarrollar.
La pérdida de registro del Partido de la Revolución Democrática, para los más jóvenes y que vieron sus últimos años de vida, probablemente pensaran que tenía la misma trascendencia e historia como la mayoría de partidos satélites, un PT, PVEM o los ya desaparecidos Nueva Alianza o Encuentro Social, ¡pero no! El PRD tiene historia y un lugar en la democracia mexicana.
El PRD fue producto del Frente Democrático Nacional encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que después del fraude de 1988 y la efervescencia e inconformidad ciudadana, el ingeniero buscó la construcción de un partido político de izquierda que convergieran las distintas luchas y demandas ciudadanas.
Pero, además, el PRD tenía la herencia del Partido Comunista de México, que después fue el Partido Unificado Socialista de México, rubricando su registro para dar parte al PRD. El PRD fue importante constructor de las libertades democráticas (costándole más de 600 militantes asesinados en la década de los 90’s) y civiles, impulsor de instituciones como el Registro Federal de Electores, el IFE hoy INE y más organismos que salvaguardan derechos ciudadanos y políticos; precursor de encabezar demandas de las minorías.
Pero desde hace al menos 10 años el PRD fue secuestrado y está muy alejado de aquello que le dio origen; pues sus bases militantes se redujeron a grupos clientelares y la exigencia de «democracia y patria para todos» se diluyó en la inercia retórica del pacto por puestos.
Por eso en este espacio traeré sintéticamente la historia del PST, cuna y origen de quienes secuestraron al PRD, “Los Chuchos” y sus similares en los estados. Dijo Cicerón que “quien olvida su historia está condenado a repetirla» y Sigmund Freud apuntó que “infancia es destino”, tal vez esas ideas nos ayuden a entender la actual situación del PRD.
A principios de los años 70’s se comenzó a conformar un partido de corte socialista, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), su principal impulsor, Rafael Aguilar Talamantes tenía su origen en la Juventud Comunista y en la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED). Tal vez por eso su principal línea de cuadros fue reclutar líderes estudiantiles y campesinos del país. Lo que parecía comenzar como un genuino proyecto de izquierda se fue transformando en un monstruito lleno de fealdades políticas: la demanda por la tierra y vivienda mutaron de lucha a negocio concesionado a caciques, la constante oposición de la izquierda al sistema priísta la utilizaron para cotizarse con el poder en turno y la histórica división de la misma izquierda fue usada como arma de boicot y saboteo; esas y otras “monerías” eran su modus vivendi. El PST se transformó en la coyuntura de 1987-88 en Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y finalmente en 1996 en Partido Cardenista (PC) hasta que en 1997 perdió su registro legal con más pena que gloria.
Lo mismo servía para legitimar decisiones del PRI, que dividir campañas, golpear y difamar políticamente candidatos o avalar decisiones para ser parte de los “jugosos beneficios del poder”; con la peculiaridad de que trataba de “justificar” su conducta política con argumentos teóricos y no escondía sus diferencias, acuerdos y alianzas, sino que las proclamaba, generando polémica y escándalo en la esencia de la izquierda y enojo en los serviles de closet. En palabras de Humberto Musacchio: “El giro mercantil del PST era la venta de protección al PRI, la que cobraba en efectivo y con las curules que le arrojaba el Presidente en turno. La mercancía que ofrecía el PST era presentarse como partido de izquierda para quitarle votos a los demás partidos de izquierda”. Se decía que Talamantes era un profesional del pragmatismo y que ganar no era el objetivo, sino negociar y sacar ventaja; “hacer de toda derrota, una victoria”.
Aun con todas esas “bondades” que los cínicos de la política le pudieron encontrar, llegó a tal el desgaste de su liderazgo y de la organización que padroteaba, que se fue desinflando. Las huestes que lo seguían, se achicaron y transfugaron principalmente hacia el naciente proyecto del PMS y luego al PRD. Comenzaron a despachar como administradores, tesoreros, secretarios de asuntos menores, “llenadores” de eventos y siempre que se podía, interlocutores-negociadores con la burocracia política; el objetivo cíclico era aparecer en los primeros lugares de las plurinominales; llegaron autoproclamándose “profesionales” de la política, los “operadores” qué paulatina, pero consistentemente avanzaron como el moho, ocupando todo espacio libre.
¿Quiénes eran el primer círculo de aquel polémico, hoy despreciado y olvidado Talamantes en aquella época y que se refugiaron a la sombra primero de Herberto Castillo y luego de Cárdenas? Graco Ramírez hoy Gobernador, otros eran Jesús Ortega y Jesús Zambrano, además de otros que hoy son dirigentes del PRD en los estados y el CDMX y le dieron el tiro de gracia, al que estaba llamado a ser el principal partido de izquierda en México.
Tal vez ahí está el origen de lo que en esta elección ocurrió en el PRD: los inicios y formación política de quienes lo controlaron en sus últimos años, fue cooptado y operado por la directa influencia de Aguilar Talamantes, ese profesional y maestro del pragmatismo y el servilismo, aprendieron sus “buenos oficios”; ellos a su vez crearon escuela y consolidaron una generación experta del oportunismo y pragmatismo.
Pareciera que el PST en pleno siglo XXI reencarnó en el PRD, un PST-Bis, réplica exactamente igual al modelo, y que en este 2024 cumplió su destino de extinguirse, por lo que obliga recordar aquella frase de Carlos Marx respecto a los acontecimientos históricos que parece se repiten «la primera vez como tragedia y la segunda como farsa» pero aún con todo ello el talamantismo incrustado, buscará convertirla y «venderla» como «victoria» y verá la forma de ganar perdiendo, aunque los chuchos se repartan las migajas y las sobras para seguir despachando en oficinas oscuras y olvidadas.